Tedetesto

Café con leche para todos

Durante unos segundos el sueño olímpico madrileño parecía a punto de cumplirse, el enviado especial de la Sexta se descolocó entre el general bullicio y leyó mal las pantallas: España y Estambul pasaban a la siguiente ronda y Tokio se despedía de la pugna. Algo no cuadraba, la candidatura turca parecía destinada al fracaso, entre otras cosas, tener frontera con Siria no parecía una buena recomendación, y la capital nipona había emergido de las turbias aguas radiactivas de Fukushima con una ofensiva basada en su buena situación económica y en su descollante modernidad tecnológica. Una final entre Tokio y Madrid nos habría permitido al menos mantener el tipo con una derrota honrosa de esas que tanto nos gustan porque nos permiten asumirlas con elegancia y retórica, con una de esas frases históricas que dignifican la derrota (ya saben, honras, barcos, escuadras, elementos…). Con lo bien que lo estábamos haciendo según nosotros mismos, teníamos los deberes casi hechos y nuestra propuesta rezumaba austeridad haciendo de la necesidad virtud y siguiendo los consejos de la Merkel y las consignas del FMI. El triunfalismo de la candidatura madrileña generaba sospechas y perplejidades. ¿Estarían drogados?. La alcaldesa de Madrid parecía haberse tomado algo más que un "relaxing cup of café con leche" para darse ánimos y qué decir del adusto presidente de la nación, un personaje que parecía diseñado a medias entre El Greco y Mingote que promocionaba la emblemática simpatía y la hospitalidad del pueblo español con aire funerario y sonrisa de circunstancias.

Ni culturas, ni arquitecturas, ni infraestructuras, el único tema que parecía interesarles era el de la sangre de la Operación Puerto, el dopaje se imponía al coraje y ante las inoportunas preguntas de los periodistas, aquella alcaldesa respondía saliéndose por peteneras, ventajas de no saber inglés. Los comisarios del COI querían algo más que un café con leche en la Plaza Mayor para decantarse por Madrid. El mercadeo negro de votos a cambio de prebendas es la auténtica especialidad de los miembros del COI y la economía española no les iba a dar muchas alegrías. Algunos olimpiólogos (tiene que haber gente pa tó) ya habían advertido que el tener terminado el ochenta por ciento de las infraestrucuras podría ser más obstáculo que ventaja porque mermaba las dimensiones del posible negocio. Leo en alguna parte que un comisario justificaba su cambio de voto por un suculento contrato para construir infraestructuras en Tokio. El "sushi" se impuso a la paella, pero ya se sabe que el pueblo español (¿o son los toros?) se crece en el castigo, que somos expertos en derrotas numantinas y saguntinas, pero lo que no esperábamos era que nos hicieran abandonar el terreno de juego por la puerta falsa y a las primeras de cambio. Frente a Tokio hubiéramos tenido una derrota más honrosa.

Traición, conspiración, indignación, decepción y denuncias de un amaño que nunca hubiéramos denunciado de haber sido a nuestro favor pero, por muchas medallas póstumas que se ponga el presidente del comité español sobre su mortaja, no fue nuestro lobby tan fuerte como nos lo pintaba. La hora de las plañideras y del crujir de dientes inunda las pantallas domésticas con un coro de lamentaciones y jeremiadas. El batacazo olímpico amenaza con desbaratar la impertinente euforia de un gobierno que parece drogado con algo más que tazas de café, estimulante y no relajante como piensa la Botella. Llanto de tertulianos, lágrimas de cocodrilos (de Lacoste) por los malos momentos que se avecinan para el fondo de reptiles. La última incorporación al equipo, el último fichaje para reforzar la banda de Marhuenda en la Sexta, es el de Miguel Angel Rodríguez, mamporrero mediático y bocazas irredento. El M.A.R. siempre vuelve a empezar. Rebuzna luego cabalgamos. Se supone que Rodríguez no tardará mucho en recibir la tarjeta roja y ser expulsado de la cancha por juego violento y atropellos continuados, pero de momento su alineación semanal promete emociones fuertes y bajas pasiones a porrillo.