Fuego amigo

El faisán está en la mesa

 

El grupo terrorista de los GAL nació en 1980, producto de la extrema ansiedad que atenazaba a los dirigentes vascos de UCD (los Oreja -Marcelino y Jaime-, Julen Guimón o Jaime del Burgo, entre otros) defensores hasta la náusea de su particular estado de derecho. Confiar la batalla contra el terrorismo a mercenarios reclutados entre la extrema derecha (italianos, franceses y de la Triple A argentina), además de degradar el sistema democrático, rebaja la efectividad de la lucha antiterrorista. Como bien se demostró en la otra gran chapuza del secuestro de Segundo Marey, ya con Felipe González en la Moncloa, en el que los secuestradores confundieron con un peligroso etarra a un ciudadano que pasaba por allí.

 

Pensar que el terrorismo se podía combatir con el atajo criminal de más terrorismo solo era posible en la adolescencia de aquel sistema democrático. Sin embargo su existencia respondía de forma clara a la pregunta de Cui prodest, a quién aprovechaba la acción de los GAL.

 

Pasados los años, el PP, que es como la Gata Flora que "cuando se la meten chilla y cuando se la sacan llora", ha visto en el caso Faisán un nuevo Gal, pero al revés, donde tres policías colaboran presuntamente en un chivatazo para que los terroristas puedan escapar a una redada. Y ahora cabe preguntarse: ¿qué beneficio podían obtener con ello los policías, o los políticos que supuestamente lo ordenaron, echando a perder así una operación de éxito inmediato? ¿Altos jefes policiales sobornados por ETA? ¿Altos jefes policiales, rojos perdidos, seducidos y rendidos a la causa liberadora de ETA? ¿Altos cargos policiales completamente idiotas?

 

El sentido común apunta a una estrategia de mayor calado, solo comprensible en medio de una negociación política con ETA que se tramaba en la sombra por entonces. El PP lo intuye, más bien lo sabe, pero la Gata Flora no piensa soltar el mordisco de la pierna de Rubalcaba. El faisán es un bocado demasiado exquisito como para hacerle ascos.