El desconcierto

De poderes oscuros y números rojos

Pueden que existan poderes oscuros, como los que insinúa Pedro Sánchez tras las urnas andaluzas, pero de existir nada podrían hacer sin los números rojos que enmarcan la economía desde la guerra de Ucrania. Son los precios crecientes de la gasolina, alimentación, luz y gas los que conspiran contra el gobierno progresista envuelto por una imparable conspiración inflacionista. Con precisión que la honra, la ministra Nadia Calviño habla de los trimestres complejos  con los que se enfrenta la Moncloa que se traducen en continuas encuestas nada favorables al PSOE.  Esos señores con puros, aludidos por el presidente Sánchez, se lo fuman con fruición con los billetes de la inflación.

Los hogares ven bastante disminuidos sus ingresos, los salarios reales ven decreciendo trimestre tras trimestre al igual que el  bajo nivel de consumo desciende alarmantemente. Las previsiones para el próximo año, en el que debemos acudir a las urnas, son aún peores. El tan pregonado escudo social del gobierno progresista de Sánchez apenas puede ir más allá de paliar las brutales consecuencias del proceso inflacionista. Que si ya era elevado antes del 24 de febrero, se ve multiplicado por el enfrentamiento bélico en territorio ucraniano entre las grandes potencias. La soga que hoy rodea el cuello de Sánchez es la inflación, la que en el inmediato mañana puede rodearle es todavía peor, la recesión.

Paradójicamente, el mayor éxito sociopolítico de la Moncloa en esta última semana, la organización de la cumbre de la Otan en Madrid, es su mayor problema económico. Al contrario de la visita del presidente Eisenhower  en diciembre de 1959, que favoreció  e impulsó la salida neoliberal de la autarquía franquista, la de Biden en junio de 2022, perjudica y acelera la crisis económica. No, por supuesto, por mala voluntad sino porque esa guerra que se desprende de las reuniones del bloque militar agudiza la inflación, empeora el coste bélico y borra del horizonte cualquier mínima perspectiva de poder intentar despejar los nubarrones que se ciernen sobre la Moncloa.

Si la guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Sovíética consolidó a Franco, la actual guerra caliente entre los Estados Unidos y Rusia, perjudica extraordinariamente a Sánchez. Que España fuera un pivote estratégico en el anterior enfrentamiento entre Washington y Moscú estabilizó tanto el Pardo como desestabiliza hoy a la Moncloa que lo siga siendo entre Biden y Putin. Así será mientras Alemania y Francia no puedan impedir la locura bélica que tiene como escenario el viejo continente. No parece, sin embargo, que los esfuerzos por el diálogo que protagonizan Macron y Scholtz vayan a fructificar en los dos años que aún quedan para que el presidente Biden salga de la Casa Blanca.

La conclusión parece evidente. O Sánchez imita a Suárez con los pactos de la Moncloa, o le va a ser bastante difícil no ser devorado por los cuatro poderes visibles de la gasolina, alimentación, luz y gas. Sin una política pactada que redistribuya los costes de la guerra, para que no caigan solo sobre las espaldas de los que siempre  se ven obligados a soportarla,  esos tétricos cuatro jinetes del Apocalipsis, que cabalgan sobre la sociedad española, acabarán entrando en la Moncloa. Si el centro derecha de Feijóo y el centro izquierda de Sánchez se disponen hoy a  votar juntos sobre la guerra mucho más fácil es que voten mañana  sobre una política de rentas que haga frente a las consecuencias de la guerra.