La ‘fumata bianca’ de una Europa oscurantista

19 Nov 2009
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¡Habemus líderes, conciudadanos europeos! Claro que no sabemos por qué, ni cómo, han sido designados dos políticos semidesconocidos, un belga jesuítico y pactista, y una baronesa inglesa que jamás se ha sometido a las urnas, para dirigir la gran Europa unida y representarnos ante el mundo como el paradigma de libertad y democracia.
Tampoco tenemos idea de qué trapicheos han ido tejiendo nuestros gobernantes durante estas últimas semanas, qué regateos hicieron entre ellos –a menudo en irreproducibles conversaciones telefónicas–, para acabar pactando dos personajes tan poco carismáticos. Porque resulta que todo ese cambalache se ha hecho a espaldas de los electores, en cónclaves a puerta cerrada tras los que no se admitían preguntas periodísticas, hasta alcanzarse el complejo trueque que ahora encumbra a los que pronto reclamarán transparencia a los demás países y exigirán que sus dirigentes rindan cuentas a la ciudadanía.
Lo que sí se sabe es que el presidente tenía que ser conservador, pero conciliador; estadista, pero sin mucho peso; de un país fundador, pero no de los grandes… no fuera a ser que acabara por creerse que de verdad preside la UE. Y que el Alto Representante para la Política Exterior debía ser un hábil político; pero sin verdadera ambición de gobierno, ya que los que la tienen, como el británico Miliband, prefieren quedarse en su país a luchar por el poder.
¡Y lo hemos logrado! Ya tenemos un neoliberal puro, opuesto a las ayudas sociales para mitigar la recesión, en presidencia, y una economista sin bagaje diplomático, en Exteriores. Él es muy católico y ella es mujer, así que sin duda han acertado por nosotros.
¡Enhorabuena, líderes de la Europa del futuro!

Salvar a los que mueren de hambre no es urgente

17 Nov 2009
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Ya es una burla. El grandilocuente compromiso de la cumbre de Roma de reducir a la mitad, en 2015, el número de personas que pasan hambre en el mundo no está acompañado de fondos, ni de mecanismos, ni de controles. Es decir, no se cumplirá.
En el último año de crisis global ha aumentado en 170 millones el número de víctimas de la hambruna, sin que las ocho grandes potencias económicas fueran capaces de cumplir su promesa de aportar, para combatirla, una minúscula fracción de lo que han entregado urgentemente a la banca. Se ve que la muerte de un niño cada seis segundos por desnutrición no les parece tan urgente.
Ahora nos dicen que rebajarán la descomunal cifra de famélicos en 500 millones, y en sólo seis años, al tiempo que se niegan a desembolsar entre todos una cantidad inferior a la que estafó Bernard Madoff; un dinero que la FAO está pidiendo para los campesinos pobres del planeta, que suman un tercio de todos los habitantes de la Tierra. Si esos agricultores –castigados por el cambio climático– no reciben ayuda inmediata, serán incapaces de alimentar a miles de millones de personas. Pero tampoco eso es urgente para los miembros del G-8.
El Programa Mundial de Alimentos ha tenido que pedir donativos individuales por primera vez en su historia, ante la falta de aportaciones de los países ricos. Intenta hacer frente a una docena de emergencias en las que está en juego la vida de millones de personas, pero sólo ha recibido la mitad de lo que necesita. Es decir, le falta una décima parte de lo que Wall Street va a repartir sólo en bonus a final de año, para celebrar los extraordinarios resultados obtenidos por la banca financiera gracias al dinero público.
Los que se están muriendo de hambre pueden esperar.

