Ecologismo de emergencia

La destrucción y abandono de la Comarca del Moncayo soriano

En este momento, sobre la Comarca del Moncayo soriano gravitan tres actuaciones muy dañinas sobre el medio natural: una industria altamente contaminante centrada en Ólvega, grandes instalaciones de ganadería intensiva, cuyo mayor exponente es el proyecto de la macrovaquería de Noviercas, que está previsto que cuente con más de veinte mil vacas; y una ampliación, ahora en trámite de información pública, de una explotación minera a cielo abierto. En las tres es al agua, el elemento natural necesario para que se puedan llevar a cabo, y a la vez el que más se vería afectado por esas actuaciones.

Esta realidad no ha surgido de la noche a la mañana. Es fruto de más de 50 años de una práctica social y política, en la que la oligarquía local ha sido favorecedora de una industria fuertemente subvencionada desde la Junta Castilla y León, y regentada a día de hoy por grandes grupos de inversión extranjeros.

Desde que Emiliano Revilla vendiera en 1986 al grupo Unilever España el 90% de las acciones de su industria soriana por algo más de 9.000 millones de pesetas, una buena parte del emporio agroalimentario español ha pasado a manos de empresas multinacionales.

El polígono industrial de Olvega, que lleva por nombre el de Emiliano Revilla, ha absorbido elevadas sumas de dinero público. En el mismo se asientan algunas industrias muy contaminantes, como ocurre con importante industria quesera, que ha estado vertiendo durante años un río blanco de suero de leche, que terminaba su recorrido en el pantano del Val a través de la deficiente depuradora de Ágreda. O el de otra empresa también muy contaminante, apoyada económicamente desde la administración castellanoleonesa, dedicada al tratamiento de los residuos tóxicos de disolventes y barnices que llegan en camiones desde fábricas que están en el otro extremo de España, hasta terminar sus días en el polígono industrial de Ólvega, y con una parte de sus componentes en el fondo del eutrofizado embalse del Val.

Cabría preguntarse a este respecto, por qué las empresas del polígono industrial no hicieron frente a la depuración de sus vertidos en su municipio mientras la depuradora se instaló en Ágreda, a 12 kms. de distancia y con tal desastroso resultado que, en este momento y nuevamente con dinero público, es preciso rehacer tanto la depuradora como el colector que une las dos poblaciones.

De igual modo, la localidad de Ólvega sigue aumentando la demanda de caudales hídricos para nutrir su subvencionada industria, a la par que condena a la sed a los pueblos de la ladera del Moncayo, como Cueva de Ágreda o Beratón, con problemas en el abastecimiento de agua. Pueblos a los que se les apunta hacia el abandono y la emigración, como única alternativa.

Esta manera de hacer se empezó a convertir en costumbre 40 años antes de que nadie hablara de la "España Vaciada" y hoy permanece plenamente vigente. Es desde algunos despachos de determinados grupos financieros e inmobiliarios, desde donde se aconseja a ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas qué actividades se debe potenciar, cuánto dinero hay que facilitar y qué ordenamiento legal se debe diseñar para favorecer este modelo. De esta forma se establece un canal opaco de financiación pública de iniciativas empresariales que conforme pasa el tiempo, cambian de manos a la velocidad que determinan los mercados financieros, mientras deja en el fondo del paisaje soriano un precipitado de contaminación y desigualdad territorial.

Así ocurrió con algunas empresas de la zona, y a ello apunta la apuesta macroganadera de Noviercas y el masivo aprovechamiento de las magnesitas de la explotación minera de Borobia.

No faltará quien considere que este tipo de prácticas generan trabajo y prosperidad en la zona donde se asientan. Claro que nadie se puede oponer a iniciativas empresariales que, armonizando materias primas, capital y trabajo, generen beneficio a sus promotores y, de acuerdo con una imprescindible "responsabilidad social corporativa", también al medio social y natural que las sustenta. Pero la realidad que nos muestra la comarca soriana del Moncayo está muy lejos de este paradigma. En la vertiente soriana del Moncayo se lleva a cabo una explotación masiva e insostenible de sus recursos, con el consiguiente deterioro del medio ambiente, y muy especialmente de sus recursos hídricos, tanto superficiales como subterráneos.

La emergencia climática que estamos viviendo, las migraciones, la concentración de la población en el litoral, deberían ser oportunidades para desarrollar y recuperar estas comarcas que han sido tradicionalmente maltratadas cuando no, efectivamente, "vaciadas". La solución es sencilla, necesaria y de progreso para las dos vertientes de Moncayo, y pasa por dar cabida, desde una gestión verdaderamente democrática, participativa y sin la tutela de grandes corporaciones, a iniciativas empresariales respetuosas con las personas y el entorno, sin olvidar que junto a polígonos industriales (bien gestionados) puede crecer un Parque Natural como fuente de turismo, rutas guiadas, restauración u hostelería. Ejemplos de éxito en esa dirección ya existen, además de la agroganadería tradicional que ha sido la vida de estos pueblos, la producción de alimentos de calidad como las manzanas de Valverde, el cardo rojo de Ágreda, las hierbas aromáticas de San Felices o la cría extensiva de vacuno y porcino en Borobia, encuentran buena acogida en el mercado y también, en el mismo Borobia, el Observatorio Astronómico hace su aportación a las herramientas de desarrollo de la comarca.

En definitiva, la comarca del Moncayo, como otras muchas partes de la España interior, necesita de una gestión sostenible de sus potencialidades, lejos de tópicos y de las tradiciones seculares de clientelismo social y político que han construido el "vacío" del que están llenos sus horizontes. Y al mismo tiempo es precisa una administración decidida y rigurosa que canalice adecuadamente la inversión pública para que la colaboración "publico-privado" no se convierta en un mero trasvase de fondos a los grandes grupos financieros.

La gestión de la "España Vaciada" es mucho más compleja que una mera aportación de dinero público para financiar proyectos de desarrollo, pues se corre el peligro de que vayan a ser los "vaciadores" los encargados de resolver el "vacío".

- Nuestro español bosteza.

¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

Doctor,.. ¿tendrá el estómago vacío?

- El vacío es más bien en la cabeza.

 

Antonio Machado.

Campos de Castilla. 1912