Mal tiempo en Invernalia

Pensaba  escribir la semana pasada sobre la nueva temporada de Juego de Tronos pero se me cruzaron al paso los tronos y los pasos de la Semana Santa, la parafernalia sacra contemporánea con la heráldica inventada de esta saga televisiva que transcurre en tiempos remotos y en países que nunca existieron. La comparación entre los ritos de sangre de los bárbaros pobladores de los siete reinos y los no menos bárbaros y sangrientos rituales de nuestra Semana Santa se fundieron, y la utilización de la palabra “energúmenos” para definir irónicamente  a los penitentes  “encapuchados y armados con cadenas, cruces, palos y palmatorias” ofendió a algunos fieles cruzados. No hay nada más ofensivo que una ironía mal comprendida, pero, según los diccionarios, energúmenos son los que se comportan con excesivo entusiasmo y muy entusiastas tienen que ser esos pecadores que se azotan las espaldas con virulencia, se atan a las cruces hasta la asfixia, se rasgan las espaldas con vidrios, cargan pesados grilletes, caminan descalzos sobre la mugre, se arrastran de rodillas… Si eso no es entusiasmo que vengan Dios y el diccionario y me lo nieguen.

En vísperas de tan magnas ceremonias, a la TDT de nuestros pecados le han dado un tajo importante. Habían hecho mal el reparto de frecuencias (completamente de acuerdo) y ahora están intentado estropearlo un poco más con las mismas dosis de arbitrariedad que utilizaron cuando concedieron las primeras licencias creando un galimatías indescifrable e indigerible que muta de unas autonomías a otras, de barrio y de vivienda en vivienda. Me gustaría ver a esos alumnos europeos a los que el informe PISA situa muy por delante de los españoles en cuanto a sus habilidades prácticas, enfrentarse con la programación de nuestra TDT, sintonizar todos los canales de forma lógica y poder conectarse en las mismas condiciones con la cadena de los obispos y la televisión vallecana. Con la nueva reestructuración, o desestructuración, el mapa de la TDT quedará más embrollado que el de Juego de Tronos.

Los adictos a esta serie de espada y brujería, (sword and sorcery) empezamos bien esta cuarta temporada, el envenenamiento y muerte del “rey niño”, pequeño sádico y redomado psicópata, el día de su boda, sacia nuestra sed de venganza y promete nuevas conmociones, más conjuras, conspiraciones cortesanas, sofisticadas intrigas, diplomacia y tentetieso, duelos y quebrantos en un escenario múltiple y con múltiples protagonistas y antagonistas y una profusa nómina de razas, tribus, culturas y paisajes con personajes fieramente humanos y fieras criaturas fantásticas. Un mundo imaginario que no tiene casi nada de utópico, distopía, antiutopía, un mundo en el que no querríamos vivir pero que nos encanta visitar para escapar de una realidad no menos cruel pero mucho más aburrida.

En Invernalia, uno de los siete reinos,  siempre hace mal tiempo y no hace falta recurrir a las previsiones meteorológicas, sin embargo la Semana Santa por estas latitudes resulta impredecible y su pronóstico comprometido por numerosos intereses turísticos, es la prueba de fuego de los meteorólogos de la televisión que hacen auténticos juegos malabares para no comprometerse en exceso con un tiempo primaveral, voluble y capaz de desbaratar todas las previsiones. En el mundo de Juego de Tronos un fallo de este calibre llevaría al profeta, chamán, o augur al tajo del verdugo. Aquí y ahora no se estilan esos métodos, pero pongámonos en lo peor (que es donde solemos estar) imagínense a un hombre o a una mujer del Tiempo que anuncie temporales, chubascos y ventiscas para esos días sagrados. Como secuela caen las reservas hoteleras, se hunde el turismo, sube el paro, no salen las procesiones ni se abren las sombrillas. Imaginen ahora que el meteorólogo se equivoca y los días en los que predijo ciclogénesis explosivas, huracanes y aguaceros  gozan de un sol espléndido y gratas temperaturas sobre las playas desiertas y los hoteles semivacíos. Toda mi comprensión para esa presentadora de los informativos de la televisión andaluza que anunció para el Viernes Santo sevillano, tiempo algo más que nuboso para no mojarse.