Con la presentación de decenas de candidatos sobre los que cae la sospecha de prevaricación, delito electoral, cohecho y otros instrumentos criminales específicos para vaciar las arcas públicas, el PP quiso comprobar si entre sus votantes la amnesia es un valor que se cotiza al alza. Visto el resultado de las elecciones, saben que poseen un cheque en blanco para la insidia y la calumnia, aunque sea poniendo en peligro el crédito internacional de este país al que tanto aman pero que no dudarían en hundirlo para así poder salvarlo a continuación.
Ellos ya gestionaban comunidades autónomas y ayuntamientos en quiebra técnica que pagan a sus proveedores a 600 días, como la Calamidad Valenciana, pero quieren extender esa sensación de inseguridad a todos los territorios ganados en las últimas elecciones para que comprobemos que la culpa es… de Zapatero, de cuyas garras vienen a rescatarnos.
Con ello están preparándose para las medidas de “ajuste duro”, o sea, la pérdida progresiva del llamado estado de bienestar que tanto estorba a las leyes del santo mercado. Y de paso, para justificar la fiebre recaudadora que aqueja a todas las haciendas públicas, desde la estatal a las locales, en una especie de cacería del contribuyente que se nos viene encima, como el pedrisco. De algún sitio habrá que sacar el dinero, y supongo que ya adivináis de dónde.
Tienen como antecedente esa bula de la Agencia Tributaria, que nos puede notificar por carta el embargo de nuestra cuenta bancaria por no haber hecho, por ejemplo, una declaración de IVA… que jamás hemos cobrado. No importa. Ciscándose en el estado de derecho, no es Hacienda quien debe demostrar nuestra culpabilidad sino que somos nosotros los que tenemos que demostrar nuestra inocencia. Jugada perfecta, pues las pequeñas haciendas públicas, en su desesperación, ya están tomándole el gusto al atraco a nuestras cuentas corrientes, conocedoras de que tienen cuatro años para devolver lo que ilegítimamente nos han retenido y embargado.
Cuatro años, o sea, toda una legislatura, para una nueva modalidad de saneamiento de las arcas públicas. Parece ser que se va a llevar mucho en la próxima temporada. Atentos, pues, al correo. Vuestros buzones van a ser una continua caja de sorpresas y sobresaltos. Todo por la patria, todo por la pasta.
Desde la autoridad que me confiere ser presidente de la VAVT, o sea, de las Víctimas de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) quisiera manifestar por qué no me he manifestado el pasado fin de semana con esa sección peripatética de manipulación de víctimas del Partido Popular.
No me manifesté con ellos porque su presidente, Mariano Rajoy, justificó su ausencia por problemas de agenda. Si él no va, yo tampoco. Los protocolos presidenciales son así de rígidos. Es una justificación idiota, ya lo sé, pero tengo que ponerme a su altura para que me entienda. En el lenguaje político estas necedades se disculpan por la misma complicidad con la que hablamos muy seriamente de los Reyes Magos con nuestros hijos: “Mariano es que no podía venir porque no le avisaron con tiempo”, diría Cospedal con gesto pícaro de o sea fijaté tú. Y todos lo comprendimos, o sea.
Podría parecer que ese partido bipolar está haciendo esfuerzos hasta el ridículo para captar votos desde la extrema derecha al extremo centro, repartiéndose los papeles de fachas y demócratas con la profesionalidad de los actores de tragedias. Pero en ellos nada es lo que parece. Acudió, eso sí, lo más escogido de la extrema derecha del partido, mezclada entre la multitud, como gente corriente y piadosa, sensible al dolor de unas víctimas del terrorismo que, mediante una adecuada manipulación, pasan a ser víctimas de Rodríguez Zapatero.
Esa extrema derecha acompañaba en su dolor a los voceadores de lemas como “Zapatero, embustero” o “Rubalcaba a prisión”, en una manifestación organizada en principio para que el gobierno español impidiese que Sortu, la izquierda abertzale, pueda presentarse a las elecciones. Nada les importa que eso sea precisamente lo que hizo el gobierno hace ya semanas, o que las fuerzas de seguridad sigan deteniendo a etarras.
