Lo leo, pero no lo creo. ‘My way’, la legendaria canción de Sinatra, está causando muertes en Filipinas. Al parecer, varias personas han sido asesinadas después de cantar el tema en alguno de los típicos karaokes que pueblan el país. En la última década, las autoridades han contabilizado media docena de crímenes con ‘My way’ como móvil. ¿El motivo? La cantan mal. “Solía cantar ‘My way’, pero después de todo el problema que se ha generado he dejado de hacerlo”, dice un vecino. No me extraña.
Incluida en: ‘Otra cosa’ (a la venta en marzo de 2010)
Gracias, Julieta, porque un día dejaste de enrevesar tu música y decidiste componer canciones que pudiera tararear una señora mientras tiende la ropa. Gracias, Julieta, porque tu voz es como ninguna otra, porque tu voz es tu voz. Gracias por comunicar con tanta sencillez y claridad esos pequeños sentimientos cotidianos que si te descuidas pueden transformarse en tormentas. Gracias por esparcir un poco de brillo musical en las penosas ondas de la radiofórmula. Gracias Julieta por esas melodías: siempre personales, casi siempre adictivas. Gracias porque cuando escucho una canción tuya siento que me cuentas la verdad. Gracias porque tus canciones hablan de mí (aunque casi siempre sea el malo). Porque todo esto, incluido tu nuevo single, ‘Bien o mal’, es de agradecer. Esperamos el resto.
Los Arctic Monkeys son cosa seria. Me di cuenta escuchando ‘Humbug’, su último e infravalorado disco. Me convencí ayer, en el Palacio Vistalegre de Madrid, un recinto feo como él sólo, rodeado de tiendas ‘corty’, pero que durante una hora y media se transformó en la mismísima boca del infierno. Fue un conciertazo. Si te lo perdiste, te perdiste mucho.
Una pelea a puñetazo limpio entre tres espectadores frente a una de las barras antes del concierto anunciaba que la noche iba a ser contundente (alarmante, por cierto, la falta de personal de seguridad en el recinto: cerca de un centenar de personas se colaron de la grada a la pista sin que nadie se lo impidiera). Afortunadamente, los tres aficionados al boxeo lograron calmarse y finalmente reinó la paz, como debe ser.
La violencia tenía que venir de otro lado, exactamente del escenario. Los cuatro monos árticos (acompañados de un músico de apoyo que tocaba guitarras y teclados) fueron una apisonadora. Su repertorio amurallado se plantó delante de nosotros como si fuera la mismísima cordillera pirenaica: rock rocoso, agreste, filoso, cortante. Canciones como verdaderas montañas, pesadas y compactas, sin margen para la floritura o la verbena. Sólo hubo un par de ’singalongs’ (ni siquiera propiciados por Alex Turner) y un estallido final de confeti (en ‘Secret door’, creo) que se les perdona porque, qué narices, se realizó con buen gusto.
Dudaba de cómo encajarían sus nuevas canciones (ese stoner-rock pesado y oscuro de ‘Humbug’) con la velocidad hipervitaminada de los ‘hits’ de sus dos primeros discos. Al final, las primeras aportaron la densidad y el suelo del concierto y las segundas sirvieron para encender al público. Sorprendió, sin embargo, la tibia respuesta de la gente a las nuevas canciones (y eso que el disco se publicó en agosto y ya han tenido tiempo de escucharlo). Ni siquiera en ‘Cornerstone’, una balada perfecta para corear, se oyó demasiado a la audiencia. Va a tener razón Alex Turner cuando dice que han perdido muchos fans con su último disco.
Fue hora y media de música sin concesiones ni pausas ni momentos de relleno (de esto deberían aprender, sin ir más lejos, Franz Ferdinand). Tocaron tres cuartas partes de su nuevo disco (mención especial para unas versiones brutales de ‘Crying lightning’ -menospreciada injustamente aquí mismo hace unos meses- y ‘Potion approaching’; a ‘My propeller’, sin embargo, le faltó intensidad y pegada; y faltó una de mis favoritas: ‘Dangerous animals’).
