Traducción inversa

La ingenuidad de Zapatero

  Ahora que se han apagado ya un tanto los ecos del debate de política general, sería el momento de evaluar con un poco de sosiego algunas de las medidas que propuso, desde la tribuna del Congreso, el presidente Zapatero. Anunció, por ejemplo, que pensaba facilitar un ordenador portátil a cada alumno, comenzando por los de quinto de primaria. Y supongo que lo hará, claro. Pero como me pagan por dar mi opinión, se la voy a explicar: esto me parece una ingenuidad.

  Aunque es obvio que el horizonte digital es imparable, y que en diez o veinte años todo nuestro mundo se va a convertir en una larga lista de ceros y unos proyectándose contra el infinito, creer que los males de nuestro sistema educativo (30% de fracaso escolar) se solucionan repartiendo portátiles es errar claramente en el diagnóstico. Doy por sentado que el presidente tiene buenas intenciones al respecto. Alguien debería explicarle, sin embargo, que la digitalización de las aulas no es garantía en absoluto de que se vayan a corregir con ello los graves problemas que padece el sector.

  En realidad, el mal de la escuela sólo tiene un arreglo: mejorar las condiciones que permiten a un  docente dar su clase. Miren qué pasa en Finlandia (número 1 en el ranking del informe Pisa): allí sólo los mejores acceden al cuerpo docente, su salario es más que digno y no tienen a 30 o 35 alumnos por clase. Ese es el secreto. Con eso y con una simple tiza y una pizarra de las de toda la vida se pueden multiplicar los panes y los peces educativos, y formar ciudadanos libres y cultos. El ordenador es útil, pero no es la panacea. El milagro es de naturaleza humana.