Opinion · La oveja Negra

‘El vuelo de los charcos’: la belleza del caos

Me gustan los herejes. No me malinterpreten. No estoy hablando de religión, sino de literatura. Me atraen esos autores que no cumplen el mandato establecido de presentación, nudo y desenlace. La Santísima Trinidad a la hora de escribir una novela. El dogma sagrado por el que se rigen muchas editoriales. Sin herejía estilística no existiría La mirada del observador, esa maravilla que escribió Marc Behm; o Madrid: frontera, la espléndida obra de David Llorente, por poner solo dos ejemplos. Muchas veces se interpreta esta ruptura con lo establecido como un signo de valor, de atreverse a ir contra las normas. Pero lo que las hace únicas no es la valentía de sus autores, sino el talento. Por eso estas obras no se quedan en vacuos intentos de hacer algo novedoso, distinto, original. Por eso son novelas imperecederas.

El vuelo de los charcos, de Eduardo Iglesias y publicada por Trama editorial, es otra de estas bellas herejías.

La Gran Ciudad Amurallada está sometida a una dictadura llamada El Gran Orden. Cansados de los actos terroristas de los rebeldes extramuros, el Gran Orden han elegido al teniente Samuel Negro para que se encargue de ellos. Un experto en las tácticas de guerrilla que utilizan los disidentes. Tras varias escaramuzas, Negro descubre que los guerrilleros honran la memoria de un antiguo héroe, J. Solo. Y ese nombre comienza a obsesionarle. Lo que hace que cada vez se sienta más atraído por los disidentes, que comience a cuestionarse su vida.

Esta es la trama central, porque Iglesias inserta durante toda la narración pequeños relatos (viajes, recuerdos de juventud) que, aparentemente, nada tiene que ver con esta historia. Digo aparentemente porque en realidad forman un todo que nos habla de la búsqueda de la libertad, de la rebeldía, de la vida. Incluso se inserta en el libro un “pequeño cuaderno encontrado entre los escombros de la ciudad amurallada”, que supone todo un homenaje al género negro más clásico. Porque El vuelo de los charcos puede ser no convencional, pero es una novela negra.

Crítica social y crítica vital en un libro muy especial. El propio Iglesias lo explica: “cuando yo empiezo un libro solo parto de una idea, y los personajes y la estructura se van construyendo a medida que avanzo”. Y lo que ha construido el autor es un bello caos ordenado solo al alcance de alguien con un dominio del lenguaje como el de Eduardo Iglesias. En el festival Getafe Negro definieron esta obra como novela negra experimental. El experimento ha sido todo un éxito.