Opinion · Salud mental en tiempos difíciles

A mayor culto a la emoción y al narcisismo, mayor radicalismo de tipo infantil

El creciente culto a la emoción, convertida hoy en una deidad intocable, nos está llevando a que cada vez sea más frecuente encontrar todo tipo de gente que considera que sus propuestas e ideas, sean las que sean,  si ellos “  las sienten” como muy importantes, han de estar por encima de todo.  Nada ni nadie puede tener derecho a frustrarlas, pues sus emociones son algo sagrado.

Si a esta idolatría a la emoción, auténtico totem del siglo XXI  le añadimos un modelo de sociedad muy individualista, en el que cada persona es el centro del universo desentendiéndose de las necesidades de los demás …ya tenemos el cóctel del perfecto radicalismo de tipo  infantil.

Por supuesto, este radicalismo de tipo infantil, centrado con frecuencia en un solo aspecto de la realidad, nada tiene que ver con la radicalidad de tener un planteamiento que busca un cambio en la sociedad (en el área y con el modelo que sea)  basado en ir a la raíz de los problemas.  El planteamiento radical se basa en abordar mediante un  riguroso análisis los problemas que se quieren solucionar. Y lo hace, teniendo presentes los legítimos derechos de todos los afectados, por supuesto entre ellos, de los que no están de acuerdo con lo que se pretende modificar. Es más el respeto a los grupos minoritarios y disconformes es la garantía de vivir en una sociedad civilizada

En relación a este radicalismo infantil, es de señalar que hay una ley muy básica de la evolución, una ley vinculada a la selección natural, que claramente desmonta este tjpo de radicalismo:  en la naturaleza es muy difícil lograr la perfección, porque todos los caracteres se han de adaptar a la vez, y se ha de acabar llegando a compromisos, dado que los recursos son limitados. Así, sería mucho mejor tener unos huesos mucho más duros, de titanio, por ejemplo. Unos huesos tan fuertes   nos permitirían resistir mucho mejor los golpes, los choques. Pero tener unos huesos de titanio supondrían un enorme coste energético. Y dado que los recursos son limitados, esto daría lugar a un dispendio enorme, que supondría que otros órganos muy relevantes tuvieran restringidos sus recursos. Es decir, se ha de buscar un equilibrio teniendo en cuenta las necesidades de todo el organismo

Algo similar ocurre a nivel social. Puede haber muchas propuestas, muchas demandas, la mayoría sin duda bien intencionadas, pero con eso no basta, han de integrarse en un todo, ha de haber una coherencia de fondo que tenga en cuenta al conjunto de la sociedad. Y nada mejor para el poder establecido que esta cacofonía de infinitas demandas desestructuradas para mantener inalterable el status quo

Hoy en día se habla mucho de educar en las emociones. Pero si el modelo de educación se basa en enseñar que lo que una persona siente es sagrado y nada ni nadie tienen derecho a ponerle coto ¡Bonita manera de organizar la convivencia de 7 mil millones de personas en este planeta!

Web del psiquiatra Joseba Achotegui