Pato confinado

Pollo al horno: una receta estilo al ast

Receta pollo al horno.
Pollo al horno, estilo al ast casero. Pato Confinado.

El pollo al horno es una receta que tiene nombre de domingo. Día de celebración. Homenaje. Paladar familiar. Fiestas de infancia... El pollo al ast, en cambio, tiene apellido de playa, de comilonas en la costa catalana o valenciana, con la caricia de la brisa marina en las panzas alegres, única prueba fehaciente de la existencia de dios.

Ambos pollos pueden ser uno en tu casa. En Pato Confinado te explicaremos cómo hacer este delicioso pollo cubierto de especias y aromas, jugoso, si sale bien, con un estilo al ast casero. Puede acompañarse de patadas asadas.

Se trata de una receta popular que bien hecha es sabrosa. El truco es saber jugar con las especias y el marinado. Como en todos los pollos al horno o asados, la cocción, larga y sin prisas, debe ser exacta.

Receta de pollo al horno, estilo al ast

Pollo asado al horno
Pollo al horno con su salsa.

Ingredientes 4 personas:

  • 1 pollo entero fresco. Si es ecológico o de corral mucho mejor.
  • 1 limón (opcional).
  • 2 manzanas ácidas.
  • Tomillo.
  • Curry.
  • Orégano.
  • 5 dientes de ajo.
  • Pimienta.
  • Romero.
  • Laurel.
  • Hierbas provenzales.
  • Sal.
  • Caldo de pollo (opcional).
  • Vino blanco o rancio.

Elaboración:

1. Tu nombre es especia:

Todo pollo asado o al horno parte de un marinado correcto. El pollo al ast requiere generosidad con las especias. Necesita además bastante sal, por dentro y por fuera. Lo ideal es macerarlo el día anterior (24 horas). Masajear bien la piel con aceite de oliva, y añadir por encima los condimentos, que los has podido machacar en un mortero: curry, tomillo, orégano, pimienta, hierbas provenzales, romero, laurel en polvo... Masajear otra vez. Las especias deben cubrirle la piel, de arriba a abajo y por los costados. De un día a otro, las carnes absorberán los aromas. Si llegas tarde, intenta hacerlo a primera hora, por la mañana. Échale también los condimentos en el interior, que ha tenido que ser previamente vaciado por el carnicero.

2. El relleno:

Con unas ramas generosas de tomillo y unos cuantos ajos bastaría. Pero si quieres algo más elaborado, introduce en el interior del pollo cuatro o cinco ajos enteros y las manzanas cortadas en dados. En algunas recetas le ponen medio o un limón, pero dependerá de si te gusta que deje su regusto ácido en este plato. El relleno del pollo asado es un arte en sí mismo, que permite múltiples variaciones: puedes incluir una cebolla pochada anteriormente en la sartén, algo de carne picada o longaniza, también frita, frutos secos (como pistachos), setas, etc. Para sellar el relleno, átale las patas con una goma para asar o, en su defecto, con un poco de hilo.

4. Patatas, perfectas acompañantes:

Puedes poner en el horno, junto al pollo y en la misma fuente, como base, unas patatas cortadas en panadera con su piel. Esto hará de pequeña elevación para el ave, y ayudará a una cocción más homogénea. Añade especias a las patatas también. Otra opción es poner el pollo sobre una bandeja de rejillas de horno y con la fuente de patatas por debajo, para que los jugos vayan cayendo sobre ellas. Es una posibilidad a tener en cuenta si queremos que el pollo se ase mejor.

3. Hornear el pollo:

Aquí es donde te la juegas. Lo primero: algunos cocineros ponen la pechuga boca abajo, para que los jugos se dirijan a ella, ya que es la parte más insípida. Más tarde le dan la vuelta para que se haga por arriba. La temperatura debe ser homogénea: 180 grados. Intenta alargar el tiempo de cocción a una hora y media (riégalo al final si es necesario). El pollo debe introducirse en el horno cuando esté caliente. En la base de la fuente, puedes echar aceite de oliva, un vasito de vino blanco, y un pelín de agua o caldo de pollo. Esto ayudará a que no quede seco.

4. Regar el pollo al horno:

Puedes regarlo de vez en cuando, pero solo si el pollo ya está bien avanzado en la cocción y con la corteza algo crujiente. Hazlo con los propios jugos del asado, o con una mezcla de caldo de pollo, agua y vino blanco o rancio. Sin pasarte: que no inunde la fuente, pero sí que deje buena salsa para el final. Lo ideal es que los jugos acaben caramelizándose sobre la piel.

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