Opinion · Punto de Fisión

Ciudadanos: viajes de aventura

En los últimos tiempos Ciudadanos ha montado una agencia de viajes de aventura donde permite a sus correligionarios vivir experiencias al límite de las que lucen muy bien en los álbumes de familia. Las fotos vienen al pelo para presumir luego con familiares y vecinos: escaladas al Himalaya en camiseta, descenso de barrancos sin cuerda, buceo entre tiburones con una anchoa sangrando metida en el bañador, surfing en maremotos, paracaidismo sin paracaídas y cosas así. Después, cuando la experiencia se tuerce o la ola se encabrita o el barranco se embarranca, siempre hay tiempo de llamar a los equipos de rescate y de quejarse a las fuerzas de seguridad por no haber puesto a los tiburones, al Himalaya o la ley de gravitación universal en su sitio para que ellos pudieran disfrutar a tope con el peligro.

Si la montaña no va a Ciudadanos, no importa, que Ciudadanos acudirá a la montaña, así sea el desfile del Orgullo Gay, una manifestación feminista o un mitin en Alsasua, localidad donde cuentan con tres votantes por lo menos y les da pena dejarlos solos. Pactan con una formación homófoba y xenófoba, que considera a los homosexuales depravados o enfermos mentales, y después les extraña que no quieran saber nada de ellos al lado de las carrozas que transitan por Madrid en defensa de los derechos de la comunidad LGTBI. Pero si algo caracteriza a Ciudadanos, y especialmente a Albert Rivera y a Inés Arrimadas, es su capacidad para estar en todos los ajos a la vez, de ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro, llevando la bandera arcoiris en una mano mientras hacen política con la otra al lado de unos neandertales que creen que la homosexualidad es una aberración y el matrimonio gay algo semejante a la unión de dos hermanas viudas.

El victimismo de Inés Arrimadas ha alcanzado cotas desconocidas de impudor en su baño de multitudes en Madrid, una plaza donde se está dando a conocer después de sus actuaciones triunfales por Cataluña. Ha pedido la dimisión de Marlaska por «alimentar el odio» cuando si hay alguien que lleva años echando palos y árboles a la hoguera del odio es Arrimadas. Una mujer a quien no le gusta poner etiquetas cuando se trata de Vox ha llamado «fascistas» a los manifestantes que la insultaron y abuchearon. La violencia llegó hasta tal punto que un montón de gente llegó a sentarse en el suelo para impedir la marcha del Orgullo Facha y algunos hasta llegaron a utilizar pistolas de agua.

Inés Arrimadas está a dos manifestaciones de quitarle el puesto a Gustavo Biosca, el Cómico Suicida que entraba en una herriko taberna haciéndose pasar por un mago que convertía la ikurriña en una bandera española. O que se ponía a gritar con un altavoz, en medio de una marcha neonazi, que si Franco levantara la cabeza, no pasaría nada, porque era un enano que ni siquiera iba a tocar la losa. O que intentaba aleccionar a los musulmanes a la salida de la mezquita de la M-30, diciéndoles lo equivocado que debe de andar el islam con lo buenos que están el jamón y el vino de Rioja. Uno de los momentos en que la performance de Biosca alcanzó la agresión física fue en Gibraltar donde se puso a vocear «¡Yonquis de la reina!» y luego preguntó al público si conocía la diferencia entre un gibraltareño y un mono del Peñón. Fácil: que el mono no habla con acento andaluz.