Derribar un muro para levantar más

10 Nov 2009
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Hoy todos tratan de arrogarse el mérito de haber causado la caída del Muro. Según los estadounidenses, fue la firmeza de Reagan; para los europeos, fue la flexibilidad de la Realpolitik de Kohl; y a los rusos no les cabe duda de que fue la perestroika, aunque no felicitan a Gorbachov, puesto que su debilidad provocó el hundimiento del imperio soviético, algo que Putin ha calificado como “la mayor catástrofe geoestratégica del siglo XX”.
Ayer, los gobernantes de toda Europa se felicitaban por la reunificación del continente que comenzó hace 20 años, sin mencionar que ese derribo del bloque comunista no fue en absoluto controlado: la catastrófica implosión balcánica nos sumió de nuevo en los horrores de las guerras y la limpieza étnica; la desintegración de la URSS
trajo aún peores genocidios en el Cáucaso y enfrentó a las repúblicas ex soviéticas; la ampliación atlantista y comunitaria agudizó las tensiones con Rusia sin acabar con la división Este-Oeste ni con el abismo Norte-Sur.
Mañana, habrá que preguntar a esos líderes tan satisfechos de la gran demolición, por qué no desmantelan los nuevos muros que levantaron sobre los escombros del viejo: el de Tijuana a El Paso, que niega la libertad económica a los mexicanos; el de Cisjordania, que encarcela a los palestinos en la miseria; los de Ceuta y Melilla, que apartan a los africanos de la prosperidad; el del Sáhara, que veta la autodeterminación de un pueblo; los del Ulster, que aún separan por religiones; el de Río, auténtica barrera entre ricos y pobres… y el que la UE ha obligado a alzar a Polonia en su frontera oriental para cerrar el paso de los ucranianos.
¿Qué estamos celebrando?

¡Sigue siendo la economía, estúpido!

08 Nov 2009
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Los políticos republicanos de EEUU y la mayoría de los analistas conservadores en todo el mundo van a tratar de convencernos de que las derrotas electorales demócratas del martes, 3 de noviembre, suponen un duro revés, incluso una desautorización, de Barack Obama, justo un año después de ganar las presidenciales.
Pero el análisis de los exhaustivos sondeos a pie de urna demuestra que tanto en Virginia como en Nueva Jersey la mayoría de los votantes sigue apoyando la gestión de Obama en la Casa Blanca, pese a que eligieron a los candidatos republicanos. Lo que realmente les movió a votar contra el senador Deeds y el gobernador Corzine no sólo fueron la decepcionante campaña del primero y la desastrosa gestión del segundo, sino sobre todo la preocupación por la crisis económica y el aumento del paro.
Una vez más, “¡es la economía, estúpido!”, como escribió James Carville, el estratega electoral de Bill Clinton, en la pared de la sede de campaña presidencial demócrata, para disuadir a todos los que pretendían centrar el discurso de candidatura en otros temas. Y ni siquiera Obama tiene la receta mágica para salir rápidamente del hoyo económico en el que nos metieron los neocon.
Aún así, los republicanos no deben entregarse a las celebraciones, pues su partido perdió un escaño en el Congreso que mantenía en su poder desde hace más de un siglo. Y la derrota fue posible porque los nuevos líderes de ese Grand Old Party se empeñaron en descabalgar a su propio candidato, Dede Scozzafava, por apoyar el derecho al aborto y los matrimonios gays.
Al final, esos ultraconservadores no sólo han perdido el escaño, sino que han demostrado que la derecha republicana no tolera en sus filas a políticos moderados.

Abdullah gana la legitimidad que ha perdido Karzai

05 Nov 2009
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En un país del que a duras penas controla los alrededores de su palacio en la capital, dependiente para su supervivencia de los más de 100.000 soldados extranjeros que combaten a los talibanes, desprestigiado por los escándalos de corrupción y narcotráfico de sus aliados, colaboradores y hasta familiares, y desacreditado por sus vínculos con los señores de la guerra, Hamid Karzai tiene poco que celebrar tras ser proclamado vencedor de unas elecciones fraudulentas e incompletas.

