Cuarto y mitad

Sexo asignado al nacer

Hay expresiones que se popularizan y sin saber cómo en poco tiempo las encuentras en todas partes. Una de ellas es esta frase tan socorrida que utilizan activistas, informes técnicos, instituciones, memorándums e incluso se pretende incluir en leyes. Como las palabras no son inocentes, y cuando se eligen siempre tienen intencionalidad, podríamos preguntarnos ¿por qué se ha extendido esta fórmula como si el sexo se atribuyera a voleo?

Cuando no había pruebas diagnósticas para saber el sexo del feto había que esperar al nacimiento para saber si la criatura era niño o niña. Pero desde que existen las ecografías, la amniocentesis y otros análisis clínicos las embarazadas saben el sexo del bebé mucho antes de que nazca. No se asigna al nacer.  Precisamente con el conocimiento del sexo ya empieza a trabajar el factor género: qué color elegir para la habitación, la ropa, los juguetes, el nombre; familiares y amistades empiezan a proyectar expectativas sobre el no nacido. La sociedad atribuye género a esa persona recién nacida. Pero, salvo alguna alteración en el desarrollo fetal, el bebé ya viene dotado de un sexo definido.

De acuerdo que puede haber una cierta ambigüedad genital, pero tiene una prevalencia escasa, por más que ahora se intente maximizar, como si hubiera millones de personas intersexuales. Hay menor prevalencia de intersexualidad que de cualquier otra alteración fetal (sin que alteración tenga ninguna connotación negativa). Hay dos sexos, y no los cinco que Anne Fausto-Sterling anunció de manera irónica, tal y como ella misma ha reconocido (véase aquí, minuto 69). También hay personas que nacen con seis dedos en las manos o los pies y eso no obsta para evidenciar que los seres humanos tenemos extremidades con cinco dedos. La prevalencia de la intersexualidad según la ONU es de 1  cada 1.500 o cada 2.000 nacimientos, aunque actualmente haya quien intenta considerar que puede alcanzar, siendo muy generosos, hasta el 1,7% de la población si se suma todo tipo de desarrollo sexual no dimorfo.

En cualquier caso el sexo no se asigna al nacer. El sexo se tiene. Repetir la consigna de que el sexo se asigna al nacer sirve para extender y legitimar la idea de que el sexo biológico no existe, y que es una pura imposición médica, algo totalmente arbitrario, ajeno a la realidad. Casi como una coerción.

Cada uno es libre de creer lo que quiera –incluso que la tierra es plana -, pero la evidencia científica nos dice que el ser humano es una especie sexuada, como otras especies animales, y que no hay una pluralidad de sexos ni un continuum entre macho y hembra, como algunos quieren hacer ver. Otra cosa es que sobre esos cuerpos sexuados se impongan los mandatos de género, esto es, los comportamientos, actitudes y roles construidos socialmente y a los que nos tenemos que adaptar, por fuerza o con agrado, para vivir en sociedad. Por eso muchas feministas apostamos por la abolición del género, no del sexo, que por otra parte no debería tener mayor relevancia para el desarrollo personal.

Aviso para navegantes: si alguien ve coincidencias con Vox o Hazte Oír ha de saber que también coincido en que la tierra gira alrededor del sol, que cuando llueve las calles se mojan y que dos por dos son cuatro.