Sus ‘hits’, ‘When the sun goes down’ y una escondida en mitad del repertorio ‘I bet you look good on the dancefloor’, fueron como dinamita para un público donde había mucho, mucho adolescente (detrás de mí, un padre con la hija y su amiga).
Más cosas. Alex Turner cada vez canta mejor. Aunque el sonido sólo fue de aprobado (no es poco para Vistalegre), sus interpretaciones de las canciones llegaron con bastante nitidez y se mostró totalmente concentrado en tocar y cantar, dejando para otros las posturitas y la tontería. Y por cierto, nada de soso o, como le ha llamado alguien, insolente. Turner estuvo majísimo con el personal, presentando varias canciones, hablando en español (”¿Están divertidos?”) y saludando al público de la grada de enfrente (donde estaba yo).
Pienso que fue un concierto sobresaliente y que, a la chita callando, aquel grupo post-adolescente del acné y el Myspace se ha convertido en una de las bandas más prometedoras del momento.
PD: Por cierto, gracias a tortugadorada y sofiita1014 por colgar esos magníficos vídeos del concierto de anoche en el YouTube (¡eso es diligencia!).
Hace unos meses fui al estreno de la película que hizo Julian Temple sobre Joe Strummer (tan floja que en estos momentos no me acuerdo ni del título). Era el típico documental donde se repasa la vida del artista a partir de declaraciones de sus amigos y allegados. Todo bastante tópico para tratarse de una filme del denominado director del punk.
Como Joe Strummer era aficionado a las fogatas campestres, Temple reunió a numerosos artistas que conocieron al líder de The Clash (John Cusack, Johnny Depp, John Cooper Clarke, Steve Buscemi, Jim Jarmusch…) alrededor de una hoguera. Allí iban recordando con altas dosis de emotividad al desaparecido cantante.
A mitad de película sucedió algo muy curioso. De repente, sentado al lado de la fogata apareció Bono, cantante de U2. En ese momento, la mayor parte de la cincuentena de espectadores (críticos y periodistas, fundamentalmente) se empezó a reír. ¿Por qué?
Bono se ha convertido en un personaje de pim, pam, pum, alguien a quién torpedear sin remordimientos en cuanto abre la boca. Sus campañas en África, su presencia en cumbres internacionales y sus entrevistas con altos mandatarios se tildan de oportunistas y mesiánicas. “Va de salvador del mundo”, “quiere limpiar su conciencia”, “lo hace por notoriedad” e incluso “quiere poder y dinero”, se dice. Cualquier momento es bueno para atizarle.
Es cierto que el líder de U2 ha comprado muchas papeletas para convertirse en mono de feria. Sin ir más lejos, recuerdo el momento en el Vicente Calderón, durante la gira de ‘How to dismantle…?’, en el que las primeras filas coreaban el nombre de ‘Niño Jesús’ después de que Bono olvidara el nombre del hospital infantil al que el grupo había hecho una donación. Un lapsus bastante bochornoso.
Sin embargo, desconfío de tanto ensañamiento contra él. Desconozco los detalles de la labor que Bono hace en África (igual luego se descubre que se dedica a blanquear dinero, yo qué sé, pero apliquémosle la presunción de inocencia), pero me da que los que le critican con ligereza no saben mucho más.
¿Es Bono un oportunista? Permitidme que, como mínimo, lo dude. Desde sus inicios siempre mostró especial sensibilidad para los temas sociales y políticos (ya en los 80 colaboraba con Amnistía Internacional y Greenpeace), tanto en la acción directa como en sus propias canciones (baste recordar una tema como ‘Sunday bloody sunday’).
Vamos, que no parece que Bono se ponga una careta solidaria. Sus compañeros de grupo se quejaron de las dificultades que tuvieron para grabar ‘No line of the horizon’ porque el cantante no paraba de viajar de un lado a otro de África. ¿Realmente alguien cree que dedicaría tanto esfuerzo sólo para limpiar su conciencia?
