La trama mediática

Corridos venezolanos

Dispongan sus mejillas para recibir besos de hermano con sabor venezolano. Y tengan cuidado, que bajo los labios asoman los colmillos. Abre el desfile, desde La Gaceta, Carlos Dávila con una declaración de desamor al embajador Isaías Rodríguez: "Este indeseable, acólito babeante del ‘gorila rojo’, debe saber mucho de torturas, los venezolanos de la oposición conocen muy bien en su propio cuerpo cómo se las gastaba el sujeto. Siempre cree el ladrón que todos son de su condición".

Sin tiempo para perderse en lo bajo del escalafón, Hermann Tertsch apunta su columna de ABC a la mera cabeza coronada por la boina roja y, en el mismo viaje, a un señor de León: "¿Qué poder tiene Hugo Chávez sobre este Gobierno? ¿Qué es lo que sabe o tiene Hugo Chávez para que el Gobierno español no se atreva siquiera a salvar su propia cara ante la atónita opinión pública española? No pongan objeciones a la pregunta, que la que hace Luis María Anson desde El Mundo no es precisamente para Oscar al mejor guión original: "¿Por qué no te callas, Hugo Chávez?" Tremenda ocurrencia.

Otra vez la "Fiesta"

Y ahora, les muestro la muleta y se me vienen todos para acá, que ya saben que el Senado le ha puesto proa a la declaración de las corridas de toros como bien de interés cultural. Bueno, el Senado no; han vuelto a ser "ellos": "El PSOE contribuyó ayer de manera decidida a asestar una nueva estocada a la Fiesta Nacional", tiraba de metáfora facilona ABC en un editorial. La Razón, que últimamente no da tregua a su hermanastro mayor, lo mejoraba bastante: "La bancada socialista no tuvo arrojo ni arrestos en el lance para dejar libertad de voto a sus senadores, algo que sí hizo en el Parlament cuando se prohibieron en Cataluña, y prefirió atarlos en corto. Faena cobardona de los socialistas ante el pitón derecho".

Saquen los pañuelos y aprovechen para secarse el sudor frío que probablemente les provoque uno se los entusiastas espontáneos de Libertad Digital, de nombre Alberto Gómez Corona. Va por tí, Federico: "El programa de la izquierda consiste en la destrucción de las instituciones nacionales, personales, morales, religiosas y económicas para que cada uno pueda librarse de lo que le moleste con solo desearlo".

Y en el postre, el editorialista de Cope faltando al octavo mandamiento sin rubor: "La Iglesia no es propietaria de medios de comunicación para mantener una isla de posición social ni para ejercer un poder". Ya.