Opinion · EconoNuestra

Podemos, ante el reto de gobernar con el PSOE

José Antonio Nieto
Profesor titular de Economía Aplicada en la UCM, miembro de econoNuestra, autor de la novela “Los crímenes de la secta. Una investigación sobre la casta”

Supongamos que el PSOE no está jugando con varias bajaras, como todos. Supongamos que su apuesta por un pacto de izquierdas no es un intento de arrinconar a la izquierda, por si acaso. Y supongamos que no hay adelanto electoral, o que lo hay pero el PSOE mantiene su apuesta más atrevida. En ese caso, si prospera el pacto PSOE-Podemos, la responsabilidad fundamental del éxito en las futuras tareas de gobierno no será del PSOE, sino de Podemos.

El PSOE ya ha gobernado y ha demostrado de lo que es capaz, para lo bueno y para lo malo. Muchas de sus políticas en periodos legislativos anteriores han contribuido al cambio y la modernización de España, pero otras muchas se han diluido en el humo del neoliberalismo más antisocial y han naufragado en el lodo de la corrupción. Ahora, el PSOE está dividido entre los que desearían mantener los privilegios personales e institucionales que creen merecer, y los que apuestan por una regeneración democrática y política, tal vez porque intuyen que esa es su única tabla de salvación.

En gobiernos anteriores, el PSOE ha gestionado con acuerdos y concesiones los problemas territoriales de España, sin la arrogancia antisistema del PP pero sin conseguir encauzar el Estado de las Autonomías hacia los planteamientos federales que defiende, al menos en teoría. El PSOE también ha promovido notables avances en materia social, pero con demasiada frecuencia ha dinamitado esos logros aplicando políticas económicas que han profundizado la desigualdad, la precariedad y el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población. Y el PSOE ha tenido sobradas ocasiones para abordar la reforma de algunas de las leyes fundamentales del ordenamiento jurídico español, aunque uno de sus mayores legados es la reforma del artículo 135 de la Constitución, además del recuerdo de cómo se hizo esa reforma, doblegándose al poder y a las amenazas del lado menos democrático de la Unión Europea.

Es difícil que el PSOE se comporte de una forma distinta si llega de nuevo al poder. Salvo que no le quede más remedio que gobernar bajo la vigilancia democrática de un socio de gobierno. De ahí la responsabilidad de Podemos. En ese caso, el dilema para Podemos puede acrecentarse: o se adapta a la estrategia del PSOE, o lucha por mantener su propio programa de cambio y de prioridad de las políticas sociales. Si Podemos sigue los pasos del PSOE, los electores constatarán rápidamente las pocas opciones de cambio real que le quedan a un gobierno de un país de la UE cuando opta por el pragmatismo más severo. Y si Podemos persevera en la línea programática que hasta ahora ha mostrado, se avecinan serios enfrentamientos con el PSOE y con los verdaderos núcleos del poder dentro y fuera de nuestro país.

Dentro de España, los ataques a Podemos seguirán, con mayor virulencia si cabe, desde los medios de difusión especializados en esa estrategia, hasta los poderes económicos que defienden intereses difíciles de compatibilizar con el deseo de mejorar la equidad y la sostenibilidad en nuestro país. En el mundo globalizado, el bombardeo a un gobierno PSOE-Podemos puede que sea formalmente más sutil, pero será sin duda más contundente, como suele ocurrir cuando los intereses financieros internacionales sospechan que algún pequeño obstáculo puede dificultar sus estrategias de acumulación global.

Por ello, es Podemos y no el PSOE quien está ante el reto histórico de gobernar y de hacerlo bien, para no defraudar a una parte importante de la sociedad española y para no quebrar la posible complicidad de más de un sector de la opinión pública europea e internacional. Podemos no puede renunciar a las políticas económicas y sociales que hasta ahora ha planteado; no puede relegar en ningún momento el combate contra la corrupción; y, entre otros objetivos, no puede olvidar la necesidad de luchar activamente por un mejor encaje de los pueblos de España en un nuevo marco constitucional. Aunque, por supuesto, nada será fácil, menos aún con la actual composición del Congreso y del Senado, y con la complejidad de intereses que están en juego.

Pero, para Podemos, renunciar a sus bases programáticas supondría mucho más que el posible abrazo del oso que le ofrece el PSOE al proponer un gobierno conjunto. Supondría empezar a cavar su propia tumba. Una tumba en la que muy probablemente se enterraría también la esperanza de muchos electores. Sería un triste epitafio para la ilusión de no pocos ciudadanos que, tras el 15-M, dejaron abierta la posibilidad de encontrar políticos que sí los representen.

Aunque tal vez haya que volver a las urnas antes de lo que sería deseable. Ese escenario abre perspectivas distintas y más difíciles de prever. Y sí, claro que si gobierna de nuevo el PSOE también se juega gran parte del prestigio electoral que aún tiene; pero eso tendrán que valorarlo en su Comité Federal los miembros con más poder. Tendrán que decidir cómo intentan gobernar y con quién. Si es que pueden. Porque al PSOE la responsabilidad le nace desde compromisos internos y externos que no son siempre fáciles de poner sobre la mesa.