Caídos por España

Mientras el Papa desembarcaba en Santiago, Zapatero huía a Afganistán. Se comprende, aunque luego el presidente tuvo que volver para oler de cerca el humo de los cirios en Barcelona. También se comprende. Lo que me sorprendió del pequeño salto a la convulsa república islámica es esa ceremonia en que ZP rendía homenaje a los soldados españoles muertos en este ya largo conflicto asiático. “Caídos por España”, se podía leer en una expresión lapidaria. Y es lo que no entiendo. Me parecería mucho más lógico un rótulo que rezara “Caídos por Afganistán” o, si se prefiere, “Caídos en la lucha contra el terrorismo internacional”, aunque seguro que los que ven los abusos del Pentágono en esa pantanosa guerra encontrarían más apropiado un “Caídos por el imperialismo” o algo similar.

Me da la impresión, en todo caso, que el ejército español se ha modernizado en estos últimos años mucho más intensamente que su retórica. Y es que su epitafio favorito recuerda mucho –demasiado- a los “Caídos por Dios y por España” del franquismo. Aunque se haya eliminado la alusión escatológica, la lógica discursiva sigue siendo la misma. Considerar que un soldado que muere, normalmente de accidente, en Afganistán, en Kosovo o en el Líbano ha muerto “por España”, ¿no es un exceso semántico un poco ridículo?

Lo que delata todo eso, claro, es el viejo nacionalismo, tan arraigado en todo cuartel que se precie. Y eso es lo inquietante, porque ejército y modernidad me parece una pareja óptima, pero ejército y nacionalismo… mejor que sean dos términos pulcramente divorciados. Para que nadie “caiga” en ninguna tenebrosa tentación.