Punto de Fisión

Arquitecta sin papeles

Debido a alguna especie de conjura judeo-masónica internacional (o quizá más bien yihadista internacional, que la fobia de la ultraderecha por los judíos hace tiempo que pasó de moda), la patriótica pareja formada por Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros no para de salir en los papeles relacionada con diversos escándalos inmobiliarios. Primero fueron las irregularidades en la reforma de su chalet de Chamartín y después la venta de tres lofts en el barrio de Salamanca a más de medio millón de euros cada uno y sin licencia de habitabilidad, lo cual llevó al desalojo de los compradores que habían confiado en la palabra de este peculiar matrimonio.

En realidad esto último sucedió hace años, pero ha sido ahora cuando la noticia ha salido a la luz, quizá para desviar la atención del hecho de que la pareja se vio obligada a cerrar el despacho de arquitectura que Monasterio tenía en uno de los sótanos de su chalet, ante la inminente clausura por parte del Ayuntamiento al no contar con licencia de actividad. Se ve que el amor a la patria de esta gente no conoce límites, sobre todo administrativos. Uno de estos días les van dedicar un número especial desplegable y a todo color de la revista Cosas de casa.

Todavía estaban calentitos en las portadas los jugosos detalles de la película Loft Story, cuando se ha publicado una nueva primicia en el ya abultado currículum inmobiliario del matrimonio. Esta vez ha sido el descubrimiento de que Rocío Monasterio, en un verdadero alarde de precocidad profesional, firmó planos como arquitecta varios años de obtener la titulación oficial. Lo habitual en los estudiantes corrientes y molientes es sacar la carrera primero y ponerse a trabajar después, pero la niña prodigio de la ultraderechona invirtió el orden de los factores sin alterar el producto, firmando a dos manos planos, presupuestos y certificados de obra mientras empezaba los estudios. Con Rocío Monasterio todo es posible, desde ser más española que nadie habiendo nacido en Cienfuegos, municipio de Cuba, hasta diseñar edificios por ciencia infusa.

Para explicar esta perturbadora anomalía temporal y, de paso, intentar zafarse de las críticas, Monasterio publicó ayer en su cuenta de twitter una foto de su época de jornalera a destajo en la que aparecía considerablemente embarazada, dando a entender vete a saber lo que quería dar a entender con esa foto. Probablemente que Vox abarca todas las modalidades del espectro laboral, desde Monasterio (que curraba como una inmigrante ilegal, sin papeles, quitándoles el trabajo a los arquitectos de verdad) hasta Abascal (que ha chupado de la teta administrativa sin cotizar y sin dar un palo al agua toda la vida).

Monasterio asegura que hacía lo que muchos otros jóvenes españoles, trabajar y estudiar a la vez, aunque antes de finalizar los estudios lo normal es trabajar de camarera o de profesora particular, no de arquitecta en funciones sin estar colegiada y sin tener el título. Como muchos otros jóvenes -dice citando, de refilón y quizá sin saberlo, a Jaime Gil de Biedma-, ella vino a llevarse la vida por delante. La concesión de diplomas caídos del cielo es todo un clásico de nuestra clase política, desde el famoso máster de Pablo Casado al de Cifuentes, pero Monasterio ha dado un nuevo impulso a la disciplina al incluir la precognición entre sus facultades mágicas. Dice también que no se acuerda si de era o no era arquitecta en 2003 y hay que reconocer que es endiabladamente difícil acordarse de algo que no ha sucedido. Y que no iba a suceder por lo menos hasta pasados nueve años. Yo me saqué el título de Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid allá por 1989 y todavía me acuerdo, aunque, la verdad, tampoco me acuerdo ahora si era arquitecto.