Pensamiento crítico

Vicenç Navarro

Las responsabilidad del BCE en la creación de desempleo

14 may 2013
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El contraste entre el comportamiento del Banco Central estadounidense (el Federal Reserve Board, FRB) en EEUU y el Banco Central Europeo (BCE) en la Eurozona es enorme. El Sr. Draghi y el BCE que preside, consideran que la labor más importante a realizar es la de garantizar una baja inflación y lo están consiguiendo. La inflación ha ido bajando y bajando en la Eurozona, alcanzando en el último trimestre el promedio del 1,7%, por debajo incluso de lo permitido en tal comunidad monetaria.

Pero las políticas públicas (tales como la política de recortes de gasto público y las reformas laborales orientadas a facilitar el despido y la reducción de los salarios) que el BCE está activa y agresivamente promoviendo en la Eurozona, con las cuales consigue esta baja inflación, están causando una enorme recesión (la Eurozona está prácticamente en recesión desde 2011) y una tasa de desempleo nunca antes vista desde la II Guerra Mundial (un 12% como promedio). En España esta cifra ha batido un récord. Es, después de Grecia, la tasa de desempleo más elevada. Esta situación está afectando muy negativamente al bienestar y calidad de vida de la población, no solo de la desempleada, sino también de la empleada, pues aumenta la inseguridad y el temor (algunos pueden llamarlo el terror) entre la población. La gran mayoría de la población tiene miedo a perder su puesto de trabajo, habiéndose creado una cultura de inseguridad y falta de protección social.

Las recientes y crecientes manifestaciones populares en contra de estas políticas, así como su clara ineficacia para salir de la crisis, están forzando a que se reconozca cada vez más lo que ahora se llama “la insuficiencia de las políticas de austeridad”. E incluso el Sr. Draghi ha indicado recientemente que es necesario desarrollar “políticas de estímulo económico”, reanimando a la demanda doméstica para que pueda estimular la economía. Que este señor reconozca esta obviedad es semejante a que el Papa reconociera que el uso de preservativos es bueno para prevenir el SIDA (cosa que, por cierto, el Vaticano nunca ha admitido).

Pero no hay lugar para ninguna posibilidad de optimismo, pues lo que el Sr. Draghi define como estímulo es la versión neoliberal de lo que quiere decir estímulo. Para él, el estímulo es, por ejemplo, continuar y profundizar más en la desregulación de los mercados de trabajo que, en lenguaje llano, quiere decir –tal como acentuaba antes- facilitar el despido del trabajador y bajar salarios, con lo cual la demanda (que el Sr. Draghi considera que hay que reavivar) disminuye todavía más.

El BCE no es incompetente

Estas contradicciones e incoherencias pueden dar la impresión de que el BCE y su equipo dirigente son incompetentes. No descarto que haya bastante incompetencia en el BCE y sobre todo en el Fondo Monetario Internacional (FMI) cuyas predicciones económicas son conocidas por su escasa credibilidad. Pero el mayor problema del BCE no es que sea incompetente.

Tampoco es cierta la evaluación moral que predomina en algunos sectores progresistas que consideran que el BCE “miente”. Esta acusación parece desconocer que como condición para que una persona mienta es necesario que primero conozca la verdad y lo que es más que preocupante es que no conocen la verdad. Mentir es decir algo que se conoce que no es verdadero. Y por mucho que extrañe, el establishment financiero (desde el BCE al Banco de España) se creen lo que dicen y proponen. Su ideología, el neoliberalismo, es como una religión. Se basa en dogmas. Y tanto el BCE como la dirección política del Banco de España (sus gobernadores) se creen que la mejor manera de estimular la economía y crear empleo es facilitando su destrucción, atribuyendo el elevado desempleo a una supuesta dificultad que tiene el mundo empresarial para despedir a los trabajadores, a pesar de que la evidencia científica lo niega y muestra, precisamente, lo contrario.

Esta observación es relevante a raíz del gran debate sobre el comportamiento del BCE, centrándose en la sabiduría (o falta de ella) de las políticas públicas promovidas por dicha institución. En este debate se ignora el contexto político que condiciona y determina sus políticas. Y como he estado diciendo durante muchos años, el BCE no es un Banco Central, sino un lobby de la banca. Y ahí está la explicación. El BCE defiende única y exclusivamente los intereses de la banca, a costa de todos los otros intereses. Y asume que los intereses particulares de la banca son los intereses generales de la población y de la economía. Y lo está haciendo exitosamente. La inflación es del 1,7%, como consecuencia, en parte, de que el desempleo haya alcanzado unos niveles enormemente perjudiciales para la población (y para la economía). De ahí que el BCE no compre deuda pública (y en cambio preste dinero a los bancos privados para que la compren a unos intereses exuberantes), mientas que el FRB lo hace constantemente, siendo los intereses de los bonos públicos federales más bajos que los existentes en la Eurozona (que a su vez se caracterizan por una enorme y abusiva diversidad y desigualdad, que perjudica a los países periféricos a costa de beneficiar a los países centrales, y muy en especial a los bonos públicos de Alemania, centro del capital financiero de la Eurozona. Una variabilidad tan acentuada no existe en EEUU).

El Sr. Draghi –como también el establishment financiero- se cree (a pesar de la enorme evidencia en contra) que sus políticas son las mejores para todos, y no solo para la banca. El gran mérito de una religión, que por definición está basada en dogmas, es que, además de ser impermeable a la evidencia científica, mantiene la fe de sus promotores y garantiza la protección de los intereses económicos y financieros que la apoyan y promueven. España es un ejemplo de ello. Es extraordinario observar lo que está ocurriendo en nuestro país. El establishment financiero, económico, político y mediático no ha variado ni un centímetro de las políticas neoliberales que nos están creando tanto dolor, a pesar de que la evidencia de su insuficiencia es robusta y abrumadora. Este es el impacto de que una doctrina económica se convierta en una religión.

El capital financiero y su desregulación fueron responsables de la enorme crisis financiera, facilitada por el BCE y el Banco de España, que pusieron como objetivo primordial de sus intervenciones defender la viabilidad y sostenibilidad de las instituciones financieras que precisamente habían causado la crisis. El capital financiero alemán, entre otros, alimentó la burbuja inmobiliaria española, la cual, al explotar, creó el enorme incremento del desempleo. Pero el continuo crecimiento del desempleo desde 2007 ya no puede atribuirse a la destrucción del empleo en el sector inmobiliario y al de la construcción (así como otros sectores afines) sino a las medidas apoyadas por el BCE y por el Banco de España, en sus imposiciones de destruir empleo, a través de las reformas laborales y reducción del gasto y empleo público. A la destrucción de empleo, causada por la explotación de la burbuja inmobiliaria (responsabilidad del capital financiero, supuestamente supervisado por el BCE y el Banco de España) ahora se añade la destrucción de empleo, consecuencia de las políticas impuestas por el mismísimo capital financiero (supervisado por los mismos BCE y Banco de España) que están destruyendo empleo. Nunca antes unas instituciones habían hecho tanto daño en tan poco tiempo. Y todo ello permitido por las instituciones políticas llamadas democráticas. No es sorprendente que la credibilidad y legitimidad de estas últimas estén tan cuestionadas. En realidad, nunca antes la mayoría de la población había sentido (en la gran mayoría de países de la Eurozona) tanto desafecto hacia tales instituciones, percibidas como meros instrumentos de aquellas instituciones financieras, supervisadas por el BCE y (en España) por el Banco de España. Así de claro.

El contexto político de la obesidad

10 may 2013
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Existe hoy una epidemia que está afectando a la salud y calidad de vida de la ciudadanía de un gran número de países a los dos lados del Atlántico Norte (incluida España). Esta epidemia es la epidemia de la obesidad y el sobrepeso. Obesidad es el término que define la condición de una persona que pesa un 30% por encima del peso que una persona debería tener según su altura y otras dimensiones de su cuerpo. Si su peso es inferior a este 30% pero mayor que el peso normal, entonces se dice que la persona tiene sobrepeso.

