La soledad del corredor de fondo

El régimen contraataca

En 1979 el economista francés Michael Aglietta publicó, Regulación y crisis del capitalismo, considerada como la obra fundadora del enfoque de la regulación. Uno de los conceptos básicos de dicho enfoque es el de "régimen de acumulación" entendido como el conjunto de normas y marcos institucionales que regulan el capitalismo de un país en un momento histórico concreto, que con su agotamiento, determina su crisis, la "crisis de régimen".

Aunque con un significado diferente, el uso de este concepto "crisis de régimen" se ha generalizado dentro de la izquierda española, entendido como la crisis del marco institucional heredado de la transición, y que en la actualidad marcaría la línea divisoria de la política nacional entre las fuerzas defensoras del régimen actual y las que quieren un cambio.

Este escenario de cambio vs continuismo tiene en 2015 su punto culminante al coincidir cinco citas electorales, de las cuales las andaluzas son la primera parada. Al igual que una final a cinco partidos de la ACB, el resultado final habrá que analizarlo en función de todos los procesos y no de uno, pero de este primer resultado cabría sacar la conclusión que el régimen ha comenzado contraatacando.

Podríamos caracterizar el "régimen" español como aquel cuyo eje se encuentra en la hegemonía que ejerce la banca (eje central del capitalismo español), la cual canaliza el excedente por medio de la imposición de un régimen social sustentando en el ajuste salarial y una organización del trabajo basada en la precariedad estructural, que se reproduce a nivel político-institucional a través de un bipartidismo imperfecto. En mi opinión, el resultado de las elecciones andaluzas no pone en cuestión a ninguno de ellos.

El adelanto electoral en Andalucía ha sido junto a la abdicación del Rey, el gran acierto del bipartidismo, que con la potenciación de Ciudadanos y la ayuda de una coyuntura internacional marcada por el petróleo barato y la compra de deuda por parte del BCE, ponen las bases para que los "poderes fácticos españoles", intenten hacer de 2015, el año del "contragolpe".

Después de las elecciones europeas, Francisco González, Presidente del BBVA, declaraba que era necesario "crear un Podemos de derechas". A partir de ahí, el apoyo del capital financiero a Ciudadanos ha dado como resultado uno de los fenómenos políticos más espectaculares de todo Europa, colocando al pequeño partido de origen catalán con 8 escaños en Andalucía, cuando hace dos meses nadie contaba con esa posibilidad. Al PP le sale un competidor por la derecha muy serio, que si en Andalucía obtiene ese resultado, nos podemos imaginar lo que puede alcanzar en Madrid o Valencia, competidor que sin embargo tiene la "virtud" de evitar que ese voto acabe en la abstención o en las fuerzas del cambio.

El 22 de diciembre la hoy triunfante Susana Díaz, acudió a la Moncloa y en su rueda de prensa dijo la frase clave del momento "por encima del PSOE me preocupa España"; comenzaba el cuestionamiento de Pedro Sánchez y debate de la "gran coalición". Desde la derecha mediática y los círculos empresariales de Madrid se sitúa a Susana Díaz como la dirigente clave en la estabilidad del sistema.

Teniendo en cuenta los datos de la jornada electoral andaluza, se puede afirmar que la estrategia política de "contención" del sector financiero español está surtiendo efecto, no definitivo, pero tampoco desdeñable. Ciudadanos y Susana Díaz son los triunfadores de una jornada electoral que indica que en Andalucía no se ha votado por el cambio.

En cuanto a la izquierda, los análisis corren el peligro de quedarse en la "epidermis" del problema. Por parte del equipo central de Podemos dirán que el adelanto electoral no les ha beneficiado, y sin decirlo, se reafirmarán también en la idea de que Izquierda Anticapitalista es una "rémora". Por su parte, IU se dirá que la culpa la tiene el haber participado en el Gobierno.

En mi opinión hay tres elementos que pueden darnos una explicación más compleja: en primer lugar, bajo un clima de desmovilización, poco cambio va a haber; en segundo lugar, la fragmentación de la izquierda impide que ésta sea vista como una alternativa; y finalmente, y para mi más importante, la base social de la izquierda es insuficiente, lo cual obliga a ensanchar la misma, y eso lleva a mirar a las capas trabajadoras, lo que hace de lo socio-económico la centralidad de cualquier estrategia político-electoral futura.

Queda mucho, el cambio es posible, pero no subestimemos al adversario.