Una vez perdida toda legitimidad, la comunidad internacional incluso le humilló al obligarle a aceptar un resulta- Abdullah gana la legitimidad que ha perdido Karzai Punto de vista do que ponía de manifiesto su fraude y le dejaba a unas ultrajantes tres décimas de punto de la victoria. Así que ahora no le queda más remedio que pactar con Abdullah Abdullah para formar un Gobierno mínimamente estable, que le conceda un nuevo margen de crédito en el exterior y le garantice el apoyo de la poderosa minoría tayika en el interior.

En cambio, Abdullah sale fortalecido de la pugna, no tanto porque ya es el indiscutible líder de la hasta hace poco fragmentada oposición, sino sobre todo porque podrá imponer a gente de su equipo en el nuevo Gabinete, sin tener que quemarse personalmente con esa difícil apuesta política. Así podrá quedarse en la retaguardia, a la espera de la caída definitiva de Karzai.

Al presidente ya le queda poco por perder, pero si no demuestra muy pronto con hechos que va a enmendar su desastrosa gestión, no sólo habrá fracasado él sino que arrastrará al abismo a toda la alianza militar extranjera.

Obama tiene que estudiar la URSS

02 Nov 2009
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Siete años después de invadir el país, por orden de los líderes políticos y en contra del criterio de la cúpula militar, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas informó al presidente:
“No hay un solo lugar de Afganistán que no haya sido ocupado por nuestras tropas en un momento u otro. Sin embargo, la mayor parte del territorio sigue en manos de los terroristas. Controlamos los centros provinciales, pero no podemos mantener el control político del territorio que conquistamos”.
“Nuestros soldados no tienen la culpa. Han combatido con increíble valor en condiciones adversas. Pero ocupar temporalmente ciudades y aldeas tiene escaso valor en ese inmenso país, donde los insurgentes pueden sencillamente desaparecer en las montañas”.
“Necesitamos más tropas y equipos. Sin ello, sin contar con muchos más hombres, esta guerra continuará durante mucho, mucho tiempo”.
La transcripción es auténtica, pero no se trataba del general de las fuerzas de la OTAN informando a Barack Obama, sino del mariscal Serguéi Ajromeyev, héroe de la batalla de Leningrado, tratando de explicar al Presidium del Politburó del PCUS, el 13 de noviembre de 1986, por qué los 110.000 soldados soviéticos desplegados en Afganistán con el mejor armamento del Ejército Rojo eran incapaces de vencer a los muyahidines afganos. Su informe, mantenido en secreto hasta ahora, acaba de ser desvelado por el Kremlin y debería ser objeto de atento estudio en el Pentágono y la Casa Blanca.
Ajromeyev explicó muy claramente las razones por las que un Ejército convencional está condenado al fracaso en Afganistán: “Hemos ganado un 99% de las batallas y escaramuzas que hemos librado, pero el problema es que a la mañana siguiente la situación es idéntica a la de antes del ataque, como si no hubiera habido combates. Los terroristas están de nuevo en el pueblo donde los habíamos derrotado, o eso creíamos, el día anterior”.
Está claro que en aquella guerra contra la URSS los insurgentes afganos recibieron fondos y armas de poderosos padrinos, empezando por EEUU y Arabia Saudí, mientras que ahora los talibanes sólo reciben financiación indirecta de fundaciones islamistas, y apoyo logístico de un sector de los servicios secretos paquistaníes. Pero no es menos cierto que las fuerzas soviéticas bombardearon implacablemente las poblaciones con una ferocidad (se estima que en sus nueve años de ocupación perecieron 800.000 afganos) que las tropas de la OTAN no pueden emular, por mucho que a menudo cometan también matanzas de civiles.
Así que antes de ordenar el envío de más tropas a Afganistán, Obama debería estudiar a fondo la experiencia de la URSS en ese agreste país imposible de conquistar. El jefe del Estado Mayor soviético, Nikolai Ogarkov, avisó hace 30 años a Leonid Brezhnev de que sus tropas quedarían empantanadas en el laberinto afgano y el mundo islámico en peso se volvería contra ellos. Nueve años después, con el Ejército Rojo en plena retirada, los niños de Herat apedrearon la columna de tanques soviéticos sobre los que íbamos, en repliegue desde Kandahar, unos cuantos periodistas occidentales.
Ojalá no despidan igual a nuestras tropas cuando llegue el momento de retirarlas.

