Opinion · El desconcierto

La sardana de Torra, Casado, Rivera y Abascal

Tras lo sucedido en Barcelona el pasado fin de semana, hay que empezar a hablar ya de las cuatro derechas. La de Quim Torra sumada a las tres de Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal. La negativa del actual presidente de la Generalitat a condenar la violencia, desarrollada contra su propia movilización social, junto con la negativa de los líderes del Partido Popular y  Ciudadanos a apoyar la vía del diálogo en Cataluña, son como el anverso y reverso de una misma política destinada a impedir la convivencia democrática, que resitua las urnas del 10 de noviembre a unos pocos días de que se abran. Que hoy la derecha catalana se sume a la estrategia involutiva de las tres derechas, perfila una significativa pinza contra Sánchez.

Quim Torra quiere que Pedro Sánchez salga de la Moncloa, y Casado, Rivera y Abascal quieren que Gabriel Rufián no entre en el Palau de San Jaume. Torra busca desplazar a Esquerra como primera fuerza catalana; Casado, Rivera y Abascal buscan que el PSOE deje de serlo en el conjunto de España. Torra necesita el estereotipo del español facha; Casado, Rivera y Abascal el clisé del separatista catalán. Solo a través del enfrentamiento político de los territorios pueden lograr la hegemonía que buscan en Cataluña y el conjunto de España. Sin este choque de trenes nacionalistas, la derecha catalana y la española, llevan las de perder social, política y electoralmente. Sin que Casado entre en la Moncloa y Torra se mantenga en el palau de San Jaume, no cabe el ir el a por ellos.

El mismo grito de traidores resuena ahora en Barcelona y Madrid contra Sánchez y Rufián. Quienes manipulan  ahora la estelada y la rojigualda se lanzan en picado contra el PSOE y Esquerra por intentar hacer lo que  antes se negaron a hacer Artur Más y Mariano Rajoy. Es muy sintomático que los siete magistrados del Tribunal Supremo sean hoy tan insultados en Madrid como en Barcelona, pese a que ha condenado por sedición a los líderes soberanistas. Como ya ocurrió con el anterior juicio sobre la matanza de Atocha, envenenado por las calumnias vertidas contra la propia Policía Nacional por su impecable  investigación sobre la autoría, ocurre hoy con esta dura sentencia que anula las calumnias sobre el golpe de estado en Cataluña. Marchena ha pasado de ser héroe a villano.

El conflicto territorial entre las instituciones catalanas y españolas desemboca en un conflicto social entre la derecha y la izquierda. Tanto en Cataluña, donde se enfrentan Torra y Rufián, como en el resto de España, donde lo hace Sánchez frente al trío Casado, Rivera y Abascal. Sin que medie ningún pacto, ni siquiera alguna aproximación, hoy la izquierda española (el PSOE) y la izquierda catalana (ERC)  chocan con la derecha catalana (JxC) y la derecha española (PP, Cs y Vox) sobre la estrategia política en Cataluña. Tanto sobre la condena de la violencia como sobre el apoyo al diálogo. Así se comprende que los que se niegan a condenar la violencia coincidan con los que se oponen al diálogo que ahogaría a los violentos.

La violencia es como la inflación. Si la segunda recorta la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, la primera recorta sus conquistas democráticas. Basta ver la imparable subida de Vox en los sondeos para comprobarlo. Pese a que el firme ascenso de los neofranquistas se debe a otras muchas causas, es indudable que la demagogia autoritaria encuentra muchos oídos atentos en amplios sectores del Partido Popular y en los de Ciudadanos. Tantos que Vox frena hoy el ascenso de Casado y ha enviado ya al infierno a Rivera. Son Casado y Rivera los que, con su negativa al diálogo sobre la desafección social en Cataluña, retroalimentan a Abascal. No digamos del discurso irresponsable de Torra.

Decía Fraga que la política hace extraños compañeros de cama. Si viviera hoy se quedaría perplejo al ver bien encamados a los de la España, una, grande y libre (PP, Cs y Vox) con la Antiespaña (JxC) según los clisés del dictador Franco. Aunque la derecha española acostumbraba a decir, durante la II República, que antes prefería una España rota a una España roja, todavía, unos cuarenta años después de 1978, no ha logrado superar el intenso daltonismo político que la caracteriza y le hace confundir el color rosa con el rojo. A este paso acabarán hablando en catalán en la intimidad con Torra. Al igual que París bien valió una misa  para Enrique IV, el primer rey Borbón, la Moncloa bien vale esta sardana de Casado, Rivera y Abascal con Torra.