Transbitácora

Día siete: recursos públicos y dudas científicas

Detalle de portada del Protocolo de Atención a Personas Trans del Gobierno de Canarias. Ilustración de Inmaculada Juárez.

Lo he hecho. He pedido cita para que me atiendan en la Unidad TransCan del Gobierno de Canarias.

Llevaba días en la cuenta atrás, mirando de reojo el calendario. Para luego esta tarde, rezagarme tontamente. Mi hijo pequeño me ha tenido que azuzar para que me fuera de casa: "-¿Tú no ibas a salir?". Y he llegado tarde, por una resistencia inconsciente de última hora.

En el centro de salud el guardia de seguridad, un hombretón de dos metros con bigote me ha preguntado adónde iba, y mi voz  diciendo "a la Unidad de Atención a las Personas Transexuales" ha sonado más aflautada que nunca. Luego en la espera frente a la puerta cerrada de la consulta, los nervios se han agarrado a mi estómago por sorpresa.

Al fin sale la persona anterior, un niño acompañado por su madre. "Qué suerte", pienso: "si mi madre estuviera aquí le daba un pasmo".

Me atiende la médica de familia que gestiona los casos. Un encanto. Enseguida me hace sentir como en casa, y eso que sigo sin resuello ante la perspectiva de la entrevista.

Me pregunta cómo quiero que me trate. Le cuento que con cualquier pronombre que no acabe en "a". Y que no sé si soy un chico trans o una persona no binaria, y que estoy allí para averiguarlo. Su sonrisa se ensancha, e intuyo que he llegado al sitio adecuado.

Sí, tengo 53 años, y soy superviviente de un cáncer de mama con doble mastectomía, como lee en mi historia clínica. Pero además una mujer biológica, activista desde los 20 años por la causa feminista y los derechos LGBTI. Protagonista de una de las primeras bodas lésbicas de Canarias y madre de familia numerosa. Y, a estas alturas del cuento, iniciando una transición sin destino fijo.

¿Y ahora qué?

Mi maestra de ceremonias me tranquiliza. Me explica que hay una batería de recursos públicos para ayudar a las personas transexuales en el viaje hacia su verdadero yo. Primero una consulta psicológica. Luego de endocrinología, en el caso de que decidas hormonarte. También hay una unidad de la voz, en la que evalúan si necesitas apoyo de logopedas o incluso de una pequeña cirugía para hacer tu voz más grave, en el caso de que las hormonas no lo resuelvan. Cirugía plástica para una mastectomía, así como ginecología y urología, en el caso de acometer  cambio de genitales.

Mi mente vuela sin querer al discurso del odio que circula por España en estos días, y que seguramente considera un dispendio que la sanidad pública ofrezca estos medios para algo que medio país no entiende. Medio país que tampoco sabe que la tasa de suicidios entre jóvenes transexuales es alarmante, así como la de desempleo o la enorme dificultad de acceso a una vivienda. La vida es muy difícil para quienes sufren esta feroz discriminación. Además, así como las agresiones a las personas ciegas, extranjeras, o  sin techo están mal vistas por la sociedad, que te peguen en el colegio o te discriminen abiertamente por transfobia no parece tan grave… ¿será que la gente aún cree que ser transexual se elige?

Mi interlocutora me baja a tierra. -"Entonces, ¿te hablo en masculino?". A mí me encantaría, pero a la vez me siento un fraude cuando escucho mi voz, femenina y dulce, tan alejada de donde yo me sitúo. Mi aspecto andrógino, por otra parte, pone a veces en aprietos a quien me habla sin conocerme. Y más aún a mí, que ya no sé con qué género adjetivarme cuando hablo. Sería más fácil si tuviera claro que soy un chico transexual. Por ahora me sitúo en un lugar intermedio para el que no parece haber un lenguaje que no haga levantar cejas alrededor mío. Hay días en que resulta agotador.

Por eso cuando decido pedir cita con cirugía y con logopedia para comenzar con dos cambios que sé que el cuerpo me pide, que son quitar las prótesis que me pusieron tras el cáncer de mama y agravar mi voz, una vocecita interior me dice que quizá estoy tratando de normalizar mi aspecto para encajar en algo que la sociedad vea natural, y así poder dejar de nombrarme en femenino.

Porque el lugar en el que me sitúo es candidato directo a "elle", pero ahí mi formación filológica se da de bruces con los pronombres neutros, aún tan chirriantes en nuestra lengua.

Quizá me estoy equivocando. Y en vez de pasar por el bisturí debería tratar de cambiar moldes. Pero ya mi cabeza no da para más. Habrá que ir viendo, y dar tiempo al tiempo. 

Salgo de la consulta con un puñado de teléfonos de asociaciones de apoyo. Y en los días posteriores voy tirando del hilo de esas personas solidarias que ofrecen su tiempo para dar luz a quienes les siguen en un camino nuevo y desconocido. 

Para despejar sombras en el mío, concierto una cita con un colectivo de apoyo. La trabajadora social que me atiende compensa su juventud con grandes dosis de empatía. Pero no puede evitar patinar al preguntarme por mi orientación sexual para el cuestionario. - Pues hasta ahora era lesbiana, pero ahora no sé. Si al final soy un hombre trans, sabiendo que me gustan las mujeres, supongo que paso a ser heterosexual. Pero si mi género es neutro, ¿cuál será mi orientación? La descuadro con la pregunta, que se queda en el aire.

Rellenamos mi ficha.

- Tienes pareja, hijas e hijos, buena relación con la familia, una red de amigas y amigos alrededor, eres visible en el trabajo y no te han despedido, tienes una casa donde vivir…

Enseguida, me mira con sorpresa y me dice:

- No sé en qué te puedo ayudar. Es la primera vez que atiendo a una persona trans sin problemas.

Siento alivio y a la vez como una bofetada sin manos. Este es el mundo que espera a quienes transitan. Familias que reniegan, burlas y agresiones en la calle, trabajos imposibles. Una vida al margen. 

Vuelvo a casa nadando en un mar de dudas. Aún estoy a tiempo de no caer en el estigma, de no marcar mi biografía para siempre. Quizá me estoy empeñando en algo que podría evitar.

Pero me he embarcado en este viaje para descubrir todas las verdades. ¡No voy a tirar la toalla al primer asalto!

Así que tomo aire y lanzo una pregunta a la ciencia: ¿la transexualidad nace o se hace?

Buscando voces científicas, doy con Silberio Sáez, sexólogo y doctor en psicología. Me han dicho que este navarro es uno de esos profesores que, pudiendo sentar cátedra, prefiere impregnar de debate y de apertura sus enseñanzas sobre Sexología Evolutiva ante sucesivas generaciones de estudiantes de la materia en España. No es sencillo, cuando lo biológico y lo social coexisten en el ámbito trans en el mundo entero con tanta efervescencia en los últimos años. Pero conversando con él  sobre transexualidad y ciencia encuentro respuestas claras que me regalan un zócalo sobre el que cimentar mi escalera.

Ya llega un poco de luz a este descansillo. Sigamos subiendo.