Opinion · Punto de Fisión

América era una farola

Muchos han sido los comentarios hirientes e incluso despectivos sobre el paracaidista que chocó contra una farola durante el desfile del pasado 12 de octubre. Sin embargo, muy pocos han caído en la cuenta de que el incidente, que pudo ser mucho más serio de lo que fue, constituía una perfecta metáfora de lo que se estaba celebrando con tanto avión, tanta tanqueta y tanto helicóptero. Al fin y al cabo, Colón también topó con la isla Guanahani de pura chiripa, en el afortunado final de una travesía en que se encontró con una ráfaga deshilachada de América sólo porque América estaba en medio de su camino hacia las Indias.

Aunque García Márquez lo acusaba de tener «la pava», o sea de ser un gafe consumado, también es verdad que la pava fue casi toda ella para todos los pobres indios, empezando por la errónea costumbre de bautizarlos con un patronímico de otro continente y terminando con una vistosa joyería de cadenas. En los Diarios del almirante, en sus primeras anotaciones antropológicas, puede leerse sin el menor rubor: «No llevan armas ni las conocen. Al enseñarles una espada, la cogieron por la hoja y se cortaron al no saber lo que era. No tienen hierro (…) Serían unos criados magníficos (…) Con cincuenta hombres los subyugaríamos a todos y haríamos con ellos lo que quisiéramos». Exactamente esta apoteosis de la esclavitud es lo que se celebra en el Día de la Hispanidad.

Colón descubrió América de casualidad pero lo cierto es que algunos de los mayores descubrimientos históricos, artísticos y científicos también tuvieron lugar por accidente. Así, Fleming dio con la penicilina sólo porque al regresar de unas vacaciones se encontró en el microscopio una placa de Petri con un continente de bacterias recortado por el moho. Los inesperados efectos secundarios de la viagra aparecieron por puro azar, mientras los químicos de Pfizer ensayaban un fármaco contra la angina de pecho. A Vicente Blasco Ibañez una inocente errata le mejoró muchísimo una frase de una novela: «Aquella mañana doña Manuela se levantó con el coño fruncido».

Con la curiosa costumbre que tienen los militares por arrestar objetos inanimados -desde palas que se cayeron del camión a garitas donde se suicidó un recluta- raro sería que la farola no termine acusada de sedición, como si fuese parte del procés: otro obstáculo más contra la gloriosa unidad de la patria. A Pablo Casado, enfebrecido de fervor nacional, se le cruzaron los cables de la LOGSE y escribió un tuit en el que parecía estar celebrando el quinto centenario de la primera vuelta al mundo de la Virgen del Pilar en patinete. La errata se le fue de las manos tal vez porque su currículum universitario era todo él una errata. Había varias erratas más en el desfile, casi todas ellas de pie en los lugares de honor y en las primeras filas. La farola, en cambio, estaba en su sitio, aunque no lo pareciera.