Esta epidemia de obesidad comenzó hace treinta años en la mayoría de países que actualmente la sufren. Así, en EEUU, la obesidad entre las personas de 20 a 74 años fue aumentando lentamente después de los años 60, pasando de un 14% en 1960 a un 18% de la población en 1980. Subió, sin embargo, a partir de 1980 siguiendo una progresión geométrica, es decir, de una manera mucho más acentuada, alcanzando el 35% en el año 2003, mientras que el porcentaje de personas con sobrepeso (que incluye a los obesos) pasó de un 48% en 1980 a un 68% en 2003.

Este incremento de la obesidad ha sido atribuido, por la mayoría de medios de información (incluidos los científicos) a tres principales causas: al deterioro de la dieta, a la falta de educación nutricional de la población y a la falta de ejercicio físico. Se han escrito miles y miles de artículos y libros sobre estos temas. Famosos cardiólogos con famosos chefs, por ejemplo, han escrito libros elaborando platos saludables, intentando influenciar en la dieta de la población y muy en particular de los sectores adinerados que van a los restaurantes de los famosos chefs.

Por otra parte, las autoridades públicas han realizado campañas masivas de educación y concienciación popular, intentando mejorar la cultura dietética de la población en general. También (aunque deberían hacer más) estas autoridades públicas han regulado algunas bebidas (como las azucaradas) y alimentos (como las grasas, cuya ingestión frecuente crea la obesidad), desalentando su uso y consumo por parte de la población. Estas medidas son necesarias e importantes. Pero la realidad muestra que son insuficientes. A pesar de estas campañas, la obesidad continúa creciendo, lo cual debería estimular una reflexión, no para diluir la importancia y necesidad de lo que se está haciendo, sino para expandir las áreas de intervención.

La olvidada o silenciada causa del incremento de la obesidad

Si miramos los datos sobre el crecimiento de la epidemia, podemos comenzar a ver las causas de la obesidad (causas que no aparecen en los medios, ni los científicos ni los de información general). En EEUU los casos de personas con obesidad se dispararon en millones a partir de los años ochenta. Debemos preguntarnos, pues, ¿qué ocurre en los años ochenta en EEUU? Como bien señala Douglas Kihn en su artículo “The Political Roots of American Obesity”, Truthout (4 de mayo de 2013), durante la década de los ochenta se llevan a cabo las políticas públicas iniciadas por el Presidente Reagan, que crean una gran inseguridad entre las clases populares. El darwinismo social que caracteriza las políticas neoliberales, llevadas a cabo por la administración Reagan, seguidas por las otras administraciones, crea una enorme ansiedad e inseguridad. El Presidente Reagan inicia su mandato con un ataque frontal a los sindicatos, dificultando la sindicalización de la población trabajadora, obstaculizando el desempeño de su trabajo, apoyando al mundo empresarial para que se deshiciera de ellos y de la protección laboral que proveen. Como consecuencia de estas políticas, solo el 7% de los trabajadores están afiliados (a pesar de que un 52% de los trabajadores desearía afiliarse, sin que lo hagan como consecuencia del miedo a las represalias empresariales). Resultado de ello es que los salarios desciendan, la protección social disminuya y las condiciones de trabajo se deterioren.

Esto implica que no solo la clase trabajadora pierde capacidad adquisitiva, sino que su seguridad en el trabajo queda disminuida de una manera muy acentuada. Como resultado, la inseguridad y la ansiedad caracterizan la vida cotidiana de la clase trabajadora (llamada clase media en EEUU), que es el eje de las clases populares. Miedo, temor, inseguridad y ansiedad se transforman en el pan de cada día, aumentando a medida que el nivel de cualificaciones y renta disponible disminuye. Una consecuencia de esta realidad es el aumento del consumo de alcohol, de drogas y del “fast food”, y con ello de la obesidad, generalizada en los sectores de la clase trabajadora sin cualificaciones y en paro. “Fast food” y bebidas azucaradas se convierten en alimentos casi adictivos, que son baratos, fácilmente accesibles y activamente promocionados.

Como bien ha dicho Adam Drewnowski, director del Nutritional Sciences Program de la Universidad de Washington en Seattle, “la obesidad va a empeorar, pues es el resultado tóxico de un ambiente económico que se está deteriorando”. Dicho programa ha analizado el aumento del diferencial de obesidad entre los distintos barrios urbanos, según la clase social de los barrios. La obesidad está generalizada en los sectores más vulnerables y menos protegidos de la sociedad, cosa que también está ocurriendo en España (incluyendo Catalunya). La obesidad no es un signo de opulencia, como solía ser, sino un síntoma de pobreza. Y es ahí donde aquellas medidas citadas anteriormente son de limitada relevancia.

No es de extrañar que las enfermedades que crecen más rápidamente sean aquellas debidas a la ansiedad y al estrés, tales como la colitis, la enfermedad de Crohn, la incontinencia urinaria, la impotencia sexual, las úlceras gástricas y otras enfermedades gástricas, el colon irritable, las enfermedades cardiovasculares y muchas otras. Este crecimiento ha sido particularmente acentuado en aquellos sectores de la población que se sienten más inseguros. Y puesto que EEUU es uno de los países con mayor inseguridad, es también el país donde el incremento de estas enfermedades (incluida la obesidad) ha sido mayor. En ningún otro país en el Atlántico Norte la obesidad ha alcanzado unos niveles tan elevados como en EEUU.

Esta inseguridad y ansiedad que experimentan las clases populares en su vida cotidiana crea también una inseguridad institucional en las estructuras de poder que desarrollan las medidas de represión para prevenir cualquier amenaza al orden (en realidad desorden) que gobierna el sistema económico-político. Desde 1980 a 2008, el número de personas encarceladas en EEUU se ha quintuplicado, pasando de ser medio millón en 1980 a dos millones y medio en 2008. Una persona de cada 31 está bajo el control del sistema penitenciario (bien en prisión o en libertad vigilada). La inseguridad de las clases populares puede originar una protesta generalizada que amenazaría a las estructuras de poder del país, lo cual explica el aumento de la represión. Y esto es lo que está pasando.

El caso de la epidemia de la obesidad y sobrepeso es un ejemplo claro del original social y político en muchas condiciones patológicas y enfermedades que intentan resolverse y curarse a base de cambios de comportamientos individuales de las personas afectadas, lo cual es necesario pero dramáticamente insuficiente. Para mejorar el bienestar y la calidad de vida, se requieren cambios políticos, sociales y económicos para ir estableciendo una sociedad que se centre en la optimización del bienestar y calidad de vida de la ciudadanía, en lugar de la acumulación del capital y concentración de la riqueza, que han sido el objetivo y las consecuencias de las políticas neoliberales.

El fracaso del neoliberalismo

07 may 2013
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El dogma neoliberal ha dominado la cultura política, económica y mediática de los países del Atlántico Norte desde la década de los años ochenta del siglo pasado. Tal dogma creía que la crisis actual se debía a un gasto público excesivo que había ahogado con su peso a la economía, privando de fondos y recursos al sector privado imposibilitándolo a que actuara como motor de la economía. Como dijo el “gurú” de los neoliberales, el presidente Reagan, el gobierno (en realidad quería decir el sector público) “no es la solución, sino el problema” (discurso inaugural de su presidencia, enero de 1981). De esta concepción del origen de la crisis se derivaban sus políticas públicas de recortes y austeridad que intentaban reducir el déficit y la deuda pública de los Estados.

Los recortes se acentuaron predominantemente en los gastos públicos sociales, pues se asumía, además, que la supuestamente excesiva Protección Social estaba relajando a la clase trabajadora (redefinida como clase media), perdiendo competitividad. Se consideraba que los derechos laborales y sociales se habían hipertrofiado, extendiéndose demasiado, afectando con ello su productividad. Contribuyendo a esta pérdida de productividad, había habido un abultado crecimiento salarial en la mayoría de los países (y muy en especial en los países periféricos de la Eurozona) que había disparado los precios de los productos, obstaculizando así la capacidad exportadora del país. Se requería, por lo tanto, toda una batería de intervenciones públicas, que incluían desde la reducción de aquellos derechos laborales y sociales a la puesta en marcha de reformas laborales que tenían como objetivo disminuir los salarios.

