Pedro Casariego Córdoba

DE AQUÍ PARA ALLÁ//MARTÍN CASARIEGO

El primer single del nuevo disco de Bunbury toma como título la frase que acompaña la fotografía de mi hermano Pedro Casariego Córdoba (1955-1993) cuando se abre su página web: Soy el hombre delgado que no flaqueará jamás.

Poeta muerto, poesía viva

Quince años después de su muerte, su poesía sigue viva (en 2003 Seix-Barral publicó Poemas encadenados. 1977-1987, prácticamente su obra poética completa; en estos días Tansonville reeditará uno de sus libros principales, Maquillaje. Letanía de pómulos y pánicos). Aunque jugaba con la idea de hacerlo, y pusiera en duda su autoría, Pedro no copiaba, creaba. Y, de hecho, en lugar de copiar sin citar, hacía lo contrario, atribuyendo versos suyos a escritores imaginarios. Por ejemplo, en una entrevista en Sur Exprés, realizada por escrito, por lo que Pedro la consideraba parte de su obra literaria, decía: “Voy a recitarles un verso del injustamente olvidado poeta finlandés Lasse Vainio.”. El verso del inventado Vainio era de Pedro, del poema Barnízate: “Van Gogh quiere pintarte los labios antes de morir”.

Juntar palabras

“Nuestras palabras / nos impiden hablar. / Parecía imposible. / Nuestras propias palabras”. Así se abre La risa de Dios (1978), otro de sus libros. Evidentemente, Pe Cas Cor no ha sido el primero –ni el último- en abordar el problema de la incomunicación y el de la imposibilidad de atrapar con el lenguaje la complejidad del mundo, pero él encontró esa manera de expresarlo. Eso es lo que hacen los poetas: buscar el modo de juntar las palabras de una forma nueva, original, iluminadora.

Leer, citar, copiar

“Algo huele a podrido en Dinamarca” es una frase tan conocida que no es imprescindible citar a Shakespeare. Pero si se canta “Veo misterios en algunas mujeres y detectives en los hombres de hoy”, lo ético sería citar a quien en 1988 escribió “Veo misterios en algunas mujeres y detectives en algunos hombres”. Si no se hace, uno está pretendiendo hacer pasar por suyas esas palabras. Afortunadamente, es falso que todo el mundo lo haga. Por poner tres ejemplos, la escritora Nuria Amat, el fotógrafo Chema Madoz o el músico Fidel Moreno citaron a Pedro cuando usaron versos suyos. Bunbury no ha mostrado el lado honesto de un cantante. Para ello le habría bastado, sencillamente, con incluir en los créditos de su disco a nuestro hermano, hijo, padre, tío y tantas otras cosas, Pedro Casariego Córdoba. A sus familiares, que jamás hemos hablado de dinero ni de tribunales, sino de decencia, nos habría gustado, y él habría quedado como una persona que lee poesía, y no como alguien que la copia.