Opinion · Punto de Fisión

El PP antes de ser virgen

Cada día que pasa, el PP tiene menos que ver consigo mismo. Los últimos escándalos relacionados con el omnipresente comisario Villarejo han colocado al partido en la misma situación de aquel señor al que acusaban de haber robado un cerdo vivo, y cuando lo registraban y le encontraban el cerdo gruñendo metido en una mochila a sus espaldas, decía que qué culpa tenía él de que al cerdo ése le gustara viajar en mochila. Es más, el PP ni siquiera sabe que arrastra una mochila llena de mierda desde su fundación, o incluso desde cinco siglos atrás, según Pablo Casado. No sería de extrañar que, tal y como funcionan las cloacas de Interior y los planes del ministerio del Tiempo, empiecen a aparecer grabaciones de Villarejo cenando con el general Mola, con la reina Isabel II, con el Conde-Duque de Olivares y con Carlos III. Llega a conocer David Simon a Villarejo y las cinco temporadas de The Wire no pasan del trailer.

De momento la dirección actual, experta en escupir bien lejos los huesos de aceituna, ha asegurado que no les preocupan los más mínimo estas grabaciones entre Villarejo y el marido de Cospedal informando de las redadas de la Gürtel porque son “cuestiones que tienen bastante años”. Lo menos dos o tres. Sin embargo, hablar de bastantes años en relación con el reinado de Doña Finiquito suena muy extraño, además de grosero, igual que cuando Groucho Marx aseguraba que era tan viejo que recordaba a Doris Day antes de que fuese virgen. Ahora son vírgenes todos ellos (Pablo Casado, García Egea, Marta González), completamente inocentes y felizmente ignorantes de lo que sucedía en este país hasta hace diez minutos. Creen que la Gürtel es una marca de yogur y que la Armada Invencible la alquiló Morenés a cien rupias el navío.

Villarejo espiando a los concejales que denunciaron la trama Gürtel. Villarejo preparando informes falsos contra Podemos. Villarejo dando chivatazos sobre las investigaciones judiciales contra la corrupción del PP. Villarejo espiando a los empresarios en una cena con Mariano. Poco a poco, zurullo a zurullo, va surgiendo la sospecha de si, más que un instrumento al servicio del PP, Villarejo no será la cúspide de esa banda criminal organizada a la que hacía referencia una reciente sentencia judicial y cuyas siglas coinciden, por pura casualidad, con el PP, del mismo modo que aquel misterioso “M. Rajoy” en los cuadernos de Bárcenas. A cada nueva grabación, a cada nueva befa captada por el micrófono, esperamos ya el ronroneo familiar del gato de Blofeld dirigiendo el cotarro de Spectra desde su silla.

Qué sorpresa enterarnos a estas alturas de que Aguirre y Cospedal también están pringadas de Villarejo hasta las orejas. Según Doña Finiquito, la filtración ha salido ahora, en diferido, para desviar la atención sobre la ministra Delgado y echar de paso una cortina de humo al vistoso naufragio de Lopetegui. La nave del PP, con su flamante Capitán Cuñado al frente, se encuentra una vez más ante la espectacular maniobra de hacer creer a su electorado que ellos ni eran corruptos ni lo van a volver a ser: sólo eran sordos, ciegos y tontos de la baba. Ya han arrojado varios ex ministros, todos los tesoreros, un montón de oficiales y varios centenares de casos aislados a los tiburones, pero el pasado es pertinaz y se empeña en salir a flote.