Ni que decir tiene que el desarrollo de tales intervenciones públicas requería toda una estrategia ideológica-mediática que tenía como objetivo hacer creer a la población que tales políticas (sumamente impopulares cada una de ellas) eran las únicas posibles, señalando que no había alternativas. Parte de esta estrategia era subvencionar, directa o indirectamente, a investigadores académicos que mostraran evidencia científica que avalara la sabiduría, necesidad, inevitabilidad y bondad de tales políticas. Entre tales trabajos, destacaban los trabajos de Alberto Alesina y Silvia Ardagna sobre la necesidad de la austeridad como medida estimuladora de crecimiento (creando confianza en los mercados financieros) y los de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, que alertaron que el crecimiento de la deuda pública por encima del 90% del PIB llevaba a la recesión, explicando la crisis financiera actual en la Unión Europea por un exceso de esta deuda pública. Estos economistas neoliberales (próximos todos ellos al capital financiero, es decir a la banca y otras asociaciones financieras) eran profesores de conocidas universidades, y gozaban todos ellos de grandes cajas de resonancia que les facilitaba su protagonismo mediático. Sus trabajos se convirtieron en la sabiduría económica convencional.

Aquí en España, donde la falta de diversidad en los medios es notable (y conocida a nivel internacional) el dominio de tal dogma fue absoluto en los medios. Así, en Catalunya, la televisión pública catalana daba, y continúa dando, una hora semanal titulada “Lecciones de Economía”, donde el ideólogo más extremista de tal dogma imparte doctrina neoliberal en la forma más pura, ideólogo que aparece cada día en la televisión digital de La Vanguardia. Ni que decir tiene que tales fórums están prácticamente cerrados a voces críticas (excepto en intervenciones excepcionales y sumamente infrecuentes). Y en el resto de España sólo es necesario comprobar la frecuencia con que aparecen en los medios de información economistas patrocinados y/o financiados por FEDEA (el centro ideológico del gran capital) y ver las veces que economistas próximos a los sindicatos son entrevistados en estos medios. El desequilibrio es aún mayor.

El fracaso de tales políticas

Ni que decir tiene que su enorme visibilidad mediática en los medios de mayor difusión derivaba, no de la fortaleza de sus argumentos (que son muy débiles), sino de su función propagandística. En realidad, la evidencia científica, fácilmente accesible, mostraba el error y la falsedad de los argumentos que sostenían el edificio sobre el cual se había constituido el dogma, incluyendo entre otros hechos, que:

1. El presidente Reagan no bajó, sino que subió el gasto público (haciéndolo en el sector militar, en lugar del social) durante su mandato. Es más, tal como ha señalado Krugman, fue el presidente de EEUU que ha subido más los impuestos en tiempos de paz (bajó los de las rentas superiores, pero aumentó los de la mayoría de la población). (Ver Krugman ”Reagan was a Keynesian” New York Times 08.06.12).

2. Entre los países que sufrieron la crisis de una manera más acentuada estaban Irlanda y España, que se presentaban como discípulos aventajados de la escuela neoliberal. Cuando la crisis comenzó, ambos países tenían superávit en sus cuentas públicas y su deuda pública era menor que la del promedio de los países de la Eurozona. Es absurdo que se acuse a estos países de haber caído en la crisis por haber gastado demasiado cuando eran los países con el gasto público social por habitante más bajo de la Eurozona, y sus Estados estaban en superávit.

3. Los estudios que justificaban tales políticas han sido criticados extensamente por sus errores y falsedades, con críticas devastadoras que han mostrado el carácter predominantemente ideológico y propagandístico de tales estudios. El Center for Economic and Policy Research de Washington, el Economic Policy Institute y el Center of Political Economy de la Universidad de Massachussets (uno de los más progresistas de EEUU) criticaron tales estudios desde el principio, crítica que es ahora ampliamente aceptada (ver mis artículos El fraude en el pensamiento económico dominante, El Plural, 22.04.13, y Más sobre el fraude en el pensamiento neoliberal, Sistema, 26.04.13)

4. La aplicación de tales políticas ha conllevado una crisis tremenda, deteriorándose más y más la situación económica de tales países, alcanzando unos niveles de desempleo nunca antes vistos.

5. El bienestar y calidad de vida de las clases populares se ha deteriorado de una manera muy alarmante. En realidad, la crisis se ha centrado en las clases populares, que son las que están sufriendo más los efectos negativos de tales políticas.

6. Estas políticas están creando una enorme crisis de la democracia pues ninguna de ellas se está llevando a cabo consecuencia de un mandato popular, pues no estaban anunciadas en los programas electorales de los partidos gobernantes que las están implementando. En realidad estas políticas son enormemente impopulares.

7. Los únicos sectores sociales que apoyan tales políticas son las rentas superiores y los establishments financieros y empresariales (de grandes empresas exportadoras) que son las únicas que se benefician de tales políticas. Las clases populares (que son la mayoría de la población) se oponen.

8. El hecho de que tales políticas continúen existiendo y aplicándose se debe al enorme poder de los establishments financieros, empresariales, mediáticos y políticos que son los beneficiarios de esta crisis actual. Así de claro.

Más sobre el fraude en el pensamiento neoliberal*

01 may 2013
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En un artículo reciente (“Fraude en el pensamiento económico dominante”. El Plural. 21.04.13) indiqué la enorme influencia que la banca y otros componentes del capital financiero tienen en configurar la sabiduría convencional en el conocimiento económico (de una manera muy semejante a cómo la industria farmacéutica influencia la cultura médica), lo cual ocurre a partir, entre otras medidas, de la financiación de investigadores  académicos en el área de economía, que promueven los puntos de vista e intereses de la banca. Citaba, como ejemplo, los artículos de los economistas Reinhart y Rogoff, de la Universidad de Harvard (próximos ambos al capital financiero), en los que concluían que sus investigaciones mostraban claramente que el aumento de la deuda pública por encima del 90% del PIB creaba una recesión en un país, señalando así que la causa de la recesión que estamos viendo hoy a los dos lados del Atlántico era el resultado del excesivo gasto público, determinante del crecimiento de la deuda pública de estos países. Los recortes de gasto público en todos estos países responden a esta percepción de que la recesión está causada por el excesivo gasto público. Estos trabajos han sido la Biblia, que ha guiado las políticas de austeridad. Los trabajos de Reinhart y Rogoff, sin embargo, están llenos de errores, cuando no manipulaciones, que niegan la validez de sus conclusiones. Tres economistas de la Universidad de Massachusetts, Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin (“Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogoff”. Un resumen del artículo aparece en el Financial Times, “Why Reinhart and Rogoff are wrong about austerity”, 18.04.13), han documentado los múltiples errores de este estudio.

Como era predecible, el establishment neoliberal que apoya las políticas de austeridad se ha movilizado inmediatamente para defender los trabajos de Reinhart y Rogoff, minimizando los errores y negando que hubiera manipulaciones, trivializando a sus críticos, indicando que, en realidad, no existían los errores que se les atribuía. Un ejemplo de esto aparece en el artículo reciente de El País (“La teoría del exceso de deuda pierde un asalto”. 21.04.13), que resume el debate que se ha creado a raíz de las críticas de Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin al trabajo de Reinhart y Rogoff. Y para evaluar los méritos de dicha crítica, El País pregunta las opiniones del economista Jesús Fernández-Villaverde, presentado, sin más, como Catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania en EEUU. Dicho economista indica que “el único error” en el trabajo de Reinhart-Rogoff es uno de cálculo, cosa relativamente menor y que no altera el resultado del estudio.

Lo que el artículo no cita es que este economista, conocido por su orientación ultraliberal, es Director de Cátedra Fedea, es decir, patrocinado por Fedea, la fundación financiada por los mayores bancos de España que han enfatizado, como lo ha hecho toda la banca, la necesidad de llevar a cabo las políticas de austeridad, información que debería haberse facilitado por parte de El País. Imagínese el lector que apareciera un trabajo de un investigador que mostrara que una medicina promovida como sumamente eficaz por un laboratorio farmacéutico (vendida como milagrosa en la cura del cáncer) es, en realidad, no sólo ineficaz, sino incluso tóxica para los enfermos. Naturalmente que se originaría un debate inmediatamente. Y que luego, como parte de este debate, un diario importante del país le preguntara a otro investigador sobre la opinión acerca del trabajo que cuestionó la eficacia del fármaco y que este indicara que la crítica carece de validez, sin indicar que el investigador que niega validez de la crítica del fármaco milagroso está financiado por el que lo produce. Pues bien, esto es lo que está ocurriendo, no sólo en este caso, sino en muchísimos otros. Constantemente se presenta en los medios a “gurús” económicos defendiendo, por ejemplo, la privatización de las pensiones o el alargamiento de la edad para recibir las pensiones públicas, sin que se indique que muchos de estos “gurús” están asesorados y/o reciben fondos de las compañías de seguros y/o de la banca que se beneficiarían de estas intervenciones públicas.

