Opinion · MierdaJobs

“Casa, curro, casa“: cuando el trabajo gestiona tu no-vida y tu no-tiempo

«Casa, curro, casa», esas tres palabras juntas, en ese orden y colocadas estratégicamente en un banco del metro de Madrid son la definición perfecta de la vida cotidiana de muchas personas.

El trabajo, o la falta de este, es el eje central de la vida de los seres humanos en esta sociedad. El horario, el salario, incluso la distancia in itinere, marcan el día a día de los trabajadores.

La disponibilidad para quedar con los seres queridos, hacer actividades lúdicas, ir al médico cuando es necesario, incluso el lugar de residencia, vienen absolutamente condicionados por dicha tarea, convirtiéndose en el eje central para la organización y el desarrollo de las personas.

Así lo ha querido mostrar el tuitero que ha fotografiado el asiento del metro en el que aparecen las palabras “Casa, curro, casa”.

«Pintada tan simple como dura en el metro que nos recuerda que nuestras vidas quedan reducidas, con las singularidades y características de cada cual, a los ritmos y necesidades que marcan el trabajo y el sistema productivo», ha comentado.

En España se estableció la jornada de ocho horas con el objetivo de que los trabajadores dedicasen ocho horas a trabajar, ocho horas de recreo y ocho horas de descanso. Algo que, en muchas ocasiones, sólo se produce en potencia, pero no llega a convertirse en acto.

La realidad material es que, entre la pausa de la comida, el tiempo de trayecto y las actividades necesarias para poder vivir el tiempo de ocio queda muy reducido.

«Cada vez hay más gente quemada, perdida y saturada con un modelo que diariamente nos reduce a tener un hueco para comprar, cocinar la comida de mañana y descansar o disfrutar un rato con nuestra gente. Todo con vistas a que sigamos produciendo y consumiendo al día siguiente», ha argumentado el tuitero.

A esta realidad que impide a muchos conciliar la vida laboral y la personal hay que sumarle que en España todavía hay muchas empresas que mantienen las jornadas partidas en detrimento de las intensivas.

Este tipo de jornada partida supone que en algunos casos los trabajadores entran a las nueve o diez de la mañana, tienen dos o tres horas libres al mediodía y vuelven al trabajo, saliendo a las ocho o nueve de la noche.  Si ya de por sí las jornadas partidas condicionan la vida personal y laboral, ese tipo de horarios partidos sólo consiguen que aquellos que lo tienen sólo puedan llegar a su casa, cenar y meterse en la cama para hacer lo mismo al día siguiente.

En varios países, diversas empresas han reducido la jornada de sus trabajadores de cinco a cuatro días al descubrir que la medida conduce a una mayor productividad, más motivación y un menor agotamiento en la fuerza laboral. De hecho, en España una empresa de Jaén acaba de convertirse este mes de enero en la primera en nuestro país en implantar la jornada laboral de cuatro días a la semana.

Por ello, la imagen de la pintada en el metro de Madrid ha vuelto a poner el foco en este problema que sufren tantos y tantas trabajadoras.

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