Ruido de fondo

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El otro día se armó un pequeño revuelo en el mundillo socialdemócrata porque Vargas Llosa elogió en un artículo a cierto partido político. Muchos lectores protestaron porque les parecía que una columna de opinión no era el lugar más apropiado para pedir el voto. Estos lectores le preguntaron al director si permitiría a otros colaboradores inclinarse con tanta claridad por una opción política. Y para mi estupefacción, el director contestó que no.

Desconozco qué hubiera sucedido en esta casa si yo hubiera pedido aquí el voto para un partido determinado. Hoy no puedo hacer el experimento porque, como saben, celebramos esa majadería rimbombante llamada jornada de reflexión. Que en la jornada de reflexión esté prohibido hablar de política es el colmo de la idiotez. Cuando se callan los políticos es cuando más tendríamos que hablar nosotros. Pues no. El ciudadano debe tragarse en silencio esa bazofia mezclada con pienso que han arrojado sobre él a lo largo de toda la campaña electoral.

A lo que vamos: me cuesta entender que una columna de opinión no sea el lugar más apropiado para expresar una opinión. No estamos hablando de lanzar consignas, sino de razonar por qué las propuestas del partido A resultan más interesantes que las del partido B, que fue lo que hizo Vargas Llosa. El alboroto provocado confirma que la política ha dejado de considerarse una visión del mundo. Ahora es un bien de consumo más en este inmenso supermercado. Y si un columnista no puede cantar las alabanzas de un determinado yogur, tampoco puede inclinarse por un partido político. Salvo que en la cabecera de su columna se indique claramente "Publicidad".