El error de Reinhart y Rogoff no es menor

Andrew Watt, en su artículo “A Brief Social Science Methodology Primer – Renowned Harvard Economists Please Take Note” en Social Europe Journal, explica con detalle el problema metodológico existente en los trabajos de Reinhart y Rogoff, que es un problema mayor, mucho mayor que el de utilizar un código erróneo. Es, por cierto, un error que es bastante común en los estudios econométricos donde se utiliza un gran número de variables en series temporales y que incluyen en su muestra un limitado número de países. El número reducido de países estudiados hace que grandes variaciones en un país puedan afectar de una manera muy significativa al resultado. El otro problema es que se deducen erróneamente relaciones, en las correlaciones entre las variables, que son altamente cuestionables. De ahí que el mejor método de análisis sea el estudio histórico y político de cada caso (cosa que Reinhart y Rogoff no hacen), permitiendo una mayor comprensión de cada país. Así, la recesión del año 1951 en Nueva Zelanda tiene poco que ver con el aumento de la deuda pública, y mucho con la mayor huelga de los trabajadores que aquel país haya tenido, que paralizó la economía durante 151 días. Y como este caso existen muchos otros.

Una última observación. El hecho de que Reinhart y Rogoff tuvieran tanta influencia no se debía a su trabajo en sí, sino a la función de su trabajo. No hay plena conciencia de que la visibilidad mediática de un economista depende primordialmente de su utilidad para los intereses económicos a los cuales sirve, que tienen gran influencia en los medios. Y esta gran influencia, que alcanza niveles de dominio, les ofrece una gran impunidad para promover posturas que científicamente carecen de credibilidad. Lo vemos diariamente en España (incluyendo Catalunya), donde la necesidad de las políticas de austeridad ha sido promovida activamente, pese a que la evidencia científica (y la propia realidad que nos rodea) muestra claramente que están profundamente equivocadas. No solo son ineficaces, sino que son tremendamente dañinas: han estado dañando enormemente a las clases populares. Y es ahí donde los ideólogos neoliberales, incluyendo a Reinhart y Rogoff y a Fedea, y los medios que las han promovido tienen una enorme responsabilidad. Su trabajo, al servicio del capital financiero, ha contribuido en gran medida a un gran dolor, todo ello para gloria del capital financiero, cuyas rentas han alcanzado unos niveles nunca antes conocidos. Así de claro. Todo lo que está pasando podría haberse evitado fácilmente, como unos pocos indicamos. Los problemas presentados como económicos son políticos, es decir, dependen del poder que determina la configuración final de las políticas públicas.

* Más sobre el fraude en el pensamiento neoliberal es un artículo publicado con anterioridad en la revista digital Sistema

El desastre económico actual era predecible

29 abr 2013
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Unos pocos hemos estado diciendo desde que se inició la crisis que las políticas públicas que se están aplicando durante estos años de recesión son profundamente erróneas y están llevando a los países de la Unión Europea (y muy en especial a los países de la periferia de la Eurozona) al desastre. Como era predecible, los hechos que están ocurriendo, con el mayor incremento del desempleo conocido hasta ahora, están mostrando que, por desgracia, llevábamos razón.

En realidad, el problema con el que nos enfrentamos es fácil de entender y de resolver. Hoy el sector privado de la economía está paralizado o en declive debido a la falta de demanda y a la escasez de crédito para que las empresas y las familias puedan invertir y/o consumir. La evidencia de ello es clara, robusta y abrumadora. Ante esta situación, el único sector que puede estimular y hacer crecer de nuevo a la economía es el sector público. Así se salió de la Gran Depresión a principios del siglo XX en EEUU y en Europa. En EEUU, la Administración Roosevelt aumentó la inversión y el gasto público de una manera muy notable, acentuándose incluso más con el inicio y posterior desarrollo de la II Guerra Mundial. En Europa fue este mismo conflicto el que creó un gran aumento del gasto e inversión públicos, que resolvió el problema de la Gran Depresión.

Algo parecido ocurrió después de la II Guerra Mundial cuando se creó una Gran Recesión que fue resuelta mediante una gran inversión y crecimiento del gasto público, estimulados por el Plan Marshall. Y ahora, cuando estamos ya en Recesión, camino de la Depresión, en lugar de aumentar la inversión y el gasto público, los gobiernos de los países de la Unión Europea, y muy en particular los periféricos de la Eurozona (incluyendo España), que tienen mayores dificultades, están recortando el gasto público, lo cual es una enorme estupidez (y no hay otra manera de definirlo).

Esta estupidez se está justificando con el argumento de que la crisis la ha generado el excesivo gasto público, particularmente el gasto público social (que ha proveído una supuestamente excesiva protección social), y unos salarios demasiado altos que han hecho a los trabajadores poco competitivos. De ahí que las soluciones que se derivan de esta explicación consistan en recortar el gasto público, y muy en particular el gasto público social, y bajar los salarios a fin de hacer a la economía más competitiva. Es esta mayor competitividad, con aumento de las exportaciones, la que –se nos dice- nos sacará de la recesión. Y como muestra del éxito de estas políticas públicas se señala la disminución, cuando no eliminación, del sesgo negativo de nuestro comercio exterior. En todos los países que se están aplicando estas políticas, los datos que se utilizan muestran que la balanza comercial se está equilibrando: es decir, las importaciones y las exportaciones están igualándose.

Pero tal argumento está apoyado en un supuesto falso. El equilibrio entre importaciones y exportaciones se debe primordialmente al descenso espectacular de las importaciones, en lugar de un gran aumento de las exportaciones, y ello como consecuencia del colapso de la demanda interior. El reciente  informe de la OCDE, March Interim Assessment on the Global Economic Outlook, muestra  los datos que avalan lo que estoy diciendo. Ronald Janssen, en su excelente artículo “More Austerian Fairly Tales” en Social Europe Journal (abril 2013), hace un resumen de los datos del informe mostrando los datos para Alemania, Portugal, Irlanda, Grecia, España e Italia. La evidencia es, de nuevo, clara, robusta y abrumadora. Pero tal evidencia continua siendo ignorada por los “austerianos” (economistas favorables a las políticas de austeridad), cuyo dogma neoliberal es impermeable a los hechos y a los datos. Sus creencias, basadas en la fe y no en la evidencia científica, alcanzan niveles nunca antes vistos. España ya sobrepasa los 6 millones de parados y su gobierno continúa con sus políticas de recortes de gasto público, incluyendo gasto público social. El fundamentalismo de tipo religioso que alimenta las creencias neoliberales no es educable.

En realidad, el desempleo está creciendo de una manera muy marcada en toda la Unión Europea, alcanzando una situación extrema en España y Grecia (que son los países que están recortando más). Pero la situación es incluso peor que la que aparece en los datos de desempleo y se ve reflejada en la cifra de población empleada, que ha ido disminuyendo en todos los países, cayendo en picado en España y en Grecia, mostrando la ineficacia de las reformas laborales que se promovían con el argumento de que crearían empleo. En realidad, y tal como algunos predijimos, estas reformas han estado destruyendo empleo. La evidencia de ello es también clara, robusta y abrumadora.

¿Por qué la austeridad?

