Opinion · El desconcierto

Del techo de Sánchez al suelo de Junqueras

A un mes de la próxima sesión de investidura, todavia no hay candidato. El preacuerdo de la izquierda socialista con la populista, en torno a la candidatura de Pedro Sánchez, necesita muchas adhesiones ya confirmadas y algunas abstenciones, como la de Esquerra Republicana de Catalunya, todavía lejos de confirmarse para que el presidente en funciones pueda continuar hoy en la Moncloa. Depende de si el techo de Sánchez sube hasta el suelo soberanista de Junqueras, o el suelo del preso de  la cárcel de Lledoners baja hasta el techo constitucional de Ferraz. Tras el juicio de ayer por desobediencia a Quim Torra, tercer presidente de la Generalitat en  ser procesado después de Más y Puigdemont, la distancia es mayor que ayer, pero menos que mañana.

Esquerra Republicana desea abstenerse, pero el calendario catalán se lo complica sin, por supuesto, hacerlo imposible. La cuestión es el precio a pagar o a cobrar, según sea el resultado de la negociación en curso. Ya lo advertía Rufián en julio, cuando señalaba que a partir de septiembre su apoyo sería muy difícil dada la sentencia del Tribunal Supremo, el congreso de ERC y la probable convocatoria de elecciones catalanas. Oriol Junqueras necesita algo más que buenas palabras o promesas, dado que el fantasma de Zapatero, que prometió apoyar el Estatut que luego traicionó, incluso con el texto cepillado en el Tribunal Constitucional, revive en la memoria de sus socios en aquel tripartito catalán.

Ni Sánchez, por un discurso electoralista destinado al electorado de Ciudadanos que luego no le votó ante las hogueras de Barcelona, ni Iglesias, por haber asumido su mutismo político, pueden ayudar a disipar las muchas dudas de ERC. A nadie  puede escapar, y menos que nadie a Junqueras, que si se abstiene hoy en la investidura no habrá ninguna posibilidad de nuevas elecciones hasta septiembre de 2020. Ya no será posible como en 2018, cuando tras votar en junio a favor del gobierno Sánchez pasó a votar en contra en enero de 2019 al impedir la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Ahora, la abstención no podría ser revisada hasta seis meses después de la investidura. Lo que encarece el precio político que pide a la Moncloa.

Ni Vox ni ERC. Es el binomio indestructible de la unidad estatal que sugieren círculos del PP para responder a este encarecimiento de la abstención de Esquerra Republicana. Siempre según esta reiterada sugerencia, ni el hipernacionalismo español, ni el hipernacionalismo catalán, debieran condicionar la gobernabilidad del Estado y por lo tanto el preacuerdo del PSOE y Podemos no debería descansar sobre los escaños de un partido independentista. Máxime cuando la tensión entre España y Cataluña ha entrado en un proceso de cronificación. Pedro Sánchez la rechaza, Pablo Casado parece condicionarla, pero algunos cualificados dirigentes populares y socialistas la suscriben al pie de la letra. Era inevitable esta propuesta en la misma medida en que se ha vuelto a entrar en una larga espera hasta saber si hay gobierno o no.

Otra variante de esta sugerencia, que equivaldría a retomar el gobierno nonato de Sánchez con Rivera, ahora con la inclusión de Iglesias, radicaría en la abstención de Ciudadanos que sustituiría a la de Esquerra. Aunque no parece probable que Inés Arrimada sea muy proclive, el hecho cierto es que podría ser un oportuno salvavidas para un partido desahuciado por la incompetencia de su antiguo líder. Sería una fórmula con mejor imagen que libraría al PP de la presión de Vox y permitiría a  Ciudadanos recuperar un cierto papel centrista entre el PSOE y el PP. Una y otra variante política expresan la enorme preocupación de algunas potentes corrientes de los dos grandes partidos ante una negociación de la que se desconoce su desarrollo y su conclusión.

Estas propuestas irán creciendo al tiempo que el inicio de la cuenta atrás, hacia mitad de diciembre, que despejará por fin si hay o no hay gobierno socialista. Si Pedro Sánchez logra subir el techo de la Moncloa y Oriol Junqueras bajar el suelo de Lledoners, la abstención de ERC será una realidad. Pero la interrogante del millón es bastante evidente: ¿cuánto puede subir el primero y cuánto bajar el segundo? Ninguno de los dos lo tiene nada fácil. Si consiguen encontrarse, la investidura se habrá salvado, aunque no se puede decir lo mismo de la próxima legislatura, dado que tendrá que caminar desde sus primeros pasos con el pesado lastre catalán en la medida que no se resuelve la cuestión catalana. Pero sería injusto pedirle a Sánchez que resuelva aquí y ahora lo que en su día no resolvieron Suárez, González,  Aznar y Zapatero.