Hay quién le considera un tonto útil por sus encuentros con los grandes mandatarios (George W. Bush, Lula, nuestro ZP…). Otros van más lejos y critican que haya fundado una ONG que no va a solucionar los problemas de raíz que tiene África (¿acaso alguna ONG va a hacerlo?), lo que me parece bastante injusto. Es posible que no cambien estructuras, pero sí curan heridas. No es poco.
Vale: Bush se aprovechó de Bono. Sí, fue un inconsciente por acudir a la llamada del diablo (él mismo lo reconoció más tarde). Pero, ¿por qué no pensar de otra manera? ¿Es imposible pensar que realmente quiera ayudar? Y si es así, ¿es justo el raca-raca contra él? Los que le critican con tanta ligereza deberían pensar, no sé, ¿en ellos mismos?
En realidad, creo que es por diversión. Ayer fue Ramoncíon, hoy en Bono, mañana será…
Pero lo peor y más ridículo es que tanto ensañamiento acaba por afectar a su misma condición de artista. El otro día me encontré en medio de una discusión sobre si canta bien o mal… ¿Será posible?
Sólo por el nombre se merecen la canción de la semana, pero es que, por si eso no fuera suficiente, los Ornamento y Delito guardan en la recámara de su revólver unas cuantas balas en forma de canciones capaces de atravesarte. Sin pedir permiso siquiera. No es sólo que te partas de risa, no es sólo su perverso uso del ruido, no es sólo su voz propia y singular, no es sólo su turbia accesibilidad, no es sólo su capacidad para fabricar anti-hits… No es sólo eso. Hay más, pero lo tienes que descubrir tú. Yo ya he dicho bastante. ‘Madrid’ es su primer y único vídeo, un recorrido por la cara B de la capital (túneles, farmacias y misteriosos portales de la Castellana). En su Myspace puedes escuchar más (no te pierdas el himno ‘Drama de España’, mi favorita). Pocas cosas hay mejores en este mundo que empezar la semana escuchando una canción de Ornamento y Delito. Escúchala y luego mira a tu jefe. Y ponle cara de chulo/a.
Hace unas semanas, publicábamos un artículo donde se evidenciaba que los intereses de los músicos y de las discográficas no son los mismos. Algo parecido ocurre entre los músicos y SGAE, que en principio es la sociedad que defiende sus derechos de autor. Kiko Veneno, en su blog, ofrece datos interesantes sobre el caso:
“La SGAE defiende sólo a los autores, hacía falta un puente con los músicos, pudo haber sido un embrión de sindicato, pero prefirió uno seudo como la AIE. Después cambió la E de España por la de Editores. La mitad de la Sociedad a la que pertenezco desde 1977 es pues de las editoriales, de los intermediarios. El paso atrás dado se ve ahora con claridad, en el debate de la propiedad intelectual las editoriales no pintan nada, pero detentan los derechos. Ellos cobran, y los palos para los autores…”
Hace unas semanas un lector del Detonador al que no conozco de nada, un tal Dani Muñoz, me mandó una canción que había escrito. ‘Daphne’s hands’, era el título.
Se trata de una balada acústica cantada en inglés con claras reminiscencias del folk de finales de los sesenta y, más en concreto, de Nick Drake.
Días después me envió otro tema instrumental, acompañado del siguiente texto:
“No sé, estaba maldiciéndome -como casi cada noche- de toda esta situación. Nick Drake con 19 años, a mi edad, ya había compuesto cosas como ‘Time of no reply’ o ‘The thoughts of Mary Jane’; o Dylan ya estaría por Greenwich Village a punto de conocer a Dave Van Ronk y no tardaría en grabar su primer disco. En cambio yo lo encuentro tan difícil -no niego que sus caminos fueran difíciles en sus principios, pero ya habían hecho más que yo-; escucho a Nick y me parece inalcanzable, lo único que quiero es llegar a su fragilidad en las canciones y ni siquiera encuentro algo que acabe sonando sincero para mí mismo”.