El lector se preguntará: si la evidencia de que estas políticas públicas son perjudiciales es tan clara, robusta y abrumadora, ¿por qué continúan llevándose a cabo? La respuesta es también fácil, aunque el lector raramente la leerá en los medios de mayor difusión, excesivamente influenciados por los establishments financieros y de las grandes empresas exportadoras (lo que solía llamarse la clase capitalista o también la burguesía financiera y de las grandes empresas y que en EEUU se llama la Corporate Class). La respuesta es que tales establishments, que ejercen una enorme influencia sobre los Estados, están consiguiendo lo que siempre han deseado: el debilitamiento del mundo del trabajo a fin de aumentar sus rentas. Y esto es lo que más les importa. En todos estos países, las rentas del capital están aumentando a costa de un descenso muy notable de las rentas del trabajo. La evidencia es, de nuevo, también clara, robusta y abrumadora. Y esto ha ocurrido incluso con mayor intensidad en los países periféricos de la Eurozona, incluida España.

En realidad, este debilitamiento del mundo del trabajo ha llegado a tal nivel que estos establishments se encuentran suficientemente fuertes para atreverse a desmantelar el Estado del Bienestar (con el argumento, como ha dicho Draghi, el Presidente del Banco Central Europeo, de que “no es sostenible”), incluyendo las pensiones públicas (la joya de la corona). Y veremos ahora cómo el gobierno de Rajoy tomará toda una serie de medidas para desmantelar también la Seguridad Social, privatizando las pensiones y transformando el Estado universalista del Bienestar en un estado asistencial para los sectores más necesitados de la población, referidos en la narrativa dominante como “clases bajas” o “humildes”. Éste es su proyecto (ver el libro que Juan Torres y yo acabamos de escribir, Lo que debes saber para que no te roben la pensión).

Hay alternativas, aunque se nos dice constantemente en los medios de mayor difusión que no las hay

Es fácil ver que hay alternativas. Que no exista plena conciencia a nivel popular de que estas alternativas existen se debe a la falta de diversidad de los medios de mayor difusión. El argumento utilizado por los establishments financieros de que no hay alternativas, o de que las izquierdas se quejan pero no ofrecen alternativas, no se corresponde con la realidad. Es cierto que amplios sectores  de las izquierdas gobernantes (pertenecientes a la Tercera Vía) han aceptado el dogma neoliberal. Pero hay izquierdas que sí han hecho propuestas de políticas públicas creíbles y factibles, que continúan silenciadas, cuando no vetadas, en los medios.

En realidad, las soluciones son fáciles de ver. A grandes rasgos, consisten en revertir las políticas de austeridad para estimular la economía y el crecimiento económico, financiándolo con reformas fiscales de carácter progresivo, dando mayor capacidad de intervención al sector público, con la provisión pública de crédito, a base de medidas explicadas con mayor detalle, entre otros lugares, en “Ganas de Escribir”, de Juan Torres, o en mi blog www.vnavarro.org, en la sección de Economía Política. Estas medidas podrían y deberían tomarse incluso sin salir del euro, aún cuando yo no descarto esta posibilidad, pues la peor alternativa, entre todas las existentes, es la de continuar con las políticas que el gobierno está aplicando. Esta alternativa es la peor. Así de claro.

Alternativas para crear empleo y conseguir crédito

26 abr 2013
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*Artículo publicado originariamente en la revista digital Sistema el 19 de abril de 2013

Una explicación generalizada del hecho de que el Banco Central Europeo (BCE) no ayude directamente a los Estados (comprándoles bonos públicos, por ejemplo, para reducir los intereses de su deuda) es que el Banco Central tiene prohibido hacerlo. La lectura del Tratado que estableció las funciones de las distintas instituciones de la Unión Europea (The Treaty of the Functioning of the European Union), sin embargo, no permite tal interpretación del porque el BCE no ayuda a los Estados. En realidad, tal Tratado así lo permite. Los artículos 3 y 127 de tal Tratado indican explícitamente que, siempre y cuando se cumpla con el objetivo de garantizar la estabilidad de los precios (por debajo del 2% del incremento promedio anual) el BCE tiene la obligación d contribuir a las políticas económicas de la Unión Europea, incluyendo el crecimiento económico, el pleno empleo, la cohesión social y territorial y la solidaridad entre los Estados miembros. El mandato no puede ser más claro.

Tal mandato, sin embargo, ha estado olvidado. Ni el anterior Presidente del BCE, el Sr. Trichet, ni el actual, el Sr. Draghi, han dado mucha importancia a este mandato, al revés, por cierto, de la postura adoptada por el gobernador del Banco Central Estadounidense, el Federal Reserve Board (FRB), el Sr. Ben S. Bernanke, el cual ha enfatizado que un objetivo central de tal Banco es estimular la economía y reducir el desempleo, declaración que sería impensable que hubieran hecho los Presidentes del BCE, fueran éstos los anteriores, o fuera el actual. En realidad, el FRB ha publicado una serie de gráficos que son enormemente ilustrativos. Ha analizado desde 1948 la evolución del déficit federal y la tasa de desempleo en EEUU, mostrando que han seguido una evolución paralela. A menor desempleo, menor déficit del Estado federal. Durante todos estos años, y durante todos los ciclos económicos, los gráficos muestran que, cuando el desempleo baja, el déficit público (como porcentaje del PIB) baja. Y cuando el desempleo sube, el déficit público aumenta. De ahí que el FRB indique que para la reducción del déficit público es esencial que se cree empleo. Como resultado de ello, se están recuperando las políticas para alcanzar el pleno empleo que las administraciones federales anteriores habían aparcado. La evidencia científica acumulada en la literatura económica muestra claramente que la mejor manera de reducir el déficit público es alcanzar el pleno empleo.

Se ha iniciado así todo un debate en EEUU que, en cierta manera, se asemeja a los debates que ocurrieron a principios del siglo XX, y que generaron el establecimiento del New Deal, el programa económico-social desarrollado por la Administración Roosevelt, que terminó con la Gran Depresión. Y lo que es importante subrayar es que el debate se centra, no sólo en estimular la economía, sino en cómo estimularla. En este debate de ahora, el estímulo económico se ve como un objetivo para alcanzar el pleno empleo. Se considera que no es suficiente con estimular la economía. Ésta puede ir creciendo sin crear empleo, lo cual no resuelve el problema mayor, que es la falta de empleo. De ahí que muchos autores concluyan que las propuestas de reducir impuestos, como medida de estímulo de la economía, no resolverán el problema. Es mejor aumentar los impuestos (sin necesariamente afectar a los impuestos de la gran mayoría de la población) y con los fondos públicos así obtenidos, facilitar la creación de empleo a partir de intervenciones e inversiones públicas.

En un periodo en que la producción de empleo en el sector privado es insuficiente, se necesita que el sector público cree empleo, bien directamente, bien indirectamente. Tal empleo debe financiarse mediante el aumento de los ingresos al Estado, cuyo descenso ha sido causado, en parte, por las excesivas ventajas fiscales y fraude fiscal de las rentas más superiores, que son las que se han beneficiado más de las políticas fiscales regresivas que se han ido desarrollando durante los años que precedieron la crisis, antes de que la crisis se iniciara. Según el FRB, si las rentas del capital se gravaran al mismo nivel que las rentas del trabajo, los ingresos al Estado federal de EEUU aumentarían un 8%

Tampoco es cierto que el BCE no podría pedir prestado dinero a los Estados.

Si bien es cierto que el Banco Central Europeo no está autorizado a prestar a los Estados miembros, sí que puede prestarlo a los organismos públicos de crédito (tal como señala el artículo 21.3 del Estatuto del Sistema Europeo de Bancos Centrales). El BCE podría prestar al 0,01% a cualquier banco público del Estado nacional y/o agencia pública de crédito (el ICO, por ejemplo) que podrían a su vez prestar al propio Estado dinero al 0,02%. Esto tendría un enorme impacto en las cuentas del Estado español y de sus CCAA. Así, el colectivo llamado Roosevelt 2012 (en honor a la política crediticia pública del Presidente Roosevelt) ha mostrado que el Estado español se habría ahorrado 26.000 millones de euros al año, dinero suficiente –según tal colectivo- para crear un millón de puestos de trabajo. Tal colectivo, basado en Aragón, también ha mostrado que tal medida habría ahorrado a la Comunidad Autónoma de Aragón 982 millones de euros, cifra a la que llegan descontando de los 1.232 millones de euros que tal CCAA ha pagado en intereses de su deuda (desde el año 2002), el dinero que se hubiera pagado en intereses a la banca o agencia de crédito público, cuyos intereses habrían sido el 1% (en realidad los intereses del BCE son del 0,75%).

