Opinion · El repartidor de periódicos

Los mieditos de la prensa

Yo no sé para qué anda Íñigo Errejón pidiendo que se legalice la marihuana, habiendo psicotrópicos tan legales y simpáticos como la lectura de nuestros viejos y honorables periódicos de papel. Son como el abuelo Cebolleta, llenos de temores y prejuicios indisimulados y categóricos. La joya de esta semana la he encontrado en La Razón, que alumbra nuestro entendimiento con este sonoro titular: «El miedo a Podemos congela el mercado inmobiliario».

Yo no sé si es que Irene Montero y Pablo Iglesias ya se han comprado todos los chalés de España, y eso ha provocado la congelación del mercado. O si sus podemitas mellizos se han convertido en aznarines precoces y, como el vástago de Aznar/Botella, andan metidos en tapaderas de fondos buitre comprando vivienda pública a precio black friday. Los designios de los mercados son inescrutables, como sabe cualquier católico.

Como lo de informar resulta caro, nuestros viejos periódicos han decidido que es más barato y rentable meternos miedo. Dicen algunos sabios poco leídos que el miedo es libre. Y no es verdad. Todo miedo es inducido. Nadie se mete miedo a sí mismo. Como nadie siente asco de sí mismo. De sus propios esputos, humedades y defecaciones. El asco y el miedo, como el infierno, son los otros.

Hace unos meses, una simpática oncóloga me preguntó de qué color eran mis defecaciones. No lo sé, le respondí. Me puso carita rara. ¿Cómo que no lo sabes? No es mi costumbre mirar el fondo del retrete. ¿Es negra? Ya le digo que no lo sé. ¿Qué pasaría si fuera negra? Si es negra, es que lleva sangre. Disculpe usted, ¿es que es habitual que la gente mire lo que caga? Pues claro.

Ya sé que ando un tanto digresivo, pero esta anécdota me vale para contar que, en política, nuestros viejos medios están haciéndonos mirar más lo que cagamos que lo que podemos comer.

Por eso funcionan titulares como el de La Razón: «El miedo a Podemos congela el mercado inmobiliario». Observar los miedos e inquietudes del mercado inmobiliario es como mirar amorosamente el color de tu mierda antes de limpiarte o no limpiarte. A mí los miedos del mercado inmobiliario me resultan anodinos, cuando no malolientes.

En El Mundo también miro aterrado otros titulares: «Los Thumberg ya preparan a Beata, la hermana de Greta, para la causa feminista». O sea, que el periódico de la bola tiene más miedo a una muchacha ecologista que a los mercados inmobiliarios. Yo no sé lo que pensarán los que no tenemos dinero para pagar la hipoteca.

Ojo a lo que cuenta Pedro Poza en El Mundo sobre la familia Thumberg: «Una cantante de ópera pasada por Eurovisión, un actor y productor de teatro, y sus dos hijas adolescentes, una con síndrome de Asperger y otra con trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), personifican hoy más que nadie el activismo del clima, predicando el apocalipsis, movilizando a las masas y abroncando a los políticos».

Yo no sé. Pero en mi infinita ignorancia creo que los Thumberg predican tanto el apocalipsis y abroncan tanto a los políticos como los mercados inmobiliarios que se congelan o las asociaciones de empresarios que claman  por la exclusión de Podemos y de los Thumberg de cualquier candy crush gubernamental o dialéctico.

El miedito de los mercados inmobiliarios lo veré cuando los mercaderes inmobiliarios, cual el hijo de Aznar, tiemblen de frío a las puertas del comedor de Cáritas. Eso sí sería noticia. Mientras tanto, seguiré temiendo, como hacen El Mundo y La Razón y los mercados inmobiliarios, por una vicepresidencia de Podemos y por el Asperger y el TDAH de la familia Thumberg, enfermedades o síndromes que, por cierto, no son de fiar. Voy a mirarme de inmediato el color de la mierda por si no he sido capaz de explicarme con humanidad y amor, otro par de enfermedades.