Una cruda alianza entre el islam y China

26 Oct 2009
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En menos de un mes, los precios del petróleo se han disparado un 25%, hasta superar los 80 dólares por barril, sin que la incipiente recuperación económica pueda justificar semejante encarecimiento. Así que, planteaba hace pocos días The New York Times, “la pregunta más desconcertante es ¿por qué es tan alto el precio [del crudo] mientras el mundo sigue inmerso en una de las peores recesiones en más de medio siglo?”
La primera explicación está en la debilidad del dólar, que anima a los inversores con euros y otras divisas a comprar stocks petrolíferos en la moneda norteamericana. Maniobra especulativa que esperan rentabilizar cuando se cumplan las previsiones de una gran demanda, el año próximo, por parte de Asia.
Esa es la segunda explicación. China y otras potencias asiáticas se están recuperando de la crisis financiera global con una celeridad inusitada: la recuperación económica más rápida que haya vivido Asia en los últimos 50 años. Los países asiáticos y del Pacífico son responsables del 87% del aumento del consumo energético mundial. Eso, claro, multiplica los precios de las fuentes de energía.
La tercera razón, menos conocida, es la falta de elasticidad del sistema de cotización del petróleo, una vez terminada la era en la que los productores podían extraer rápidamente más crudo en cuanto subía la demanda. Los antiguos pozos en funcionamiento cada vez producen menos porque su capacidad está en declive, mientras que la recesión mundial y la anterior caída de precios frenaron las inversiones en exploración de nuevos yacimientos y desarrollo de nuevos métodos de extracción. Además, las reservas de fácil explotación, el petróleo barato, están en países complicados (como Arabia Saudí, Irak e Irán) o cuyos gobiernos han limitado el negocio de las transnacionales (como Venezuela, Brasil y Rusia).
Según los altos ejecutivos de las multinacionales petrolíferas, su margen de beneficios cuando el barril de crudo está a menos de 60 dólares no les permite invertir en nuevos pozos. Más aún, dicen que el suelo mínimo es de 70 dólares/barril para que su industria prospere. Así que eso es lo que han conseguido, permitiendo una drástica caída de las reservas, con la ayuda de la OPEP, que por primera vez ha cumplido a rajatabla su decisión de reducir la producción para elevar los precios.
En consecuencia, los analistas prevén que el barril estará en torno a los 100 dólares en los próximos años, sobre todo a causa del renovado crecimiento económico de China. Pero existe un cuarto motivo, del que también es protagonista el gigante asiático: su afán por controlar las reservas mundiales de crudo le ha llevado a liderar la maniobra para reemplazar al dólar, como referencia de pago del petróleo, por una cesta de monedas con el euro, el yuan, el yen y una nueva creada por los países del golfo Pérsico.
Ahora bien, ¿por qué el mundo islámico está ayudando a China en ese empeño? No hay más que pensar en las decenas de miles de árabes que han muerto en la guerra de Irak para comprender que Bush perjudicó a los intereses de EEUU más de lo que se cree, al empujar a los países musulmanes en los brazos de la otra superpotencia planetaria.