El BCE podría (y debería) haberles prestado este dinero a estos intereses. En realidad, el BCE es, en teoría, un Banco público, en el cual el Estado español tiene el 8% de su capital. Si tal BCE hubiera prestado a los bancos públicos al 1%, éstos podrían haberlo prestado al mismo interés, tanto al Estado como a las familias y empresarios, permitiendo un enorme ahorro, pues ahora pagan un promedio del 6% asegurando así los beneficios de la comunidad bancaria privada. ¿Por qué el Estado español (central y autonómico) no lo hace?

Fraude en el pensamiento económico dominante

22 abr 2013
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La enorme y excesiva influencia de la industria farmacéutica en la cultura médica es un hecho ampliamente conocido que explica las medidas tomadas por la sociedad, a través de sus Estados, para proteger al ciudadano del impacto que tiene tal influencia en las prácticas prescriptivas de los médicos. Así, los médicos deben indicar explícitamente si reciben dinero o no de las empresas farmacéuticas, exigencia que adquiere especial importancia cuando tales médicos y/o investigadores sanitarios publican artículos en revistas científicas, señalando el posible conflicto de intereses entre la objetividad científica que se espera de cualquier científico y los intereses económicos de la empresa farmacéutica que financia al investigador y que intenta beneficiarse del sesgo de trabajo científico de su investigación. El programa de la Sexta, Salvados, de Jordi Évole, detalló recientemente el peligro que tal influencia tiene para el ciudadano.

Pues bien, una situación casi idéntica ocurre en el conocimiento económico. La banca tiene una enorme y excesiva influencia en la comunidad académica y/o investigadora económica, pues es, de mucho, la entidad que financia más estudios, conferencias, revistas y encuentros económicos. En realidad, la cultura hegemónica económica está configurada en gran manera por la banca en España. La evidencia de ello es abrumadora.

Como resultado de ello, las creencias existentes en los mayores fórums económicos reflejan los intereses de la banca, aún cuando nunca se presente en estos términos. Se ha desarrollado en el conocimiento económico una narrativa que habla de la santidad de la estabilidad financiera, de la rectitud de la disciplina fiscal, de la urgencia e importancia de reducir el déficit y la deuda pública, y así un largo etcétera de creencias y ortodoxias basadas en fe y no en evidencia científica. Ni que decir tiene que la realización de tales principios favorece claramente los intereses de lo que se llama el capital financiero.

Esta influencia, por cierto, no requiere que sea directa. Es decir, no hace falta que el investigador esté financiado directamente por la banca o por las compañías de seguro o por los distintos componentes del capital financiero. Es suficiente para merecer la promoción de su investigación si ésta encaja dentro de la ideología generada y promovida por tales intereses, es decir, la ideología neoliberal. La creencia neoliberal, es distribuida por las enormes cajas de resonancia –las revistas y diarios supuestamente “serios” y “respetados”- que configuran la sabiduría convencional y que dependen en gran medida para su solvencia de los préstamos de la banca.

Un caso claro es el libro This time is different, de los economistas Reinhart y Rogoff, de Harvard University (cuando los autores escribieron el libro) y próximos al capital financiero. El libro y los artículos derivados de él han sido la Biblia del pensamiento neoliberal. Desconocidos por la gran mayoría de la población, sí que se conocen entre los economistas que tienen mayor visibilidad mediática (los “gurús” económicos que aparecen en la prensa y en la televisión), apareciendo los trabajos y el nombre de sus autores incluso en la prensa diaria en sus páginas económicas. Su influencia sobre la Troika europea, el BCE, el Consejo Europeo y el FMI, ha sido enorme. Y han sido explícitamente citados por el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, el neoliberal Olli Rehn.

La tesis de tales economistas, Reinhart y Rogoff, es que la deuda pública es una rémora para el crecimiento económico. Si un país se endeuda puede perjudicar su eficiencia económica. Naturalmente que endeudarse, como tal, es permisible. Pero es mejor –según tales autores- que no sea mucho. Dicen y escriben que si la deuda pública de un país es superior al 90% de su PIB tendrá problemas graves de crecimiento. En realidad, tales señores afirman que la crisis tan profunda que tenemos en los países de la Unión Europea y en EEUU es que todos ellos están sobre endeudados. Es decir, su deuda pública es mayor que el 90% de su PIB.

Y para probarlo, muestran un estudio econométrico que, según ellos, muestra, sin lugar a dudas, que el endeudamiento es la causa del bajo crecimiento y la recesión en los que están inmersos los países desarrollados. De ahí se derivan todas las políticas de austeridad que se están imponiendo por la Troika y por los gobiernos de los países de la Unión Europea.

El fraude en tal creencia

En un artículo reciente (“Las falsedades y los errores de la sabiduría económica convencional (SEC)”, Sistema. 12.04.13) he subrayado los enormes errores, cuando no falsedades, que tiene la tesis de que la deuda pública en estos países ha alcanzado un nivel insostenible. Pero valga expandir esta crítica, a raíz del libro citado anteriormente. Supongamos, por un momento, que hay una correlación estadística negativa entre el tamaño de la deuda (como porcentaje del PIB) por un dado, y el crecimiento económico por el otro. Es decir, que a mayor deuda pública menor crecimiento económico. Una correlación, sin embargo, no indica el sentido en tal correlación. Es decir, puede ser que la deuda pública alta sea la responsable del escaso crecimiento económico (como los autores del libro y el dogma neoliberal creen) o, al revés, podría ser que sea el escaso crecimiento económico el que determine el elevado nivel de deuda. En realidad, la evidencia científica a favor de lo último es robusta (estudios del Economic Policy Institute lo han mostrado claramente, www.epi.org).

Otro grave problema de la tesis neoliberal es que pone en la misma página a todo tipo de deuda pública, sean bonos públicos a corto plazo, sean a largo plazo. Y también ignora la propiedad de tal deuda, es decir, quien la posee. No es lo mismo que la deuda pública sea propiedad de instituciones públicas (como puede ser la Seguridad Social) o sea de un hedge fund.

Pero, además de estos fallos, acaba de verse en una crítica reciente que incluso los cálculos econométricos que tales economistas publican en su libro son erróneos, cuando no manipulados. El lenguaje matemático siempre impresiona al no economista como un lenguaje serio y creíble. De ahí el abuso de tal lenguaje en la literatura científica económica. Branko Milanovich, el economista que mejor conoce las desigualdades sociales en el mundo, ha mostrado los errores ideológicos que algunos gurús mediáticos neoliberales han hecho en sus estudios neoliberales mostrando sus sesgos ideológicos.

Este tipo de error (mejor definirlo como fraude) ha sido descubierto y denunciado por tres economistas de la Universidad de Massachussets, Tomás Hernández, Michael Asta y Robert Pollin, que han desmontado el aparato estadístico matemático sobre el cual se sostenían las conclusiones de Reinhart y Rogoff (“Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A critique of Reinhart and Rogoff”. Un resumen de tal artículo aparece en el Financial Times, Why Reinhart and Rogoff are wrong about austerity, 18.04.13). Reinhart and Rogoff habían analizado por muchos años la evolución del crecimiento económico en un gran número de países, de distinto nivel de deuda pública. Y de los países de elevada deuda (siete) no habían incluido el periodo de crecimiento de Nueva Zelanda, que al incluirlo, como han hecho los profesores de la Universidad de Massachussets, cambia significativamente la relación. Tales autores denuncian el sesgo sistemático del trabajo de Reinhart y Rogoff, que incluye errores de gran calado, incluso en los cálculos de su modelo matemático.

Dean Baker, Director del Center for Economic and Policy Research de Washington muestra las consecuencias que tal creencia, basada en este libro, ha tenido también en EEUU (“How Much Unemployment Did Reinhart and Rogoff’s Arithmetic Mistake Cause?”). El Partido Republicano, controlado por el Tea Party, utilizó tales autores como su guía intelectual para reducir la Seguridad Social, con el argumento de que tenía que reducirse la deuda pública, deuda pública que muchos autores hemos mostrado que no tiene ningún problema en EEUU.

