El triunfo de Brufau en la pugna por Repsol

Ni en sus mejores sueños debió de ver ANTONIO BRUFAU un desenlace tan favorable para él del enconado pulso que mantenía con LUIS DEL RIVERO por el control de Repsol. Seis meses después del pacto entre Sacyr y Pemex para moverle el sillón, el presidente de la petrolera no sólo ha neutralizado a sus enemigos, sino que además puede vanagloriarse de haber ganado dinero con la operación.

Las razones de este rotundo triunfo son múltiples, aunque la más determinante seguramente sea la debilidad financiera con la que Del Rivero planteó batalla a Brufau por un quítame allá esas pajas sobre el dividendo de 2009. La crisis había hecho mella en las cuentas de Sacyr, que empezaba a vislumbrar en el horizonte dificultades muy serias para afrontar su deuda, notablemente engordada con motivo de la adquisición del 20% de Repsol.

Aquel incidente sacó a la luz las diferencias existentes entre la estrategia a largo plazo de Brufau y la que defendía Del Rivero, partidario de que los accionistas cosecharan cuanto antes los frutos de las inversiones realizadas en los últimos años. Al fin y al cabo, de los réditos obtenidos de Repsol dependía el pago del préstamo de casi 5.000 millones que Sacyr tuvo que pedir a un grupo de bancos en 2006 para meter la cabeza en ella.

Precisamente esas entidades financieras han jugado un papel decisivo a la hora de inclinar la balanza a favor de Brufau, al negarse a refinanciar la deuda de Sacyr si antes no se deshacía de la mitad de su participación en la petrolera; es decir, un 10%. Repsol se ofreció a comprar el paquete temporalmente, pero puso como condición que Del Rivero desapareciese del escenario, cosa que consiguieron sus socios (DEMETRIO CARCELLER, JUAN ABELLÓ y MANUEL MANRIQUE) el 20 de octubre, mediante una revuelta palaciega.

A la defenestración del hasta entonces presidente de Sacyr siguió la ruptura del acuerdo con Pemex, cuya aspiración de sacar más provecho a su presencia en Repsol, que asciende al 9,5%, ha quedado arrinconada de momento. Eso deja las manos libres a Brufau, que puede seguir haciendo y deshaciendo a su antojo con el apoyo de La Caixa, repuesta ahora en su papel de principal accionista (12,8%), aunque nunca ha dejado de ser el verdadero socio de referencia.

La guinda del pastel ha sido la reciente reventa exprés del 5% de Repsol procedente de Sacyr a inversores institucionales, con la que Brufau ha obtenido unas ganacias de 150 millones de euros entre plusvalías y dividendos.