Punto de Fisión

Todo tiene que ver con Vietnam

El otro día mi amigo Rafael Pérez Castells iba caminando monte arriba, por los senderos que flanquean El Escorial, cuando se cruzó con un señor de cierta edad que descendía completamente desnudo, sin más artificios encima que unas gafas, un bastón y unas zapatillas. Cualquier otro habría pensado que se trataba de un nudista radical, un santón hippie o quizá un campeón de natación en busca de un embalse secreto, pero Rafa es un poeta con olfato de químico y un ojo privilegiado para captar los detalles, un orfebre del haiku, ese bonsai de 17 sílabas en cuya escritura el mundo se reduce a sus elementos esenciales. De manera que, al pasar a su lado, Rafa le saludó y le dijo: "Se te ha olvidado la mascarilla". Que era, efectivamente, el detalle esencial.

Más de tres meses de confinamiento después, el Covid-19 y sus inextricables protocolos se han convertido en el patrón oro, el nuevo decálogo con el que interpretar la realidad. Algunos han alcanzado la lucidez de Walter Sobchak, aquel personaje desaforado de El gran Lebowski encarnado por el gran John Goodman, quien vivía de acuerdo a una regla muy simple: todo tiene que ver con Vietnam. Por eso, si estaba jugando a los bolos, un rival pisaba por descuido la línea y se montaba una discusión acerca de si había que anular o no la tirada, Walter terminaba por sacar la pipa y apuntar al infractor al tiempo que soltaba la siguiente cantinela: "Mis amigos no murieron con la cara en el barro en Vietnam para que tú hagas trampas a los bolos". Y cuando el bueno del Nota le decía que no entendía por qué sacaba la guerra de Vietnam a cuento de una partida de bolos, Walter bramaba: "¡Todo tiene que ver con Vietnam!"

En ésas estamos, salvo que nuestro Vietnam es un bichito sumamente contagioso y terriblemente enigmático, un enemigo del que apenas sabemos casi nada, al que subestimamos completamente en los primeros asaltos y con el que la derecha ha renovado su arsenal de argumentos tras agotar sus dos primeros discos de grandes éxitos: ETA y Venezuela. Gracias esta peculiar forma de hacer oposición a la española, admirada en el mundo entero, y a la inagotable labor de periodistos únicos en su género, como Javier Negre o Ana Rosa Quintana, en España no dejan de proliferar expertos en epidemiología doctorados de la noche a la mañana, del mismo modo que antes pegabas una patada a un taxi y te salía un especialista en política interior venezolana.

Todo tiene que ver con el Covid-19, desde el chalet de Galapagar a los buzones de correos pintados con la bandera arcoiris, y por eso aquí no paran de brotar Walters armados de pistolas y dispuestos a liarse a tiros a la primera de cambio. Hasta tal punto que no sólo el jefe de la oposición le echa la culpa al presidente del desastre económico provocado por la pandemia, sino que hasta la portera mayor del reino, Belén Esteban, aprovecha su reaparición en carne y hueso en un programa de cotilleos para hacerle la competencia a Pablo Casado, más o menos con los mismos argumentos, las mismas entendederas y un nivel de estudios similar. Para el caso, los dos podrían haber ido en pelotas por el campo, aunque más que mascarilla, hubieran necesitado un bozal.