Otra catástrofe humana evitable

21 Oct 2009
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Cuando, en primavera, el Ejército de Pakistán atacó a sangre y fuego el bastión talibán del valle de Swat, 2,5 millones de civiles huyeron de los combates. La mayor parte de esos desplazados perdieron sus hogares y casi todas sus pertenencias, pero unos 280.000 hallaron al menos refugio en una veintena de campamentos levantados al sur del valle con tiendas de campaña de las organizaciones humanitarias.
Esta vez, el Estado Mayor paquistaní no ha previsto establecer ni un solo campo de acogida para los fugitivos de Waziristán del Sur, pese a que una tercera parte de la población ya había escapado de la región antes de que comenzara, el sábado, la gran ofensiva militar contra los talibanes mehsud.
Más aún, las Fuerzas Armadas incluso impiden que los grupos caritativos locales hagan llegar alimentos a los refugiados de esa etnia. En Dera
Ismail Khan, la polvorienta localidad junto al Indus adonde va a parar la mayoría de los que sobreviven al agreste descenso de las montañas, hace ya un mes que no se distribuye comida para los desplazados.
Además, hasta la ONU se ha retirado de la zona, después de que murieran cinco de sus empleados en un atentado suicida contra la oficina del Programa Mundial de Alimentos en Islamabad. Así que la población civil está totalmente desvalida, a las puertas del invierno, frente a los desastres de esta guerra contra los combatientes de
Hakimullah Mehsud, quien a sus 28 años se ha hecho con el liderazgo de Tehrik-e-Taliban, tras la muerte del anterior jefe de esa alianza de 13 grupos pashtunes socios de Al Qaeda.
¿Es, acaso, inevitable la nueva catástrofe humana en la que se va a precipitar la región?
Pakistán aduce que un 80% de los 200 atentados suicidas cometidos en el país en los últimos dos años fueron lanzados desde Waziristán del Sur, en su mayoría organizados por Qari
Hussain, primo de Hakimullah. Pero el verdadero cáncer radica en la influencia de los mehsud que ocupan altos cargos en el Ejército y la Administración, y que ya frenaron la anterior ofensiva militar en la región, en febrero de 2008.
Incluso si esos talibanes fueran ahora derrotados, poco afectaría a la insurgencia en Afganistán, pues se apoya en las tribus wazir, más al norte, que hasta saldrían ganando de la derrota de sus ancestrales rivales mehsud. En cualquier caso, la guerrilla talibán que mata a los soldados de la OTAN está dirigida por la Shura de Quetta, que actúa impunemente en esa capital del Baluchistán paquistaní, sin que el Gobierno haga gran cosa por evitarlo.
El presidente Obama acaba de firmar un gran aumento de la ayuda de EEUU a Pakistán (7.500 millones de dólares en cinco años), pero los militares paquistaníes siguen agitando la propaganda anti-estadounidense. La razón es simple: el Ejército y los servicios secretos de Pakistán pretenden convertirse en imprescindibles mediadores entre un desmoronado Gobierno afgano de Karzai y unos talibanes desgastados por la ofensiva. De esa forma obtendrían la hegemonía en el inexpugnable país vecino, cuyo territorio consideran retaguardia natural frente a su verdadero enemigo: India.
Y poco les importa el sufrimiento de los millones de civiles atrapados en esa guerra.

¿Creen que nos chupamos el dedo?

16 Oct 2009
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A veces, demasiadas veces los políticos parecen creer que todos nos chupamos el dedo. A menudo niegan la evidencia más palmaria de sus tejemanejes o protestan –fingiéndose indignados porque concluyamos lo que dicta el más elemental sentido común– de que les acusemos de interesados, falsos o mentirosos. Pocas, muy pocas veces admiten de inmediato sus culpas, aunque se les haya pillado in fraganti; y casi siempre alegan una ingenua inocencia a todas luces incompatible con sus éxitos en la lucha por el poder.

Así es como el presidente Sarkozy pretende ahora que nos creamos que él no tiene nada que ver en la fulgurante ascensión de su hijo Jean, sino que a sus 23 añitos es el mejor de todos los candidatos posibles para dirigir el distrito parisiense que rivaliza con la City de Londres por convertirse en el principal centro financiero de Europa.

Y no sólo es el jefe del Estado sino muchos otros dirigentes de su partido los que insisten en convencernos de que el omnipotente padre no influyó en absoluto en el ascenso de su retoño hasta la dirección de la mayoría derechista que rige la rica región de Hauts-de-Seine, casualmente el bastión que sirvió de trampolín para la carrera política del actual presidente francés.