Por eso, como víctima que soy de esa asociación de víctimas del terrorismo que utiliza cruelmente el dolor de todos los españoles para la batalla política, exijo para mí el respeto que niegan impúdicamente a las víctimas del terrorismo que ellos dicen defender.
Las víctimas, también los que somos sus víctimas, nos merecemos un mayor respeto.
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Meditación para hoy:
Hace mucho tiempo que no introduzco una meditación. Tendré que meditar sobre este asunto.
En las últimas elecciones autonómicas a las que se presentó, y perdió, el homo antecessor del PP, Manuel Fraga, abrió campaña en Galicia enseñando en público un informe médico sobre su estado de salud. Era tal la sospecha de fraude electoral que recaía sobre el PP por utilizar a los muertos en el censo, que supongo que don Manuel quiso dejar patente que él era un vivo, algo que, por cierto, nadie dudó jamás.
En la quinta provincia gallega, es decir Argentina, yacimiento habitual de votos de la derecha, curiosamente había por entonces más centenarios gallegos con derecho a voto que en toda Galicia junta. Era proverbial la capacidad de los emigrantes conservadores para conservar (también)… la salud, muertos de una vitalidad pasmosa.
Pero ya se sabe que la utilización de los muertos en la lucha electoral es una pulsión incontrolable para el Partido Popular. No renuncian a apropiarse de las víctimas de ETA ni siquiera ante el bocado suculento de ese casi medio millón de extranjeros con derecho a voto, que han incrementado sospechosamente los censos electorales. Son insaciables.
En pueblos de Castellón, gobernados por el PP, donde cualquier modalidad de fraude puede tener asiento, se han encontrado incrementos en el censo de hasta el 56%. En Ourense, cuyo presidente de la Diputación, del PP, es aquel padrino que animaba a sus huestes en las últimas elecciones a “robar” los votos, si fuese menester, en 35 ayuntamientos se han detectado anomalías censales. En Xinzo de Limia, donde el censo creció en 122 personas en tan solo un mes, el que fuera delegado de Medio Ambiente en Ourense con Fraga tiene censada a toda su familia en casa de un vecino… al que ni conoce.
¿Para qué necesita el PP los muertos, con vivos como estos?
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Meditación para hoy:
Si te sientes ninguneado, si piensas que nadie te hace el caso que te mereces, si sientes que todo el mundo te lleva la contraria solo por el placer de no darte la razón, prueba a hacer como los fachas; el remedio fácil, cómodo y barato lo tienes en el quiosco al alcance de la mano: a ellos todas las mañanas les dan La Razón sin rechistar… por poco más de un euro. Con dinero por delante, mano de santo.
La Teoría general de la relatividad de Einstein y la ley de la gravedad enunciada por Newton han sido reformuladas por el Partido Popular. Atentos todos, pues en cualquier momento el premio Nobel de física podría recaer en Génova 13 Rue del Percebe.
Porque en el PP han descubierto que la “gravedad” de las imputaciones por cohecho, malversación de fondos o prevaricación, por ejemplo, es completamente “relativa”, si los presuntos delincuentes son de su partido o si pertenecen a otras formaciones políticas. Si a la ministra de Sanidad (es un suponer; un supositorio en este caso) se le ocurriese afirmar que no existe la vacuna contra la gripe, supondría la demostración de que la ministra no tiene ni idea de lo que se trae entre manos. Quietos todos. Pero si el Consejero de Transportes de Madrid, del PP, niega la existencia del Metrobús, eso se debe, según la Teoría General de la Relatividad reformulada por Esperanza Aguirre, a que “se debió ofuscar”, como se ofuscó ella y todos lo compañeros que aplaudieron la ofuscación.