Sin lugar a duda tales tipos de trabajo continuarán citándose en los medios donde se reproduce la sabiduría económica convencional. Ésta siempre ignora la crítica, sintiéndose inmune como consecuencia de la falta de diversidad de los medios que el capital financiero controla o domina ideológicamente.

Obama y Latinoamérica

16 abr 2013
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Una de las áreas del mundo donde la política exterior de EEUU ha decepcionado más a las fuerzas progresistas de América (Norte, Centro y Sur) ha sido en Latinoamérica. La falta de cambio ha sido una constante. Casi inmediatamente después de su primera elección, la Administración Obama mostró un silencio ensordecedor frente al atentado al presidente Correa, de Ecuador, cuando, en septiembre de 2010, hubo un intento golpista. Vimos también el mismo silencio durante el golpe de Estado contra el presidente legalmente elegido, Fernando Lugo, que fue destituido por la oligarquía que ha dominado Paraguay durante la mayoría de su historia. El Departamento de Estado de EEUU no denunció tal golpe.

Pero el caso más flagrante fue la aceptación del golpe militar de Honduras, cuando un presidente democráticamente elegido, el presidente Manuel Zelaya, fue detenido y expulsado del país, instaurándose uno de los regimenes más represivos en aquel continente. El asesinato político de sus oponentes es práctica común en aquel país. 83 miembros del Congreso de EEUU enviaron una carta a la entonces Ministra de Asuntos Exteriores de EEUU, la Sra. Hillary Clinton, pidiendo que se denuncie la situación represiva existente en Honduras. El presidente Obama, no sólo no rechazó el golpe militar, sino que lo apoyó, indicando que las elecciones (fraudulentas) que tuvieron lugar después del golpe habían legitimado al nuevo gobierno.

Tal situación de brutal represión apenas aparece en los medios de mayor difusión de EEUU y de Europa. Mientras que tales medios han ido mostrando una enorme hostilidad al gobierno venezolano presidido hasta hace poco por el gobierno Chávez, que intenta alcanzar el socialismo utilizando la vía democrática (hay mayor diversidad ideológica con los mayores medios de difusión en Venezuela que en España), han mantenido un silencio ensordecedor frente a las atrocidades y asesinatos políticos cometidos por un gobierno cuyo partido pertenece a la Internacional  Liberal, a la cual pertenecen muchos partidos europeos, incluido el partido gobernante en Catalunya, el CDC). Según la International Federation for Human Rights (que ha preparado un informe para el International Criminal Court) basada en París, en 2012 se cometieron más de 100 asesinatos políticos (en contra de sindicalistas, periodistas y campesinos, entre otros) con un número mayor de desaparecidos, detenciones ilegales, torturas y violaciones, represión dirigida a crear temor entre la población, según tal informe. Figúrense, por un momento si tales hechos hubieran ocurrido en Venezuela bajo el gobierno del Sr. Chávez. El escándalo internacional hubiera sido enorme. En lugar de ello, un silencio sepulcral que detecta y muestra una complicidad además de hipocresía.

Pero lo que es todavía peor, desde el punto de vista de la  Administración Obama, no es su silencio, sino su apoyo a tales atrocidades. En realidad existe evidencia, mostrada y documentada por el miembro del Senado de EEUU, el senador Patrick Leahy, de que tales asesinatos son realizados por la policía del gobierno hondureño (dirigido por Juan Carlos Bonilla) a la cual el gobierno federal de EEUU ha estado asesorando y financiando (Ver Mark Weisbrot, “Will Obama’s Legacy Be a Death Squad Government in Honduras?” The Guardian 30.03.13). En realidad, y tal como denuncia el senador Leahy, tal ayuda es ilegal en EEUU, pues la ley federal de aquel país prohíbe la ayuda militar o policial que policías o ejércitos que han cometido actos de violación de derechos humanos que han permanecido inmunes.

Como concluye Weisbrot, Obama ha vuelto a los estándares de brutalidad que caracterizó la política del Presidente Reagan, el guru de los neoliberales, que hoy han reavivado su brutalidad y opresión que permanece oculta en los medios de mayor difusión en tales países.

Las falsedades y errores de la sabiduría económica convencional

12 abr 2013
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*Artículo publicado en Sistema el 11 de abril de 2013

No hay plena conciencia a nivel popular del carácter ideológico (y no científico) de gran parte del pensamiento económico dominante que se reproduce a través de la sabiduría económica convencional (SEC). Hoy, gran parte de tal SEC se genera en un contexto académico y mediático enormemente influenciado por el capital financiero (es decir la banca, las compañías de seguros, los fondos de alto riesgo, y un largo etcétera) que financia los mayores fórums (como instituciones de investigación económica, congresos económicos, revistas académicas, cátedras universitarias entre otros) donde se reproduce tal SEC, de una manera muy semejante a cómo la industria farmacéutica configura e influencia en gran manera la cultura farmacológica y hábitos de prescripción de los médicos en nuestro sistema sanitario (es una lástima que uno de los pocos programas de análisis crítico que existen en la televisión española, Salvados, -que ha hecho un programa excelente sobre la influencia de la industria farmacéutica- no haya tratado todavía este tema). No es pues de extrañar que la SEC condicione las políticas públicas de tal manera que favorezcan sistemáticamente los intereses de tal capital financiero así como los de las grandes empresas no financieras con las cuales el capital financiero se alía con el objetivo de optimizar su influencia. Un ejemplo, entre otros muchos, es FEDEA, que constantemente está configurando la sensibilidad neoliberal que domina la SEC hoy en España.

De esta manera, constantemente se justifican políticas económicas (que dañan el bienestar de la población) presentándolas como necesarias para salvar la economía (o, más frecuentemente, “para salvar el euro”) cuando los datos (fácilmente accesibles, por cierto) muestran la falta de credibilidad de tales argumentos. Ejemplos hay a miles. Veamos algunos de ellos:

Los liberales (en realidad neoliberales pues van más allá que los liberales en la agresividad de sus propuestas) a ambos lados del Atlántico Norte, es decir, en EEUU y en la Unión Europea, constantemente subrayan que la deuda pública ha alcanzado en estos países unos  niveles que son insostenibles (y de esta lectura concluyen que hay que recortar y desmantelar el Estado del Bienestar, que es lo que en realidad están deseando que ocurra). El Tea Party (y el Partido Republicano que este controla) en EEUU, y las derechas gobernantes (y algunas izquierdas también) en la UE han hecho de la reducción de la deuda pública y del déficit público el centro de sus propuestas.

Los datos, sin embargo, muestran que no hay ningún problema ni con la deuda ni con el déficit público. Soy consciente de que esta afirmación me descarta automáticamente para ser considerado como una voz “razonable” y “realista”, dando pie a la marginación (cuando no a los insultos –la derecha española es enormemente insultante, en parte debido a su escasa cultura democrática) en los fórums donde se produce, reproduce y promueve la SEC en temas fiscales y económicos en España, claramente controlados por los economistas neoliberales. Pero no es la primera vez que el tiempo termina mostrando la falsedad de los argumentos que sostiene tal sabiduría convencional. Recuerden los sacrificios que se estaban imponiendo a la población bajo la excusa de que había que salvar al euro, moneda que nunca ha estado en peligro, y cuyas permanencia y pervivencia están favoreciendo a unos a costa de otros. La obvia falsedad del argumento de que el euro estaba en peligro (puesto que nunca lo ha estado debido al poder de los establishments financieros y exportadores alemanes que se han beneficiado de su existencia) ha hecho variar ahora la argumentación a favor de las políticas de austeridad (ver artículo “La relación imperial del establishment alemán” en Público 04.04.13).

Pero, de nuevo, veamos los datos, comenzando por EEUU. La deuda pública y el déficit público han aumentado desde que la crisis se inició en 2008. El déficit público se disparó al iniciarse la crisis pero, tras alcanzar el punto más alto inmediatamente después del inicio de la crisis, ha ido disminuyendo y muy marcadamente, durante la administración Obama (en contra de lo que el siempre presente en los  medios de información catalanes, el Sr. Sala i Martín, dijo en la televisión catalana, TV3). El déficit público de EEUU hoy es un 8,5% del PIB, una cifra que es superior a la existente en España.

