Opinion · Punto de Fisión

Díaz y Díez en el país de los soviets

Que la derecha no descansa en busca del bien del país es algo de lo que no cabe duda, aunque sus desvelos no se notan hasta el momento de sentir que se les acaba el chollo. Entonces todo son mayúsculas, gritos de pánico y portadas apocalípticas, como si el fin del chollo llevase aparejado también el fin del mundo. En realidad, nunca se les acaba ni el mundo ni el chollo: lo que ocurre es que banqueros, multimillonarios y obispos pierden la cabeza mucho antes de perder el poder, una especie de timbre de alarma que llevan incorporado al código de barras.

De este modo, se entiende que durante seis meses acusaran a Sánchez e Iglesias de irresponsables por no ponerse de acuerdo y tener al país paralizado por culpa de sus titubeos, mientras que hoy los acusan de irresponsables por todo lo contrario: por haberse puesto de acuerdo enseguida y estar a punto de arrancarlo. Antes Sánchez e Iglesias eran egoístas y traidores sin el menor escrúpulo, un par de canallas que sacrificaban los intereses del país en aras de los propios, y ahora, a partir del abrazo, son dos egoístas y traidores sin el menor escrúpulo, una pareja de canallas que sacrifican los intereses del país en aras de los propios. Sánchez, que empezó chuleándose y demostrando su ambición desmedida haciendo oídos sordos a un pacto de gobierno, ha terminado chuleándose y demostrando su ambición desmedida formando un pacto de gobierno. Sí, como decía el viejo chiste del gitano y el guardia civil: tires por donde tires, ahí está el sargento Ramírez.

Se oyen desde hace meses, amplificados desde diversas publicaciones, radios y televisiones, los soniquetes de “comunistas”, “bolivarianos”, “terroristas” y “anticonstitucionalistas”; entras en un taxi, en un bar o en un hilo de twitter y parece que hubieras caído en un pueblo de Wisconsin en plena caza de brujas, un pueblo sintonizado las 24 horas en la emisora del senador McCarthy; e incluso, más allá de los savonarolas habituales y fedeguicos mañaneros, reaparece a todas horas la voz gangosa de Aznar, el superhéroe de la derecha, al que las fuerzas del orden reclaman en los momentos difíciles igual que a Batman con la sombra de un bigote estampada en un foco sobre los cielos nocturnos de Gotham.

La emergencia ha llegado hasta tal punto que Rosa Díez, alias Rosa de España, se ha escorado todavía más a la derecha, algo que parecía casi imposible desde aquel lejano viraje en que abandonó el psocialismo para hacerse un harakiri patriótico. Díez dice que, como en las urnas la operación ha salido mal, lo suyo sería que salieran a la calle bien “los millones de españoles de todas las ideologías que queremos defender el sistema del 78”, se supone que igual que en el célebre lienzo de Delacroix sólo que en lugar de con la Libertad, con ella misma al frente vestida con una bandera española y unas mechas tricolor.

Entre esos millones de españoles constitucionalistas se encuentra Díaz Ayuso, una mujer cuyos repentinos ataques de paranoia han pasado de ver espectros y fenómenos paranormales que le dejaban la cara de Bélmez, a ver derrocamientos y golpes de estado que le siguen dejando la misma cara de Bélmez. En cualquier momento el Marqués de Leguineche y su hijo Luis José podrían reemprender la fuga a Lourdes con todo el capital y las joyas escondidas en una escayola, como en los tiempos míticos del miedo al PSOE, si no fuese porque hace mucho que el capital y las joyas están a salvo en Suiza.