Fuego amigo

Plan de verano

Durante este mes de agosto algunos columnistas de Público nos hemos tomado vacaciones en la letra impresa. Como lo mío es devoción, más que profesión, mantengo abierto el blog (no os prometo refrescarlo todos los días), esta casa vuestra y mía, nicho de bolcheviques y mencheviques, de rojos con intensidades que van desde el rosado, al rojo clavel o al rojo chillón, y que desemboca en el maldito rojo y el bastardo negro. Es decir, una curiosa casa que lo mismo acoge a los devotos de la hoz y el martillo que a los de la hoz y el martini.

Si queréis aceptar un consejo de alguien mayor, como yo, dejad que el espíritu golfo del verano pene entre en vosotros, no renunciéis a lo que consideráis irrenunciable, pero daos de hostias con la ideas, no con las personas. Tomad aire, que queda mucha brega para el próximo curso.

Lo digo muchas veces: nadie está en condiciones de repartir carnés de izquierda o progresista. Entre nosotros hay mucha gente que se jugó el tipo en la calle en los años ominosos, defendiendo el derecho a huelga o las libertades de expresión y de reunión, justo para que hoy podamos debatir en libertad. Muchos de los que se enfrentaban con piedras a la policía no habían leído en su puta vida ni una línea de Marx, Engels o Bakunin, pero intuían en qué consiste el valor de la justicia, sabían distinguir, entre el policía y el caballo, cuál de los dos era el animal más noble: simplemente por la mirada dulce del caballo.

Algunos tuvimos que enfrentarnos a tribunales militares (si queréis saber en qué consiste el miedo, probad uno) y secuestros de publicaciones; otros lo pagaron con el exilio, la cárcel, la tortura (como mi amigo Martínez Soler) o la muerte. Eran tiempos en que resultaba mucho más fácil distinguirnos, porque contra la hidra, el enemigo que lo ocupaba todo, vivíamos y luchábamos mejor. El enemigo sigue siendo el mismo, la injusticia, la pobreza, la corrupción, la impunidad… aunque dediquemos tantas horas a debatir el método.

Centremos, pues, el debate (sólo el debate, ¡por dios!) en el enemigo común.

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Otra meditación para hoy, y un poema:

En estos días hemos hablado acaloradamente sobre los dogmas, religiosos, morales, filosóficos y políticos. Algunos, quizá los mayores del blog, todavía bajo los efectos traumáticos de haber vivido los peores años del franquismo, saltamos como felinos heridos cuando vemos sacar a pasear los dogmas. Nuestra infancia y juventud ha sido acunada con dogmas de todo tipo, en cuyo nombre se han cometido todo tipo de tropelías.

Os dejo un poema de León Felipe, un antídoto contra los dogmas, que me viene bailando una temporada por la cabeza. Si no os lo pongo, reviento. A vuestra salud.

Yo no sé muchas cosas, es verdad

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

que la cuna del hombre la mecen con cuentos...

Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos...

Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos...

Que los huesos del hombre los entierran con cuentos...

Y que el miedo del hombre

ha inventado todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas es verdad.

Pero me han dormido con todos los cuentos...

Y sé todos los cuentos.