Que vienen los vikingos

Una vez al año se puede, piensa el cronista, escapar al riguroso dictado de la actualidad, más rabiosa que nunca, alejarse de los noticiarios y hurtarse de los debates con tertulianos becarios y presentadores interinos. Enciendo el televisor de mis desvelos y veo cómo Marhuenda sigue haciendo guardia en su garita por no afrontar el riesgo de que a la vuelta de las vacaciones le quiten la silla, sus sillas, las que ocupa en estudios, platós, despachos y aulas este infatigable, incombustible y predecible factótum de los poderes fácticos.

“Bienaventurados los vikingos porque ellos los llevan postizos”  o “Corta y navega que vienen los vikingos”, los bárbaros del Norte siempre tuvieron gran predicamento entre los niños españoles incluso antes de que llegara Viki el vikingo para quitarle hierro al sanguinario mito escandinavo y ponerle sentido del humor. No hay mucho sentido del humor en la serie  Vikingos, las bromas suelen ser zafias y brutales y el gesto hosco y el ceño fruncido son las expresiones de diario de estos nobles brutos, que, por supuesto, también tienen su corazoncito, al menos en la serie, aunque nunca se distingue muy bien entre una violación y un arrebato de pasión compartido. En los vikingos salen niñas y  sobre todo niños rubios a los que sus padres enseñan a decapitar de un solo tajo usando reos de verdad. Hay también mujeres de rompe y rasga, en el sentido más literal, que nunca sabes si van darte un beso o una puñalada en el vientre. Así contadas las cosas, en frío y sin adornos parece difícil decidir cuáles eran los méritos de estos héroes implacables,  pero los estéticos están claros:  navegaban en unos barcos de esmerado, aunque rústico, diseño con cabezas de dragón en la proa, por mares impolutos, desembarcaban en playas salvajes, lucían complicados tatuajes y cortes de pelo imposibles, llevaban collares, pulseras y amuletos muy originales y modernos eran rubios y tenían los ojos azules.

A la espera de nuevos episodios de Juego de Tronos (majestuosa saga cuya errática programación deploro), Vikingos es una digna serie de aventuras que proporciona una evasión que no necesita coartadas ni provoca esa vaga sensación de culpa que a algunos nos entra cuando nos dejamos abducir por una serie estúpida, esa sensación de vergüenza ajena en carne propia que experimentamos cuando nos vemos a nosotros mismos enganchados con las peripecias amorosas de Paquirrín, la Pantojita y demás vástagos de sospechosas dinastías, con sus novios y sus exnovias, con sus amigas infieles y los exmaridos calaveras. Como verán he pasado más de una vez por tan amargas vicisitudes, riesgos de este oficio incomprendido y arriesgado, promiscuo y en ocasiones vergonzante.

La próxima entrega de Juego de Tronos se rodará parcialmente en Andalucía, un nuevo reino en el tablero para deshelar los páramos de Invernalia. Si los guionistas quisieran incorporar algunos toques realistas en la producción podrían incluir un suceso digno del Patio de Monipodio y de la mejor tradición picaresca: una falsa empresa española ha organizado un falso casting  para buscar caras nuevas para Juego de Tronos. Lo único cierto de la engañosa oferta es la pasta que han de soltar los candidatos para inscribirse en esta quimérica prueba. La corrupción que contamina a los siete reinos tendría nuevas y jugosas peripecias en Hispania, tierra fértil de pícaros y bandoleros de fina y salerosa. Estampa.