Opinion · Desenredando

Cómo darte cuenta en una hora de que el racismo sigue existiendo

El pasado miércoles 4 de septiembre tuve el honor de acudir, a la Sala Fénix de Barcelona, al estreno de la obra «Blackface y otras vergüenzas», protagonizada por la gran Silvia Albert Sopale, actriz, dramaturga y directora de la compañía de teatro No es país para negras. Para esta ocasión, Silvia Albert decidió hacer un Black Premiere, lo que quiere decir que el estreno de la obra estaba abierto únicamente para personas de la comunidad afro.

Silvia Albert interpretando a Tomasa.

El título de la obra hace alusión, como puedes deducir, al blackface y a festividades en las que se ridiculiza a personas negras, como la negra Tomasa de los carnavales de Santa Cruz de la Palma o los pajes de Alcoy; pero también hace referencia a celebraciones en las que a las personas afro se nos niega la posibilidad de autorrepresentarnos, como todavía pasa en demasiadas cabalgatas de los Reyes Magos donde se pinta al rey Baltasar y a los pajes que le acompañan. 

La crítica va más allá, porque el título habla, además del blackface, de otras vergüenzas. En este caso, Silvia Albert nos conecta con personajes del pasado que explican su propia historia; una historia de dolor, de sufrimiento, de deshumanización extrema relacionada con la exhibición de cuerpos negros que se hizo en Europa a través de zoológicos humanos. Sí, zoológicos humanos. No vayas a pensar que te hablo de algo muy lejano: en la Exposición Universal de Bruselas de 1958 hubo una «muestra en vivo de hombres, mujeres y niños negros en «condiciones autóctonas» para la educación y diversión de los europeos blancos». Fue el último zoológico humano del mundo y tuvo lugar hace tan solo sesenta y un años.

«Blackface y otras vergüenzas» da cuenta de cómo cambia la historia en función de quién la cuenta. Todo lo que se resalta y se pone en valor cambia automáticamente. En este caso tenemos la oportunidad de reinterpretar algunos episodios de la historia reciente de España y Europa relacionados con el colonialismo y la esclavización de personas africanas.

Si eres una persona blanca la obra te interpelará a unos niveles inimaginables. Te escocerá, te enfadarás, te avergonzarás. Te escocerá porque ver toda esta historia vergonzosa teatralizada no es lo mismo que leerla. Te enfadarás porque a nadie le gusta que le señalen lo que no hace bien. Es muy posible que, desde ese enfado, necesites alejarte y desmarcarte argumentado que eso del racismo «es cosa del pasado», o que tú no tienes nada que ver «porque yo no había nacido cuando pasó todo eso». Y te avergonzarás. Mucho. Porque te darás cuenta de todo el daño que hay detrás de la colonización, y que me impide pensar que la colonización supuso algo bueno para los territorios invadidos.

Me gustaría que, cuando transites todas estas emociones,  entiendas que el señalamiento que se hace es a la blanquitud como una posición social, política y económica, y no a ti en concreto; aunque, evidentemente, si eres una persona blanca, te beneficias de la blanquitud, ya que te otorga una serie de ventajas. En tu mano está decidir qué haces con esas ventajas y, por si no se te ocurre qué hacer, yo te doy algunas ideas:

  • Si estás en Barcelona, ve a ver la obra «Blackface y otras vergüenzas». Estará en la Sala Fènix hasta el próximo 22 de septiembre. Piensa que, asistiendo a la obra, estás apoyando a una mujer negra, también económicamente.
  • Comparte la información sobre la obra y corre la voz entre tu comunidad para que otras personas sepan de la obra.
  • Lee. Lee mucho sobre la historia de África, sobre racismo, sobre colonialismo. Así podrás combatir el peligro de la historia única, del que habla Chimamanda Ngozi Adichie En United Minds, librería especializada, vas a encontrar cantidad de libros escritos por personas africanas y afrodescendientes. Además, si compras, estarás apoyando un negocio local propiedad de personas afrodescendientes.

En cualquier caso, te recomiendo que veas esta obra, una obra tan necesaria como todas las obras de esta gran actriz; una obra que, sin lugar a dudas, debería ser de asistencia obligatoria. Yo solo pienso que ojalá se agoten las entradas en todas las funciones y haya que prorrogar.