Opinion · El desconcierto

El candidato autobloqueado

La respuesta de Sánchez a la carta de Garzón, solicitándole su participación en una cumbre de todas las fuerzas de progreso, no puede ser más clarificadora. Acudirá, pero no negociará gobierno alguno con Garzón, Mónica Oltra e Iglesias. Solo se muestra dispuesto a negociar su propia investidura. Un cheque en blanco es lo que pide a Podemos, IU y Compromís a cambio de entregarles un cheque sin fondos de credibilidad. Esta es la chequera del candidato. Esta fe, creer en aquello que no existe, la justifica en la necesidad de terminar tan solo con Rajoy y el PP. No ofrece un cambio de política, sino de político. No un cambio de programa, sino de partido. No una alternativa, sino una alternancia.

Llama la atención que el PSOE, que se niega a un gobierno de progreso, pida a las restantes fuerzas progresistas su apoyo ciego. Máxime cuando Pedro Sánchez podría gobernar ya con el mismo número de votos, casi once millones, que ha gobernado Rajoy si no se negara a formar gobierno con Garzón e Iglesias. No cabe desconfiar tanto de Podemos e IU para luego pedirles confianza. Como si algunos de los que rodean al secretario general, viejos habituados al bipartidismo, creyeran que el turnismo aún continúa vigente y que, por lo tanto, no hay más opción que elegir entre el PP y el PSOE. Toca ahora el turno al penúltimo Sagasta, Sánchez.

Negociar solo un pacto de investidura que no vaya acompañado de otros dos acuerdos, de legislatura y de gobierno, supondría para Alberto Garzón, Mónica Oltra y Pablo Iglesias aceptar ese cheque sin fondos, a cambio del cheque en blanco entregado. El que se firmara hoy con ellos, mañana podría no ser cobrado. Un pacto para llegar a la Moncloa; otro compromiso para poder continuar en la Moncloa. Si se ha rechazado el gobierno votado por la amplia mayoría del electorado -PSOE, Podemos e IU -,  ¿por qué se cumplirían unas promesas de investidura? Olvida Sánchez que en la vida, mucho más en política, la confianza es buena, pero el control es mejor. O se controla al gobierno desde dentro, o vaya usted a pedirle cuentas a quien votó en base a su palabra.

Lamentablemente, Pedro Sánchez no es todo el PSOE. Justo cuando el líder socialista redactaba la respuesta a Garzón, dos de sus compañeros – Felipe González junto con Susana Díaz – se dirigían a Rajoy para solicitarle la abstención del PP en la votación de investidura de Sánchez. Algo así como una pequeña gran coalición entre PSOE, Ciudadanos y el Partido Popular. Que González, hasta hace poco consejero de Administración de Gas Natural, lo solicite, se entiende; que también lo haga la lideresa andaluza es muy sintomático. Tan cierto como que el pacto de la derecha con el PSOE ha funcionado bien en Andalucía, lo es el  muy elevado precio que ha pagado el PSOE en España por defender la misma política, por activa y por pasiva, que el PP. Desde el Zapatero del cueste lo que me cueste, el socialismo ha perdido seis millones de votos.

La respuesta de Sánchez al programa de Iglesias, conocida simultáneamente, vuelve a tropezar con la misma piedra. Al rechazar la política económica de Podemos e IU, con la que coincide en tantos puntos, impide que exista ninguna posibilidad de enfocar una línea social, económica, territorial, europea y ética a la realizada durante los últimos ocho años anteriores bajo los gobiernos de Zapatero o Rajoy. Continuar en esa senda, que ya recorrió el PASOK con la derecha griega, les conduce  al infierno heleno. Sin una clara alternativa a la derecha española, se revista de seda Rivera o de tejido gallego Rajoy, las llamas de la pasokización envolverán a Ferraz. Huir de Lisboa, del gobierno progresista del socialista Antón Costas, les llevará al desastre de Papandreu en Atenas por haber pactado con ese Rajoy o Rivera griego llamado Samaras.

La conclusión es obvia. Es un candidato autobloqueado. Por ello, en palabras de Mónica Oltra, o hay gobierno plural o no habrá gobierno de Sánchez. Compromís, Podemos e IU no pueden ser más pragmáticos, ni menos impacientes. Todo un mes se ha tomado el PSOE, un regalo del compañero López, para precisar que solo pactaría la investidura. Firmar el cheque en blanco traicionaría las crecientes ansias de renovación de la sociedad española. No pueden sacrificar las esperanzas de cambio, se hundirían como fuerzas que han nacido  para responder a la  angustiosa situación de los españoles. Y no cabe duda, los responsables de esta frustración serán pasados por las urnas.