Opinion · Punto de Fisión

España existe hasta en Teruel

Ayer domingo por la mañana iba camino de la Biblioteca Nacional cuando vi un montón de gente ondeando banderas españolas desde la Cibeles a Colón. Primero pensé que a lo mejor habíamos ganado la Copa Davis, pero luego comprendí que era demasiada multitud para un trofeo de tenis. Luego recordé que el Madrid jugaba no sé qué copa contra el Atlético en Arabia Saudí y que quizá los forofos de uno y otro equipo ya iban tomando posiciones con vistas a la celebración, pero en seguida caí en la cuenta de que era muy poca muchedumbre para un trofeo de fútbol. No quedaba más que una posibilidad, porque entre el tenis y el fútbol se encuentra Vox, el nuevo deporte nacional cuyo emblema es un toro bravo incrustado en una bandera española, aunque también sirve un galgo ahorcado, una escopeta de caza o un loft sin licencia de habitabilidad.

Algunos manifestantes centrifugados, con su bandera colgada al cuello como Supermanes de pueblo, llegaron a meterse en la Biblioteca Nacional, quizá huyendo del frío, quizá deseosos de visitar la exposición dedicada a Galdós. No era fácil enterarse porque no había mucha información al respecto, pero allí podían haber descubierto que el mayor escritor de nuestro idioma después de Cervantes no obtuvo el Premio Nobel de Literatura gracias a un complot de reaccionarios y meapilas de la época. A pesar de que a Galdós lo apoyaban personalidades de la talla de Benavente, Pérez de Ayala o Ramón y Cajal, una turba de patrioteros cabreados envió miles de cartas a la Academia Sueca para que no se les ocurriera concederle el galardón a ese anticlerical de ideas peligrosamente avanzadas al que además los toros le parecían una fiesta de trogloditas.

Apropiarse de una gloria nacional cuando la gloria nacional ya no puede defenderse es un clásico de esa derecha rancia y cavernaria que ha hecho de la incultura su proclama, una proclama que décadas después un legionario tuerto y tullido alcanzaría a resumir en una fórmula que sigue vigente hasta hoy: Abajo la inteligencia, viva la muerte. Galdós tuvo mucha suerte de morirse por razones biológicas antes de correr la misma suerte que Machado en el exilio, Miguel Hernández en la cárcel o Lorca ante el pelotón de fusilamiento. Porque, por desgracia, para esta gente sólo existe una forma de amor a la patria que pasa por el insulto, la algarada, el vocerío y, en última instancia, la rebelión armada, un amor del que son propietarios exclusivos: de ahí las protestas y las banderitas ondeando ante la formación del nuevo gobierno.

El sábado por la noche un amigo me contó que su jefe se había enterado, pescando al azar una conversación en el trabajo, que no había votado a Vox, dejadez que le recriminó duramente porque, según él, Vox representa la única opción política que de verdad representa a los españoles. Mi amigo le replicó que le extrañaba entonces que no hubieran ganado las elecciones por mayoría absoluta, debía de ser porque los demás votos eran obra de extranjeros, comunistas, etarras, traidores y turolenses: exactamente el discurso de la derecha mediática desde hace dos semanas. A Teruel fue ayer domingo Ortega Smith y se encontró con que apenas le acompañaron un centenar de personas, la mayoría de las cuales se pensaba que lo de “España existe” era el título de una conferencia de metafísica. En otros lugares se cantaron canciones de José Manuel Soto e incluso el Cara al sol, más que nada por el frío que hacía y por el que va a hacer.