No sé más, ni de él, ni de su música, ni de nada.
Pero leyendo su desazonado mail, me pareció interesante hacer el experimento de colgar los dos temas en el blog para que le deis su opinión al amigo Dani.
Le pedí permiso y él aceptó.
La idea es que seáis totalmente sinceros en vuestra crítica, sea buena o mala. Eso sí, seré especialmente sensible en este post y eliminaré cualquier comentario destructivo o sin fundamento (no seáis malos, que os conozco).
Así que aquí están:
‘Daphne’s hands’
‘Introduction II’
Y esta es la letra traducida de ‘Daphne’s hand’:
“La lluvia viene de donde tú creciste,
y el sol se ha ido de donde yo nací.
Nada excepto yo se moja bajo este árbol,
y tus pensamientos encuentran refugio
sobre las nubes y el cielo,
sobre las nubes y sobre mí;
para dejarme caer, junto a la lluvia.
Puede que un día la lluvia alivie,
pero ahora ya todo es duro y frío.
Y vuelves, para caer junto al herido trigo
y de su ceniza pueda volver a nacer
una vida que ardió un día tocada por tus manos,
manos que ahora vuelven al mar.
sobre el cielo y las nubes y sobre mí;
para dejarme caer, junto a la lluvia”.
Incluida en: ‘Amanece en Pekín’ (Subterfuge, 2009)
El primer plano de la cara de la cantante me inquieta, la florida camisa del guitarrista no puede ser más hortera, los colorines del vídeo empalagan, esa forma estrambótica de golpear el Goliath le quita el morbo a la morbosa cantante, no soporto los contrapicados de una silueta con el sol brillando detrás, el contoneo cursi a izquierda y derecha del guitarrista de pantalón negro y camisa caqui me da repelús, podrían haberse currado un poco más la letra, la batería es rosa, tienen pinta de pijillos (sólo pinta, eh?, no digo que lo sean), ya cansan los vídeos de “grupo tocando en mitad de un bosque”… Pero así y todo, me gusta esta canción de Mamut, grupo madrileño que en 2009 publicó su álbum de debut. La melodía mola, está muy bien cantada, es enérgica, te hace vibrar, tiene una coda final muy chula y los arreglos y la producción no son nada típicos. Además: en su disco tienen no menos de cuatro temas mejores que este ‘Amenece en Pekín’, su primer single. Alguien dijo que eran los Arcade Fire españoles. Yo diría que podrían ser los nuevos Vetusta Morla. Es lunes, amigos, a vivir…
El otro día le oí a alguien que no se puede hablar ligeramente de música buena y música mala porque todo es cuestión de gustos. No estoy de acuerdo. Precisamente porque es cuestión de gustos hay que hablar de música buena y mala. Porque el gusto no es algo que aparezca por inspiración divina, sino que hay que buscarlo, pensarlo, cuidarlo, cultivarlo. Es una cuestión de riqueza: hay canciones que gustan a millones de personas que a mí me parecen rematadamente malas. No tienen calidad. Son flojas. Otra cosa es que, como con la telebasura, nos guste que nos den de comer las sobras debajo de la mesa, como a los perros. Es la diferencia, por ejemplo, en que el amor lo canten Marta Sánchez y Carlos Baute en la insípida ‘Colgando en tus manos’, a que lo haga Richard Hawley en la paralizante y excelsa ‘For your lover, give some time’. Yo no tengo la más mínima duda. ¿Y tú?
Hablar sobre música es como comer pipas: empiezas y ya no puedes parar. El detonador va por ahí: un lugar para hablar sobre música.
¿Qué música? La que no sale en la radio ni en la tele, pero sí en la Red. Internet es una bomba musical y el detonador la hará estallar. De entre los restos, sacaremos las mejores piezas que encontremos (y alguna de las peores, por supuesto).
Lo haremos entre todos, vosotros y yo. Si no puedes vivir sin música, activa El detonador.