Si el gobierno socialista estrecha el cerco contra los que conducen por carretera con una copa de más, el líder carismático de la oposición se rebela de inmediato al grito de ¡Viva el Vino!, siguiendo la senda emprendida por su mentor, el hombrecillo insufrible.
Al diputado del PP Nacho Uriarte, vocal de la Comisión de Seguridad Vial del Congreso, le retiraron el carné de conducir por haber puesto en peligro precisamente la seguridad vial, conduciendo en estado de ebriedad. Ahora, al tercero de la lista electoral del PP para la alcaldía de Santiago de Compostela, Ángel Espadas, famoso por sus campañas contra los efectos perniciosos del botellón en los jóvenes de su ciudad, le encuentran borracho y dormido al volante.
A todos ellos deberíamos proponerles para el Nobel de física, por haber demostrado la enorme relatividad de la gravedad.
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El código no escrito del mar estipula que el capitán es el último en abandonar el barco en caso de naufragio. Primero las mujeres y los niños, y por último, las ratas. En el atentado del hotel de Bombay de 2008, la capitana del barco de Madrid pudo huir en un avión porque nadie le avisó a tiempo de que atrás se quedaban atrapados tres empresarios de su comitiva, no porque los considerara unas ratas, sino porque hay momentos en la vida en que hay que aplicar estrictamente la doctrina del sálvese quien pueda.
Perdió en ello los zapatos, pero ganó un gran prestigio desde entonces, por el que fue premiada con el título de condesa descalza. Por supuesto, el aparato de propaganda del PP aprovechó aquel incidente para rentabilizarla como lideresa mimada por el destino, una buena estrella acrecentada tras salir ilesa de un accidente de helicóptero.
Ahora, por su proceso de cáncer de mama, hemos conocido, no una, sino dos buenas noticias: que la suerte no le ha abandonado, y que en Madrid ya no existe lista de espera quirúrgica, o mejor dicho, no existe espera en la lista para poder operarse en la sanidad pública madrileña.
Que lo de Esperanza Aguirre haya sido un visto y no visto en su tropiezo con la salud abona otra Esperanza: que no es cierto que la reducción a un mes en la lista de espera quirúrgica se haya debido a un hábil sistema de maquillaje de listas de espera encargado por aquel Lamela de infausto recuerdo y realizado por una empresa consultora que nos costó la bonita suma de 829.808,32 euros.
La primera Esperanza de las dos, la Aguirre, ha demostrado con su operación de mama que la sanidad pública madrileña es la más diligente de España. Porque, conociendo su carácter, jamás se atrevería a saltarse la cola de espera abusando de que es la capitana.
Así que, despejado el camino, mañana me opero.
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Meditación para hoy:
Conociendo la capacidad asombrosa del Partido Popular para manipular el dolor de los demás en su provecho y sin complejos ni vergüenza, como en el caso de las víctimas del terrorismo, ¿podríamos pensar que el cáncer está a punto de entrar en campaña electoral?
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El Partido Popular ha perdido dos grandes nombres para su plantel electoral de las próximas municipales y autonómicas: Álvarez Cascos y Mario Conde.
Lo de el ex ministro del PP ha acaparado una mayor atención mediática, porque el asunto tiene tintes de culebrón, de venganza siciliana, de pugna de poder entre padrinos mafiosos, el de Génova 13 en Madrid y el aspirante asturiano que todavía se cree ungido por el hombrecillo insufrible que lo mantuvo un tiempo en el Consejo de ministros.
Desde aquel día de su destitución se le ha puesto esa cara permanente de estar a punto de llorar, sorbiendo los mocos, los ojos acuosos, como pidiendo mimos y arrumacos. Pero Mariano Rajoy lo encuentra mucho más atractivo de plañidera ofendida que de candidato a una autonomía que muy bien podría ganar, porque el registrador no quiere estorbos en su carrera hacia la Moncloa y que anden por ahí sacando pecho los protegidos de su contrincante agazapada, Esperanza Aguirre.
