Traducción inversa

La crisis, las pensiones y el sistema

Todavía discutíamos con el globo sonda del Gobierno a cuenta del retraso en la edad de jubilación cuando nos desayunamos conociendo que el presidente del BBVA, Francisco González, decidió que no se retiraría a los 65. Está dispuesto a esperar, pero es por una buena causa: cuando lo haga, cobrará 79,77 millones de euros. Son sus "derechos adquiridos".

  La pregunta, si ustedes quieren, es por qué los términos del debate económico en este país no se plantean a partir de datos como el anterior. A estas alturas de la película, aún hay ingenuos que creen de verdad que son Zapatero o Rajoy los que están capacitados para influir en el rumbo monetario. Si eso fuera cierto, bastaría con intercambiar al actual gobierno con la actual oposición para solucionar el problema. Pero el problema, qué duda cabe, les supera a ambos.

  Puede que vivamos una crisis política a cuenta de la crisis económica, pero lo que es seguro es que el seísmo económico sólo es un síntoma de algo mucho peor. Es el sistema lo que no funciona. No vivimos, en realidad, una "crisis económica". Experimentamos una crisis de sistema. Y en este barco, como en cualquier Titanic que se precie, los pasajeros de primera clase van a salir por su propio pie ocupando una confortable lancha salvavidas y para los demás impera el castizo "sálvese quien pueda".

  Están de sobra, entonces, las escaramuzas estrictamente partidarias. Hay que focalizar de una vez el debate sobre hasta cuándo vamos a tolerar que la banca domine el sentido de nuestras vidas. Debería ser hora de derribar el muro que separa el "mundo libre" de una sociedad simplemente decente.