Opinión · Balagán

Pueblos escogidos

La reciente aprobación de la llamada Ley de Estado Nación o Ley de la Nacionalidad en el parlamento israelí está suscitando un sinfín de protestas dentro del país, y también fuera del país, aunque en menor cantidad de lo que cabría esperar.

Esta ley en realidad recoge la orden bíblica que Dios dio a su pueblo escogido cuando le ordenó que tomara posesión de la Tierra de Canaán, según cuenta el Pentateuco.

El sábado por la noche decenas de miles de israelíes se manifestaron en el centro de Tel Aviv contra la mencionada ley. Había un número significativo de judíos pero esta vez la mayoría eran palestinos del interior de Israel.

Se vieron algunas banderas israelíes, aunque muy pocas en comparación con las banderas palestinas. Esta circunstancia ha hecho que la derecha arremeta otra vez contra los palestinos de Israel, llamados también árabes israelíes o palestinos del 48.

El primer ministro Benjamín Netanyahu considera que la presencia de banderas palestinas en el centro de Tel Aviv justifica la Ley del Estado Nación.

El uso de las banderas en los tiempos que corren es un arma de doble filo puesto que a menudo significa que dan carta de naturaleza a los nacionalismos, una ideología romántica que no debería tener cabida en nuestros días.

Justamente he terminado de leer el libro de Steven Pinker En defensa de la Ilustración, donde su autor aborda repetidamente el problema de los nacionalismos que amenazan la convivencia y el futuro de la comunidad humana.

Pinker arremete repetidamente contra los nacionalismos, que considera una emanación del romanticismo opuesta a los valores de la Ilustración, es decir los valores universales.

Desde luego, no tiene ningún sentido en nuestros días que se busque volver a un pasado oscuro, como se pretende en Israel con la Ley del Estado Nación. Al contrario, como defiende Pinker, los humanistas de hoy deben defender los valores universales y cosmopolitas, es decir los humanismos que se alejen de leyes como la del Estado-Nación.