Punto de Fisión

La mochila de Pablo Casado

A veces me acuerdo de Pablo Casado en lugares y situaciones inverosímiles, algo que también le sucede a él mismo a menudo: que se acuerda de que es Pablo Casado en sitios donde le iría mucho mejor pasar desapercibido, pero no puede evitar abrir la boca. Por ejemplo, concluyó la semana pasada hablando de Antonio Machado y ha empezado esta otra disertando sobre el aborto. La última vez que me tropecé con el Cuñado Máximo del PP sin pretenderlo fue hace unos meses, en una exposición dedicada a los Madelman, aquellos muñecos articulados de mi niñez que hoy sólo son motivo de nostalgia. No fue únicamente por la semejanza física, sino porque a los Madelman les ocurre lo mismo que a Pablo Casado: que únicamente tienen algún valor si ningún niño ha jugado con ellos y permanecen inmóviles dentro de su caja.

En efecto, tengo la sospecha de que, aparte de por el motivo evidente, muchos delegados del PP votaron por Pablo Casado por la sencilla razón de que todavía estaba sin usar. Hasta sus títulos universitarios estaban recién salidos de la fábrica, impolutos, como los complementos de los Madelman. Sólo así se explica que, en una entrevista concedida a El Español, se ponga a aleccionar a las mujeres embarazadas sobre el hecho de que "llevan dentro una vida autónoma", una afirmación que hace pensar si también habrá cursado estudios de ginecólogo en Harvard. Hasta el más cerril de los antiabortistas de Vox habría podido advertirle que "autonomía" no es un buen concepto para aplicarlo a un embrión, un feto o un niño en gestación,  porque, hasta el momento del nacimiento, su vida depende en todo momento de la de su madre.

Como casi todos los Madelman, Pablo Casado viene con una mochila a cuestas y Álvaro Pérez, uno de los grandes conseguidores del PP en los tiempos de Aznar, le ha advertido que esa mochila lleva un montón de mierda dentro. Para ser más exactos, Francisco Camps, Juan Cotino y González Pons. Camps, "un buen tío" en generosa definición de Arcadi Espada, era tan "amiguito del alma" del Bigotes que le invitó a ir a Valencia a trabajar para el PP, donde era perfectamente consciente de cómo se financiaba el partido a través de las contrataciones de las consejerías. Por Juan Cotino pasaban todos los negocios confesables e inconfesables del Bigotes y González Pons se ofreció a echarle una mano en plena instrucción de la Gürtel en un asunto personal.

El Bigotes -que una vez despojado de sus bigotes pierde bastante el hombre- se pregunta también en el juicio cómo es que se está juzgando la financiación irregular del PP sin que en el banquillo se siente ningún representante del PP aparte de él mismo y otras cabezas de turco. Una pregunta retórica, claro está, no sólo por el peculiar funcionamiento de la justicia española sino por el hecho de que Correa, Costa y el Bigotes fueron abortados apenas se descubrió el pastel y ya se sabe que, para Pablo Casado y para el PP, los fetos, por poco desarrollados que estén, llevan una vida autónoma. "Los Madelman lo pueden todo" era la publicidad que venía en las cajas de esos entrañables juguetes de mi niñez. "Desde las profundidades submarinas hasta los espacios siderales" decía. Se les olvidó mencionar las cloacas.