Lo de Mario Conde suena a chiste, pero su caso pertenece al folclore “popular” de esa derecha casposa típicamente gallega. Resulta que el heredero del PP orensano, el hijo del inefable José Luis Baltar, eterno presidente de la Diputación de Ourense, había tenido la ocurrencia de proponer al delincuente Mario Conde como candidato a la alcaldía del pueblo orensano de A Mezquita, de unos 1.500 habitantes censados. Poca plaza para saquear, me parece, para un personaje como Mario Conde de un pasado glorioso entre la delincuencia financiera española.
Si Belén Esteban y Carmen de Mairena tenían tirón electoral, ¿por qué no fichar a un atractivo estafador que, aprovechando su tercer grado penitenciario, se había convertido en estrella de las tertulias del grupo Intereconomía, tan cercano moralmente (¿) a la derecha que representa el PP gallego? ¿Acaso Baltar padre no había pedido a sus alcaldes en campaña electoral que “robasen los votos a quien sea”? No sé si por un ataque de sensatez, de cuernos o por puro hartazgo de la militancia, el caso es que la propuesta fue enviada a la papelera antes de ser discutida.
A quien no conozca al hijo del cacique le parecerá que alguien se ha vuelto loco en esta historia con semejante propuesta. Pero Baltar hijo, el heredero del partido en Ourense, parece haber heredado también de su padre la capacidad para el histrionismo sin vergüenza, tan del gusto de sus mayores del PP.
En campaña electoral, el niño salía alegremente con su padre a cantar con un bombo por las calles orensanas, a voz en cuello, aquello de “si no eres del PP, jodeté, jodeté”, a coro con su querido y admirado progenitor. Aquel papá que con el mayor descaro daba empleo oficial a su numerosa parentela y que parecía tener licencia para emplear la agresión verbal y el insulto con la misma impunidad con que el tradicional cacique gallego se dirigía a sus sirvientes. El mismo que en un mitin aseguraba que el candidato socialista a las elecciones, su contrincante político, era” “maricón, miserable y sinvergüenza”. Esta es la calidad política del binomio que gobierna la única provincia gallega huérfana de mar.
Y es una pena que la opción de Mario Conde hubiese fracasado, porque estoy seguro de que, desde ese día, lo de Ourense habría sido una juerga sin fin. Mala suerte.
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Meditación para hoy:
Ahora que ya habéis comprobado que los reyes son los padres, gritad todos conmigo: ¡viva la República!
Hoy toman declaración en un juzgado de Madrid a Eduardo León, un fotógrafo especializado en asuntos de inmigración, detenido el domingo por la policía municipal en el parque de la Casa de Campo cuando pretendía tomar fotografías del momento en que los policías amonestaban a varios inmigrantes “por vender y cocinar ilegalmente” al aire libre. A continuación se armó una tangana de mil demonios que acabó con tres detenidos más en comisaría.
Cuando ayer oía decir a Dolores Cospedal que España es “un estado policial”, distraído, pensé que las estaba tirando con bala contra su compañero, el alcalde de Madrid, a cuyo cargo está la policía municipal que reprimió la tradicional fiesta dominical de la inmigración en este parque madrileño, arrestando de paso al periodista que tomaba acta con su cámara.
Pero no. Se refería Cospedal a otro estado policial, un estado policial a cuyo frente se encuentra un tal Rubalcaba, ministro del Interior, que, según ella, utiliza a la policía judicial, que no la municipal de su compañero de partido, en beneficio de los intereses del gobierno, y no de los españoles de bien, para repartir trozos de sumario Gürtel entre los medios de comunicación, cubos de información que van extrayendo de ese pozo sin fondo que es la trama corrupta del Partido Popular, la putrefacción que contamina a su partido.
Van a gobernar pronto, me temo, y no les preocupa el “estado de la corrupción”, sino el “estado policial” que persigue a los corruptos que estaban dejando las instituciones del Estado como un solar.
Pero lo que más me alarma es que quien gobernó ya durante ocho años insinúe lo fácil que resulta sobornar a nuestros policías. ¿Lo saben los del PP por experiencia propia?