Opinion · La oveja Negra

‘Yo, detective’: la vida de un investigador privado

Cuenta Rafael Guerrero en su obra Yo, detective, editada por Círculo Rojo, que “… cada uno de nosotros miente una media de siete veces al día, principalmente a sí mismo. Es la mentira, por tanto (…) el principal bastón para sobrevivir”. Y es ese juego entre ficción y realidad uno de los principales atractivos de esta novela que podría calificarse como auto-ficción. Porque Guerrero, aparte de novelista, es detective profesional y el protagonista de la obra.  

La novela destila autenticidad. Claramente se nota que Guerrero sabe de lo que habla y el terreno que pisa. Las horas que ha pasado gastando suela o esperando dentro de un coche a que un portal se abriese. El libro rompe los estereotipos generados en torno a la figura del detective por la literatura y el cine, sobre todo anglosajón. Yo, detective nos muestra el trabajo real de un investigador privado español. Con sus limitaciones y sus peligros (impactante la descripción de cómo casi pierde la vida en La India). Sin adornos de cara a la galería: Una mujer aparece en la vida del detective. Sospecha que su ex marido la quiere asesinar. Rafa Guerrero no tiene que investigar mucho para darse cuenta del peligro real que corre la mujer. Debe esconderse, crearse otra identidad, dejar de ser ella hasta que su ex cometa un error, hasta que la justicia pueda actuar. Pero otro caso se cruza en la vida del detective, el de un joven de Salamanca que ha viajado a India para casarse con su prometida. Pero al llegar allí, esta ha desaparecido. Puede que le hayan secuestrado, pero también que se trate de un asesinato. Guerrero tendrá que desplazarse hasta allí para vérselas con una sociedad marcada por la corrupción y la violencia que casi le hacen perder la vida.

Yo, detective es una obra que nos acerca al trabajo de los investigadores privados en la actualidad. Nos descubre no solo cómo se limitan a perseguir infieles o a tipos que se hacen los cojos para cobrar el seguro. Una novela cargada de ironía y escepticismo vital. Ese que nace cuando uno ha dado la mano a demasiada gente con la sonrisa falsa y ha visto demasiadas cosas que no debería. Pero no se equivoquen, es una novela no un libro de vivencias. Y eso lo hace aún más interesante. Tal vez el lenguaje empleado en algunas partes, demasiado culto, demasiado formal, reste verdad a la obra. Yo, detective va más allá del investigador duchándose en whisky mientras escucha jazz y disfruta de su depresión. Y por eso es un libro tan interesante.