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JÓVENES FASCISTAS, SU AGENDA POLÍTICA

Aida dos Santos
Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Investigación Social Aplicada y Análisis de Datos por el Centro de Investigaciones Sociológicas

 

En el Auditorio de Leyes de la Universidad de Guadalajara se pronunció por Salvador Allende el mejor discurso hasta ahora dirigido a la juventud. En el aniversario de su asesinato, cada once de septiembre, las redes sociales se inundan de carteles que resumen su mensaje aquel día: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.

Se hace un llamamiento así a la generación que cuestiona las actitudes de la generación anterior, en España son los más republicanos en contraposición a una Monarquía Parlamentaria, creen en un país federal frente a un país de autonomías.

Durante casi una década, desde que comenzó a organizarse esa Juventud sin Futuro que dio paso al movimiento del 15M y más tarde se organizó políticamente en torno a los círculos de Podemos, en la Ciencia Política y en la Sociología española se argumentaba la fractura del sistema de partidos que nos caracterizaba, a favor de organizaciones situadas a la izquierda del panorama electoral, pero no de la derecha, puesto que la preocupación por la desigualdad de la sociedad española y la posición ideológica lo hacía imposible. Esta cuestión es un resumen simplista de la opinión de la expresidenta del CIS, Belén Barreiro, que indaga con muchísima más profundidad en su libro “La sociedad que seremos”. Esas cuatro Españas de las que habla Barreiro en 2017 (digital, analógica, empobrecida y acomodada) rechazan la desigualdad y la solidaridad es transversal. El 2010, el CIS registraba que el 90% de los electores de extrema derecha votaba al Partido Popular.

En esta casi última década, hemos estado muy atentos a lo que ocurría a la izquierda y hemos hecho el ejercicio de política europea comparada correspondiente para analizar porque había extrema derecha en todas partes menos aquí. Y al levantar la vista de los libros les hemos visto de frente en nuestras calles, ya no parecen tan pocos y están empezando a introducir temas en la agenda pública.

La principal diferencia entre lo que se decía de la extrema derecha antes y lo que se dice ahora radica en que el partido conservador, el Partido Popular, no atrae a esos electores, tampoco lo hace Ciudadanos ni si quiera entre los fascistas jóvenes.

En 2015 Leonardo Bianchi ya nos alertaba de las cuentas fascistas en Instagram. Si hablamos de Instagram debemos ser conscientes que hablamos de jóvenes, concretamente este bloguero se refería a los jóvenes italianos que idolatran a Mussolini bajo es hashtag #duxmealux (El Duce es mi luz). Los millenials que abrazan el fascismo están al día en todos los países de la Unión Europea, y no solo se les puede encontrar en las redes sociales, no debemos olvidar que los clubs ultras de los equipos de futbol son, en muchas ocasiones, “su entidad base”. Os recomiendo ver las imágenes que comparte el italiano sobre su investigación en Vice, Una guía para entender a los jóvenes fascistas en Instagram”, no tiene desperdicio ninguno ver los bates de béisbol con iconos fascistas y antisemitas sobre una colcha de ositos.

En España, concretamente en Madrid tenemos al icono joven de la xenofobia, Melissa Domínguez, líder de Hogar Social, un colectivo okupa de ultra derecha, que se distancia de VOX porque el partido de Santiago Abascal no es un partido que “apoye a los trabajadores”. Esta organización ha reclutado a parte de su militancia entre los cabezas rapadas de la Universidad, y también comparten espacio con los grupos violentos de los equipos de futbol de la capital. Centran su actividad en barrios como Carabanchel, Tetuán o Vallecas, reclamando más atención y derechos hacia la clase trabajadora española y blanca, que, a su parecer, ha quedado desprotegida ante la inmigración. Un discurso mucho más cerca al nacionalsocialismo hitleriano que al falangismo patrio.

Para salir del centralismo podemos observar al Valencia Club de Fútbol y a su grupo ultra, los Yomus, que hacen de la violencia su modo de disfrutar el deporte rey. Con este grupo como ejemplo, y si se atiende a su historia, la violencia en el fútbol se define como apolítica, pero si rascamos un poco vemos que es claramente xenófoba, machista y homófoba.