Igual que es casual, claro, que el Elíseo retocase un decreto para adelantar el cese del actual presidente de la EPAD, de forma que Jean Sarkozy accede al cargo justo a tiempo de gestionar la ambiciosa remodelación de La Défense, impulsada por su padre, que ascenderá a mil millones de euros… si no se excede el presupuesto.

Es pura maledicencia, dicen los aliados de Sarkozy, aducir que un estudiante de segundo curso de Derecho, y con menos de dos años de experiencia como concejal en todo su currículum, no esté más que preparado para esa tarea de alta dirección. Además, agregan, es normal que sea precoz, puesto que es hijo de un “genio político”.

Lo que no es normal es que nos traten de imbéciles.

El mundo al revés de los espías e Irán

02 Oct 2009
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Cuando Obama eclipsó la cumbre del G-20 al comparecer, con Sarkozy y Brown, para denunciar la nueva planta secreta de Irán para enriquecer uranio, ante el mundo pareció que EEUU volvía a presionar a sus aliados para actuar contra los presuntos planes de un país enemigo de fabricar armas de destrucción masiva. Así que, lógicamente, se despertó un sano escepticismo internacional sobre la autenticidad de las pruebas esgrimidas por los mismos servicios secretos que se inventaron el inexistente arsenal nuclear, químico y bacteriológico de Sadam.
Lo que muy pocos sabían entonces es que esta vez es precisamente el espionaje estadounidense el que está poniendo en duda que Teherán intente producir la bomba atómica, mientras que son los europeos e israelíes quienes insisten en que esos son los planes del régimen de los ayatolás.
De lo que se trata ahora no es de si la República Islámica desarrolla un programa de enriquecimiento de uranio, el paso más importante y arduo para construir un arma nuclear, puesto que está claro que lo hace, alegando que quiere ser autosuficiente en la producción de combustible para centrales generadoras de electricidad. Lo que cuenta es si los científicos militares iraníes están diseñando y construyendo, o no, una ojiva atómica que pueda ser lanzada con los misiles de largo alcance Shahab-3.
Pues resulta, según los espías norteamericanos, que no lo están haciendo desde que detuvieron ese tipo de investigación en 2003; una conclusión que alcanzaron tras conseguir penetrar en las redes informáticas y las comunicaciones gubernamentales internas de Irán, y que fue expuesta por vez primera en el Informe Nacional de Inteligencia de 2007.
Por supuesto, los israelíes disienten por completo de esa estimación y sostienen que el propio líder supremo, Jamenei, dio en 2005 la orden de reemprender el diseño de una cabeza nuclear; motivo por el que están amenazando, no muy sutilmente, con actuar unilateral y militarmente, como si la doctrina neocon de Bush siguiera vigente. Pero el problema es que ni siquiera sus fieles amigos estadounidenses se creen esa versión, pues se apoya en indicios “endebles y circunstanciales, y los israelíes no pueden documentar sus alegaciones”, explicó hace unos días The New York Times.
Ahora bien, mucho más sorprendente es la obstinación con la que alemanes y franceses se empeñan en mantener –durante los contactos entre mandos del espionaje de los distintos países– que Irán sí trata de fabricar armamento atómico. Los germanos son, en este caso, los más duros y aseveran que ese programa militar iraní nunca se interrumpió, teoría que apoyan en las pruebas aportadas el año pasado durante un juicio en Alemania sobre envíos a Irán de alta tecnología embargada.
En cuanto a los franceses, sospechan que los inspectores de la Organización Internacional de la Energía Atómica no han revelado todas sus averiguaciones, por lo que exigen los anexos que utilizan en sus discusiones internas para elaborar los informes públicos sobre Irán.
Vaya, que hace sólo unos meses que nos libramos de Bush y ya está pareciéndoles Obama demasiado blando.