Opinion · El desconcierto

El insomnio de Sánchez

Morfeo ha abandonado a Pedro Sánchez. Cuando parecía que iba a poder seguir durmiendo placidamente en la Moncloa, tras aceptar las exigencias de Iglesias, llega Rufián con las suyas y vuelve hoy a poner patas arriba, al menos hasta el momento, su  complicada investidura. Esquerra de Catalunya no quiere ser menos que Unidas Podemos y, por lo tanto, exige también que la Moncloa acepte sus condiciones. En el caso de los soberanistas catalanes no se trata de carteras en el Consejo de Ministros, nada le sería más fácil que dárselas como se las ha dado a los morados, sino de reconocer hoy un conflicto político en la sociedad catalana y abrir, por lo tanto, una mesa de diálogo.

A  poco más de medio mes para que comience la legislatura, se complica la investidura ya dificultada con el escaño perdido por el PNV y la incógnita del voto canario que de no concretarse haría necesaria también la abstención de Bildu. Ni el PSOE, ni menos ERC, desean impedir la investidura de Sánchez. Todo lo contrario. Lo que ocurre es que Rufián no puede pedir menos ni Sánchez prometer más. Si así fuese, la derecha catalana lo cobraría con creces en las urnas de la autonomía catalana previstas para la próxima primavera y la derecha española pasaría a los socialistas por la acerada quilla de su artillería mediática. Luego, deben negociar ahora un punto intermedio, que es negociable, justo antes de que la inminente legislatura de su primeros pasos. Si pacta o no, nunca se negocia cediendo de entrada.

Si alguien desde dentro para el preacuerdo de Sánchez e Iglesias sería posible entonces que el PP echara una mano al PSOE, esto afirmaba Núñez Feijóo justo al mismo tiempo en que  Adriana Lastra hablaba con Rufían. Esta llamada a la nueva defenestración de Pedro Sánchez es un signo bastante inquietante que evidencia como la embestida de la derecha va a ser implacable: primero, intentar que el pacto se rompa y, si no fuera así, agotarlo mediante una sistemática carrera de obstáculos. Lo vivido ayer por Zapatero no sería más que una anécdota con lo que seguramente le espera a Sánchez, por acentuar el adjetivo en lugar del sustantivo del centro izquierda que es el PSOE. Aunque no es más que un espejismo, el PP intenta aparecer como centrista.

Pero una vez que consiga ser investido, la falta de sueño de Pedro Sánchez se convertirá en crónica. El ojo tuerto de Berlín se dispone a escudriñar los números de los nuevos Presupuestos de Nadia Calviño para ver si se ajustan a los finos ajustes fijados por los comisarios de Bruselas. Los recién llegados a la Moncloa, convencidos de que hoy es posible atenuar la rigurosa política de austeridad prusiana que estrangula a la Europa del Sur, deberían ir a ver la película de Costa Gavras, Comportarse como adultos, que ilustra bien acerca de los modos de negociación de los alemanes. Aunque hoy Pedro Sánchez confía en la lealtad de Pablo Iglesias, que acaba de rubricar el lunes que el gasto social estará siempre subordinado a las directrices de Bruselas, no puede evitar que le altere el sueño el equilibrio entre los gastos y los ingresos.

Si Feijóo no logra parar la investidura a finales de 2019, le tocará el turno a la oposición dirigida por Abascal nada más empezar 2020. Por mínimo que sea el acuerdo de Lastra con Rufián, Vox se lanzará en tromba sobre la Moncloa con la ayuda del Partido Popular. Aunque solo se desvíe una décima de los guarismos de Berlín, los voxeros de la derecha, con la colaboración pepera, acusarán a Calviño de traicionar a la Merkel. Todavía no hay gobierno, ni  puede saberse aún si Pedro Sánchez podrá ser investido, y la mano invisible del mercado no deja de emitir ya ideología contra el gobierno non nato. Si algunos ilusos señalan que Merkel le va a echar una mano a Pedro Sánchez, olvidan decir que se la echará el cuello. No es nada personal. Sencillamente, lo que sucede es que Berlín está a una décima de la recesión.

Si Sánchez e Iglesias no logran movilizar a los casi siete millones de votos socialistas y tres millones de votos morados en defensa de un gobierno progresista que está siendo acosado antes, durante y, si pasa el Rubicón del voto parlamentario, después  de la investidura, la legislatura será frágil e inestable. Pero el principal problema para esta movilización es que este preacuerdo se ha gestado de la noche a la mañana sin ninguna explicación de por qué el PSOE  ha dejado de ser el PP, como llevaba insistiendo Iglesias hasta que se ha sentado a la diestra del Dios Padre de la Moncloa, y  por qué Sánchez nombra vicepresidente en noviembre a quien vetó desde julio. Un viejo routier de la política como Felipe González les ha recordado que los pactos como las casas se construyen de los cimientos a los tejados y no a la inversa. Todo a punta a que el insomnio de Sánchez se convierta en crónico.