Sobre las agresiones contra el colectivo LGTBI, el Observatorio puesto en marcha en Madrid gracias a la iniciativa de Arcópoli demuestra que el perfil del agresor también es joven: varón heterosexual menor de 30 años que actúa de noche.

En estos grupos de extrema derecha y fascistas el machismo también es transversal, reclutan a hombres con un discurso frente “la ideología de género y las feminazis” y poco les importa que no se haya comprobado la falsedad de ninguna denuncia por violencia de género el 2017.

Ese colectivo de hombres, hombres blancos en su mayoría que empapelan las ciudades pidiendo la derogación de la Ley Integral Contra la Violencia de Género, tienen demasiadas conexiones con los Incels, esos hombres que reclaman la atención (atención sexual, por supuesto) de las mujeres como un derecho, es un grupo organizado que el panorama internacional reconoce como grupo terrorista, actúan tanto organizados como en atropellos indiscriminados, como el causó la muerte de 10 personas en Toronto.

El feminismo, es uno de los principales objetivos de la extrema derecha, y no nos quedemos en el error, el sujeto político del feminismo son las mujeres, y son ellas, somos nosotras, la diana del recorte de libertades que promueve estos grupos políticos, participen o no en la escena partidista. Encontramos demasiados hombres resentidos con su vida sexual entre las filas fascistas, y reclaman el retorno a un pasado tradicional que anhela el sometimiento de la mujer. No debemos olvidar el móvil de Elliot Rodger para asesinar a siete personas en California: llevo dos años en la universidad y sigo virgen, “soy el tipo perfecto y aun así os arrojáis a estos hombres odiosos en lugar de a mí, el caballero supremo”.

Los grupos misóginos también están en España, coinciden en Forocoches para defender a los cinco condenados de abuso sexual (recurrido el auto en pro de una calificación de violacia una joven durante la noche de San Fermín de 2015. Es transversal en la extrema derecha justificar las agresiones machistas y la violencia de género… siempre que tienen ocasión abusarán de una mujer, y los hemos comprobado con las imágenes del falangista agrediendo sexualmente a una activista de Femen (supuestamente, claro).

Por último, la xenofobia, cada grupo de extrema derecha tiene su propio concepto de “el de fuera” pero todos dicen defender la “esencia nacional”, las personas migrantes y las minorías étnicas también son objetivo de la violencia, tanto en las calles como en las redes sociales. A los medios de comunicación, y no a todos, llega la violencia más visible, la que recogen las cámaras de seguridad, como en el caso de Metro de Madrid, y poco, muy poco, se denunció a la banda de encapuchados que “cazaban” a menores en las calles de Melilla.

En la película “El día de la Bestia” hay una escena brutal sobre el fascismo, aunque no está protagoniza por hombres específicamente jóvenes, el recuerdo de aquellos Limpia Madridque se dedicaban a pegar palizas a los sintecho, a orinarles mientras dormían en los bancos, incluso a quemarles en vida, no dista mucho de los hechos acontecidos en 2016, cuando un grupo de nostálgicos del franquismo durante el aniversario de la muerte del dictador genocida propinó una brutal paliza al activista sin techo Lagarder.

Mientras en Alemania los partidos políticos se han negado a pactar con Alternative für Deutschland (AfD), en España oímos al Partido Popular y a Ciudadanos echar un pulso con el discurso xenófobo, y estarían encantados de contar con VOX en la investidura para un gobierno de derechas en la Junta de Andalucía.

Estos son algunos de los aspectos de los jóvenes que se alejan del ideal de Allende, Dante Alighieri nos anima a tomar conciencia del espacio público y político que le hemos dejado a la extrema derecha “Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral.”

Hace tan solo 10 años el fascismo era propio de un grupúsculo nostálgico, sin organización ni aceptación social entre los demócratas, desde la izquierda, la atención puesta al izquierdómetro nos ha hecho trivializar el término fascista, y ahora que tenemos un fascismo orgulloso y competitivo en el tablero electoral, no se está planteando el rechazo social que merece el fascismo, la xenofobia, el machismo y la homofobia.