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Comer frente al ordenador, desayunar en el metro... lo que hacemos pero no queremos por exceso de trabajo

Jorge. 26 años. Trabaja en una inmobiliaria de Madrid. Siete de la mañana. Suena el despertador y tiene 45 minutos para desayunar, darse una ducha, recoger un poco la casa e irse al trabajo. Primer café. Llega a las nueve y se sienta delante del ordenador. Pasan las horas, segundo café y llega la hora de comer. Tiene tres horas libres y dos opciones: irse a casa, comer en una hora y salir de nuevo al trabajo, o comer en cualquier sitio con una bebida con cafeína y hacer tiempo para regresar a la oficina.

Vuelve al trabajo a las cinco y sale a las ocho. Llega al supermercado a las nueve menos diez. Hace la compra para dos o tres días. Entra a casa, cena, ve un capítulo de una serie y se va a dormir.

"La realidad es que, de lunes a viernes, vivo para trabajar. Además, me toca trabajar un sábado sí y otro no. Cuando llega el fin de semana sólo quiero descansar. Hay semanas en las que no quedo con nadie... eso no es vida", cuenta Jorge a Público.

Amanda. 37 años. Trabaja en una empresa de eventos en Barcelona. Ocho de la mañana. Suena el despertador y tiene una hora para desayunar, darse una ducha, recoger un poco la casa y llevar a los niños al colegio, mientras su marido hace la comida. Primer café. Sale a las nueve en punto, con el táper del día, y deja a los pequeños en el colegio a las nueve y media. Entra a trabajar a las diez y media. Se sienta en el ordenador. Segundo café. Trabaja durante unas horas y, para ahorrarse la hora de comida, come frente a la pantalla del ordenador. Se levanta a las tres y media para tomar un café y seguir trabajando. Su marido recoge a los niños a las cuatro de la tarde y los deja con los abuelos que, posteriormente, los llevarán a clase de  inglés. Amanda sale de su trabajo a las seis y media. Llega a las siete y media a recoger a los niños de clase de inglés y tira para casa porque tocan duchas y demás rituales precena. Las nueve. Cena con los niños, les acuesta, recoge un poco y se tira en el sofá. Le queda una hora, tal vez un poco más, para irse a dormir. Ve un capítulo de una serie o, mejor dicho, se duerme viendo un capítulo y se va a la cama.

"Conciliar es muy difícil. Por suerte tengo a mi marido y a mis padres, si no sería imposible", asegura Amanda.

De la mima forma, Carolina, diseñadora gráfica en Andalucía, desayuna fuera de casa de lunes a viernes para ahorrar tiempo. "Hay días que prefiero rascar unos minutos de sueño y desayunar fuera porque estoy súper cansada".

¿Os suenan estas historias?

Según la Organización Mundial de la Salud, unos 2,3 millones de personas en nuestro país padecen trastornos causados por la ansiedad y el estrés, convirtiéndose España en el cuarto país de Europa con más casos de depresión. Y es que el ritmo de vida que llevan muchos trabajadores es nocivo para la salud.

No es normal tener que tomarse varios cafés al día (o sus derivados). Tampoco lo es pasar tantas horas fuera de casa, ni comer frente al ordenador mientras trabajas, ni restar horas de sueño para llegar a todo, ni no poder disfrutar de algún rato de ocio durante la semana porque todo son obligaciones.

A muchos trabajadores les es imposible conciliar la vida personal con la laboral y debido a las horas que pasan fuera de casa en muchas ocasiones tienen que hacer la compra en el supermercado 24 horas.  Les resulta muy complicado disfrutar de sus aficiones, o se ven obligados a tener que desayunar un café en el metro para rascar unos minutos al reloj. Y muchos de ellos, pese a hacer todo eso, no llegan a final de mes.

En la actualidad, España es el tercer país de la Unión Europea con más trabajadores pobres, concretamente el 13% de las personas que trabajan se sitúan por debajo del umbral de la pobreza, según datos de la Organización Internacional del Trabajo.

Estas condiciones de vida hacen que las enfermedades aumenten. Mañana nuevo artículo.

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