Otras miradas

La legión internacional

Marta Nebot

Militares entrenan a civiles en Odesa este viernes 11 de marzo. EFE/EPA/MARIA SENOVILLA

Cerca de 20.000 voluntarios de más de 50 países se han alistado en la legión internacional ucraniana, según su ministerio de Asuntos Exteriores. Pienso en ellos y, como tan bien explica Martín Caparrós, la guerra se me hace bola.

¿Quién querría a uno de lo suyos en un frente si no fuera a la desesperada, si no fuera cuestión de vida o muerte, si no fuera en defensa propia? Y, sin embargo, ¿no tienen algo de héroes, de valientes, de mejores seres humanos que los que combatimos al invasor desde el sofá, solo con palabras? Sí y no, como casi todo lo importante. Alguien que sabe, un reportero de guerra reincidente, un experto en las peores contiendas de los últimos treinta años, me cuenta que todos los pistoleros que conoce, los veteranos de guerra aburridos de una vida civil que, como a tantos, no les llena, ya están allí o en camino. El dato cae sobre el romanticismo que envuelve a cualquier brigada internacional como una granada de mano que hace explotar en mil pedazos cualquier presunta épica de la guerra. Matar es matar y hay a quien le gusta ese oficio.

¿A qué van estos voluntarios? En España más de 12.800 personas han visitado la web que da información sobre cómo alistarse siendo extranjero.  Nuestra ministra de Justicia, Pilar Llop, aclaró esta semana que el ordenamiento jurídico español no les prohíbe ir. Eso sí, fuentes militares aclaran que si son apresados por los rusos serán considerados presos ucranianos, no españoles.

El ejército ucraniano les obligará a firmar un contrato que durará toda la ofensiva. Pasarán por un mes o dos de instrucción y tienen que traer su propio equipamiento. Es decir, no está permitido el turismo de guerra: si van como aventureros yonquis de picos de adrenalina no podrán dejar la droga hasta que la guerra acabe. Si van porque sus vidas están vacías, tendrán que llenarlas de guerra hasta que una de las dos termine. Si van a defender la democracia, a pesar de todo lo dicho, tienen mi admiración y mi respeto y si son capaces de hacer la guerra respetando sus reglas más básicas, matarán igual pero serán mejores que su adversario y lo harán en defensa propia y nuestra.

Su ejemplo, si lo hay, nos recordará, como aclara el gran Santiago Alba Rico, que lo único realmente valioso que tiene Europa para exportar es democracia y que cada vez que lo olvida hace crecer la amenaza real, concreta y acuciante de que los espacios de libertad y derecho se achiquen, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Toda realidad ignorada prepara su venganza, escribió Ortega y Gasset. Quizás haya llegado la hora de dejar de hacer el avestruz porque las venganzas aprietan, porque los que atacaron a otros y quedaron impunes nos cercan, porque la guerra fría nunca se enfrió del todo, porque el auténtico desarme nuclear no sucedió, porque el oasis europeo podría dejar de serlo pronto porque o se defiende y se extiende o lo harán más pequeño.