Opinion · El desconcierto

La coartada de Navantia

Todo un espectáculo de cinismo la votación de ayer en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados. El embargo de  venta de armas a  Arabia Saudita, tras el asesinato de Kashoggi, propuesto por Podemos junto con PDeCat y Esquerra Republicana de Catalunya, fue rechazado tanto por el Partido Socialista como por el Partido Popular. Al parecer, según sus portavoces, se impone hoy la más completa impasibilidad ante la violación de los derechos humanos para no lesionar a los trabajadores de Navantia en la bahía de Cádiz. Si ya este argumento era insostenible, cuando la  propia ministra Robles fue obligada por la Moncloa a vender unas 400 bombas a Riad, hoy lo es muchísimo más tras el secuestro, tortura, asesinato y desaparición del periodista saudí.

¡Quiten sus sucias manos de Navantia! Que hoy los responsables políticos del 37% de paro en Cádiz afirmen que es preciso llenarse las manos de sangre a fin de conservar el empleo en Navantia, es una broma de pésimo gusto si no estuviera por medio la muy dramática situación social de los gaditanos.  Es todo un claro síntoma de la degradación a la que han llegado los profesionales de la política en España. Una provincia subdesarrollada, en una comunidad estancada, es la coartada perfecta que usan para justificar lo injustificable: una alianza con el clan criminal de los Saúd, que adjetivado mancha el limpio nombre de Arabia. Imposible mayor escarnio que el de cargar sobre las espaldas de los obreros los negocios de los poderosos con los feudales sauditas.

Es falso que quienes votaron ayer mismo por continuar armando a la familia de los Saúd, voten por los salarios de los astilleros de Cádiz. Todo lo contrario. Votan por los beneficios de los grandes negociantes de armas. Arabia es un mercado muy rentable para los Morenés, Serra, e incluso el chantajista Villarejo, como informaba ayer Carlos Bayo y Patricia López en este diario. Embargar la venta de armas sería un serio correctivo para los repletos bolsillos de este cuadro de traficantes. Mientras que para Navantia se pueden intentar encontrar compradores alternativos, o la ayuda inversora del Estado, máxime de un gobierno progresista como el que hoy preside Pedro Sánchez, no puede ocurrir lo mismo con los que rentabilizan la muerte de cuarenta niños yemeníes.

No es casual que ayer mismo, PSOE, PP y Ciudadanos bloquearan la comisión de investigación financiera del Borbón padre, pese a que su amiga comisionista, estrechamente ligada a la dictadura de Riad, haya revelado las relaciones fraternales de Juan Carlos con sus primos sauditas, así llamado por los propios Borbones. Ni que los cortesanos, tan prolijos en casi todos los medios de comunicación, borboneen a una sociedad como la española tan ajena, en la derecha como en la izquierda, a la II Restauración monárquica, impuesta por la dictadura de Franco, que nunca ha sido refrendada por el voto soberano del pueblo español.  Siete candados a la comisión, antes de que declare el embajador español en Riad que acompañaba ayer a Corina en sus negocios con los Saúd.

Dejen en paz pues a los trabajadores de Navantia, que bastante tienen con defender su puesto de trabajo en el desierto laboral que es hoy España, como consecuencia de la nula política económica común del PP y el viejo PSOE.  Luchen por sus beneficios, pero no extiendan el manto de sangre que recubre a los traficantes y sus políticos al comité de empresa de Navantia. Nada les inquieta más a los trabajadores, por otra parte, que esa fisura abierta ayer por la derecha en la actual mayoría parlamentaria que sostiene al gobierno de Sánchez. De no cerrarse cuanto antes, solo esperan mayores males si los Presupuestos recién firmados por el PSOE y Podemos finalmente fuesen arrinconados. Pedro sin Pablo o Pablo sin Pedro sería la crónica anunciada de la muerte de Navantia.

Pero la crisis de la mafia de Riad todavía no ha terminado. Pueden aparecer nuevos datos, videos, documentos que hagan insoportable el triunfo de los negociantes de armas y sus diputados en la Comisión de Defensa del Congreso. No cabe descartar que el amo estadounidense decida reconvertir a quien los Borbones llaman primo Salman, aún heredero de la Corona saudita, en un buen chivo expiatorio a sacrificar en el altar internacional. Si el tiempo le ha dado la razón a Margarita Robles, cuando ayer se negaba a entregar aquellas cuatrocientas bombas vendidas por Cospedal a Riad, bien puede dárselo también mañana a Podemos, PDeCat y Esquerra Republicana de Catalunya. Porque si es verdad que no hay Estado sin cloacas, también lo es que nunca se  suelen instalar en una embajada.