Opinion · La oveja Negra

‘Cazaré al monstruo por ti’: un monumento al buen periodismo

En cada información, en cada reportaje, noticia o crónica, existe una zona que siempre permanece en penumbra. A la que la supuesta luz clarificadora de las cinco w del periodismo (qué, cuándo, dónde, cómo y por qué) no llega. Una parte de la realidad que se desprecia, se desecha o simplemente se ignora por no estar emparentada directamente con los sacrosantos hechos, también por la enorme velocidad a la que se consumen las informaciones que solo permite quedarnos en la epidermis de las noticias, o porque los que habitan los despachos donde se decide qué es noticia y qué no creen que al público esa parte de la realidad solo les interesa convertida en puro sensacionalismo. Una zona relacionada con los sentimientos, con las emociones, sin la cual es imposible entender un suceso en profundidad, con todas sus aristas, sus miserias y sus grandezas.

Cazaré al monstruo por ti, escrito por Manuel Marlasca y editado por Alrevés en su colección Sinficción, es un ejemplo de lo que el buen periodismo puede alcanzar cuando se hace con tiempo, talento, sensibilidad y criterio. Marlasca nos cuenta de forma pormenorizada el caso del pederasta de Ciudad Lineal, un hombre que, en 2014, raptaba a niñas de alrededor de 6 años a plena luz del día, las retenía durante horas y abusaba de ellas. Un monstruo al que había que cazar. Pero Marlasca no se queda ahí. Va mucho más allá. El libro nos pone en la piel de los hombres y mujeres del grupo Candy de la Policía Nacional (así es como se denominó a la operación), los momentos de frustración, de rabia, de odio, de llanto, cómo se implicaron personalmente en el caso, el grado de complicidad que alcanzaron con algunas víctimas y con sus familiares… Pero tampoco se detiene aquí. Marlasca sigue yendo más allá. Contando la nauseabunda forma en la que Ignacio González, entonces presidente de la Comunidad de Madrid y su portavoz, Salvador Victoria, antepusieron sus ambiciones personales, atacando y desprestigiando a los policías que llevaban el caso, para utilizarlos como arma arrojadiza contra Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en esos años y su rival política dentro del PP. O como los miembros del grupo Candy detectaron ciertas maniobras de la Guardia Civil para tratar de colgarse la medalla de la resolución del caso. Pero Marlasca va más allá. Porque cuando los focos de la prensa se apagan, el juicio declara culpable al acusado y la policía archiva el expediente del caso, las víctimas siguen allí. El libro nos cuenta las secuelas, algunas probablemente irreversibles, que sufren las niñas agredidas. Los traumas, los miedos… Las consecuencias que cualquier acto criminal acarrea y de las que pocas veces se habla.

El talento del autor se pone de manifiesto en el gran volumen de información que maneja y con la que, lejos de perderse en un aburrido compendio de datos policiales, construye un relato apasionante, un testimonio brutal de lo que es una investigación real por dentro. Sin un ápice de morbo o sensacionalismo. Con un ritmo que hace imposible que el lector deje de pasar hojas. Un libro imprescindible para todos los que lean esta columna habitualmente. Cuando cerré la última página, lo primero que pensé fue: “¡qué maravilla!”.