Marco Incomparable

Como una pastorcilla de Lladró

 

 

Hay mentiras universales, como cuando vemos a un bebé feucho y soltamos a sus padres un: "¡qué mono!" o cuando le decimos a la novia que era la más guapa en el día de su boda. Ejem. A mí los recién nacidos en rara ocasión me parecen guapos, hay que esperar unos meses, qué le vamos a hacer, y las novias no me gustan nada con tanto perifollo, empezando por mí. Pues bien, el caso de Angelina Jolie no se puede considerar el típico caso de la novia regulera. El suyo es mucho peor: es un horror.

 

Qué vestido más feo. Por más que a uno le guste Jolie, por más que uno quiera ser benevolente con la ganadora de un Oscar, nadie puede llegar a un nivel de autoengaño tal como para creer que el diseño con el que dio el sí quiero a Brad Pitt y que nos han mostrado People y ¡Hola! en sus portadas tiene un pase. No me quiero ni imaginar la cara de satisfacción de Jennifer Aniston ahora mismo.

 

Jolie, que conquistó a medio planeta haciendo de tipa dura en Tomb Raider, ha participado en el diseño de este desastre junto a Luigi Massi para Atelier Versace. Él no tiene la culpa. Por más cool que seas, si Angelina Jolie quiere ponerse un tiesto de tocado el día de su boda, pues que vivan los tiestos. Y ella no quería tiestos, quería los dibujos de sus hijos en el velo y en la cola.

 

Que conste que a mí me encanta empapelar la casa con los dibujos de mis hijas, pero hacer lo propio con tu traje de novia me parece un delirio. Me da igual que las ilustraciones reflejen momentos de su vida familiar. Que sean ositos de peluche, la familia al completo, cebras, papá en moto o la Torre Eiffel, que manda huevos lo que pintan estos niños, le voy a pedir a mi hija que me dibuje el Taj Majal.

 

Es dejarle las riendas de su estilismo a esta mujer y vestirse de pastorcilla de Lladró color marfil brilli brilli con un velo más pasado de moda que el armario de Camilo Sesto.