Ruido de fondo

Para volverse loco

Acabo de llegar de vacaciones y ya me duele la cabeza. Qué lío tengo, madre mía. De Cospedal recorta el 20% del presupuesto de Castilla-La Mancha. Y lo hace —dice— sin tocar los gastos sociales. ¿Qué toca entonces? ¿Los gastos individuales? Pues sí, eso parece, porque serán 15.000 los individuos que, según el PSOE, perderán su empleo si se ahorra esa cantidad de dinero.

Unos 15.000 parados más para estimular la creación de empleo, esta es la delirante política de De Cospedal. Y lo malo es que tiene razón. Veréis: a estos 15.000 individuos se les deja sin trabajo para que luego, cuando los servicios públicos agonizantes por falta de financiación pasen a manos privadas, sean de nuevo contratados. Sus ansias de trabajar serán tales que no les importará currar mucho más ganando mucho menos. Y así se sale de la crisis. Por la cosa legal no hay que preocuparse: el Gobierno socialista ya se ha encargado de redactar los contratos. Porque como ha dicho nuestro ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, en un reciente congreso sobre la figura de Kunta-Kinte: en época de crisis lo importante es tener un trabajo, no la calidad del mismo.

La prensa afín a Rubalcaba utiliza los recortes de De Cospedal para meter miedo a los abstencionistas: ¡Uhhh, uhhh, esto es lo que hará Mariano Rajoy si llega a La Moncloa, uhhh, uhhh! Pero resulta que De Cospedal no hace sino cumplir una regla que pronto será —por iniciativa de la tropa Rubalcaba— mandato constitucional. Y lo más absurdo de todo es precisamente lo más lógico: que haya sido Elena Salgado, la ministra socialista, quien ha defendido los draconianos recortes en Castilla-La Mancha.