Persona, animal o cosa

INFILTRACIÓN - Homo Retocatus.

Berto Romero

Están entre nosotros. Han conseguido establecer una sólida cabeza de puente en los medios de comunicación desde la que comenzar a conquistar el mundo. Están en la televisión, en el cine y en las revistas. Presentadores y presentadoras, actores y actrices, estrellas de la canción, corresponsales, modelos, tertulianos y tertulianas. Obsérvalos con atención. Hablan y callan como nosotros, ríen y se ofenden, gritan y susurran, parecen compartir nuestros mismos sentimientos. Y sin embargo algo extraño en su expresión les delata.

Son sus rostros. Han mutado. Sus pómulos son increíblemente tersos y brillantes. Sus frentes, prietas y rígidas, han perdido los surcos. Sus labios, indefectiblemente carnosos, permanecen siempre entreabiertos ofreciendo al espectador un beso infinito. Sus bocas, alicatadas con dos ristras de dientes áureos, rectos, simétricos y regulares como un piano sin teclas negras, dejan escapar las palabras en una melodía cromática monocorde. Dentaduras que ya no servirán como método de identificación en caso de muerte. Todas ellas remiten no ya a individuos independientes, sino a un mismo gabinete de ortodoncia.

Sólo algunos detalles señalan que en algún momento fueron humanos. Algunas tímidas arrugas alrededor de los ojos, abortos de patas de gallo segadas al nacer. Orejas de persona mayor adosadas a los laterales de una corteza facial pre-adolescente. Extraños pliegues flácidos junto al cuello que luchan por sostener la rigidez de la máscara. Y sobretodo, fugaces flashes de descoordinación en los movimientos de la totalidad de la cara. Breves montículos de carne que parecen resistirse levemente al dibujo de la sonrisa permaneciendo aún rígidas. Ceños que se niegan a fruncirse del todo y se pausan en un rictus de sorpresa eterna. Algunas arrugas de expresión injustificadas que aparecen en lugares inverosímiles, frecuentemente junto a la quijada. Detalles para el observador atento.

Están ahí, mirándonos día y noche. Sonriendo con su enigmática mueca mientras construyen, poco a poco, el nuevo modelo humano, la nueva referencia estética. Son la inquietante avanzadilla de las personas del mañana, que progresivamente nos muestran, cada vez con mayor descaro, el siguiente paso evolutivo.