La deuda pública en EEUU es de 17 billones de dólares, que es aproximadamente el 100% del PIB, lo que ha creado la histeria (y no hay otra manera de decirlo) de que la deuda pública de EEUU es excesiva y de que, de no corregirse, colapsará la economía estadounidense. Esta interpretación también aparece en los medios españoles por economistas como el catastrofista Sr. Santiago Niño-Becerra que goza también de grandes cajas de resonancia en Catalunya. En esta exagerada alarma se olvida que el propio Estado federal tiene un porcentaje muy elevado de tal deuda pública (debido, entre otras razones, a la compra de bonos públicos por parte del Banco Central Americano, el Federal Reserve Board), con lo cual la deuda pública real es de alrededor de un 75% del PIB, una cantidad totalmente asumible. Una situación semejante ocurre, por cierto, en España, donde organismos del Estado, tales como la Seguridad Social, poseen un porcentaje elevado de la deuda pública.

Pero el argumento de que la deuda pública es demasiado alta o baja olvida citar cuál debería ser el nivel adecuado de deuda pública que un Estado debería tener. Y nadie lo cita o lo sabe. Los únicos que lo dijeron en su día fueron Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, de Harvard, que indicaron que la deuda pública no debería ser  mayor que un 90% o 100% del PIB. Y se equivocaron (como es habitual con los gurús próximos al establishment financiero), pues cada uno de los supuestos teóricos que justificaba tal alarma es erróneo. Así la SEC indica que elevados déficits y deudas públicos conducen a una inflación elevada o a unos intereses muy altos. Pues bien, la inflación nunca ha estado tan baja (2,2% en EEUU y 1,8% en la Eurozona) a los dos lados del Atlántico, a la vez que el déficit y la deuda pública han sido tan elevados. Y en cuanto a los intereses, los de los bonos públicos federales a corto plazo son de menos de un 0,5% y a largo plazo de menos de un 2%. En realidad, teniendo en cuenta que los intereses de los bonos federales son más bajos que la inflación, esto quiere decir que no solo el gobierno federal no tiene ningún (repito, ningún) problema en conseguir dinero, sino que los inversores pagan al gobierno federal para que les guarde el dinero. Lo mismo ocurre, por cierto, en Alemania (que tiene una deuda pública mayor que la española).

Hablar o escribir que la deuda pública de estos países es impagable es, francamente, una absurdidad. Es difícil encontrar mayores contradicciones entre lo que sostiene la sabiduría convencional, por un lado, y los datos, por el otro. Las falsedades, a base de repetirse mil veces, se aceptan como la realidad. Si a esta evidencia se añade el hecho bien demostrado de que la deuda pública se ha expandido como una burbuja, sobre todo en la Eurozona, como resultado del enorme poder de la banca (que, utilizando el Banco Central Europeo (BCE) a su favor, ha inflado artificialmente los intereses de la deuda pública en los países periféricos de la eurozona), entonces hay que concluir que el problema no es que sea inasumible sino que debería ser inasumible por su origen, que debe denunciarse. El tamaño de la deuda pública y del déficit público no es un problema. Su origen, no su tamaño, es el problema.

La deuda familiar y la deuda pública

Otra falacia que constantemente se reproduce en la SEC es que, de la misma manera que las familias se aprietan el cinturón para pagar sus deudas, el Estado también debería hacerlo (y se supone que no lo hace). Recientemente vimos a todo un Consejero del Banco de España (que también goza de grandes cajas de resonancia) repetir esta postura, ampliamente generalizada. Los datos, sin embargo, muestran la falsedad de tales argumentos.

En primer lugar, las familias se han endeudado enormemente debido, como he explicado en otro artículo, a la disminución de las rentas del trabajo a costa del crecimiento de las rentas del capital (ver mi artículo “La deuda y la supuestamente anticuada lucha de clases”, Público 28.03.13). En EEUU, el tamaño de la deuda privada es el 100% del ingreso familiar y se sostiene a base de crédito. Siguiendo tal similitud –que el estado debería comportarse como las familias-, el Estado también debería tener el derecho a estar endeudado. Si una familia se endeuda para poder educar a sus hijos, un Estado debería también poder endeudarse para educar a la totalidad de la población, punto que por lo visto ignoran cuando insisten que el Estado debería ajustarse el cinturón y equilibrar sus cuentas, como hacen las familias. Pues bien, las familias están hoy más endeudadas que los estados.

Otra falacia de la SEC es que la deuda pública es inmoral, pues significa cargar a los hijos y nietos unos gastos que deberíamos absorber nosotros. Es interesante subrayar que esta supuesta preocupación por las futuras generaciones que aparece en gurús neoliberales, desaparece completamente cuando se oponen a los gastos del Estado para proteger el medioambiente que heredarán las próximas generaciones. La hipocresía es una característica de la SEC.

Pero la mayor falacia en esta similitud entre familia y Estado es que un Estado digno de su nombre tiene una potestad que las familias no tienen: la de imprimir dinero y con ello pagar su deuda. Los intereses tan bajos de los bonos federales de EEUU se derivan de la confianza en que el Estado federal siempre pagará los intereses de sus bonos (pues tiene al Banco Central, el Federal Reserve Board, FRB, que compra bonos).

La SEC, sin embargo, se opone a tal política porque dice tal política creará inflación. De ahí que al BCE se le prohíba comprar bonos públicos. Pero, de nuevo, los datos muestran la falsedad del argumento. Tanto el FRB como el BCE han impreso millones y millones de dólares y de euros, sin que la inflación haya aumentado. En EEUU, el FRB ha comprado bonos públicos con este dinero. En la Eurozona, el BCE ha dado préstamos (a intereses bajísimos) a los bancos privados, creando una sobrevaloración desmesurada de los intereses de los bonos de los países periféricos que han estado desprotegidos frente al ataque especulativo de los mercados financieros (al no tener un Banco Central que les compre sus bonos). Tal política del Banco Central Europeo ha beneficiado enormemente a la banca. Es incomprensible que, incluso economistas progresistas de sensibilidad socialdemócrata apoyen todavía hoy las políticas del BCE y del gobierno alemán que lo domina.

¿Por qué se quiere recortar el déficit y la deuda pública?

Ninguno de los argumentos propuestos por la SEC para responder a esta pregunta es creíble. En realidad, el gran debate sobre el déficit y la deuda pública en los foros donde la SEC se reproduce es irrelevante y tiene solo la finalidad de justificar la imposición de estas políticas sumamente impopulares. La respuesta a la pregunta enunciada en el título de esta sección es política, no económica. Su intento es desmontar la Seguridad Social y el Estado del Bienestar. Si creen que soy paranoico, les aconsejo que lean los escritos del BCE, de Fedea y de los medios de difusión próximos o dependientes del capital financiero (la gran mayoría de medios deben mucho dinero a la banca). Todos estos intentos son cada vez más explícitos, indicando que el problema radica en que la Seguridad Social, (incluyendo las pensiones) y el gasto público en transferencias y servicios públicos del Estado del Bienestar, son las causas de la recesión.

De nuevo, veamos los datos, comenzando por las pensiones

Es casi imposible leer ningún diario o ver programas televisivos (incluyendo algunos de trayectoria progresista) sin que se lea o se escuche que las pensiones están en peligro. En unas semanas aparecerá un libro de Juan Torres y yo, Lo que debes saber para que no te roben la pensión, en el que mostramos las falsedades del argumento de que las pensiones actuales no son sostenibles. Toco ahora un tema en concreto (hay otros que analizamos también en el libro), el de que las pensiones no se pueden pagar. Comencemos por EEUU, donde, como en España, las pensiones se pagan con cotizaciones sociales (un 12,4% de la nómina), una forma de financiación enormemente regresiva. Cada dólar en compensación salarial paga el 12,4% a la Seguridad Social, hasta un máximo de ingreso de 113.700 dólares.  Por encima de esta cantidad no se paga, lo cual convierte este sistema de financiación en enormemente regresivo. Si fuera progresivo y se aplicara a todos los niveles de renta, los fondos a la Seguridad Social se incrementarían un 12%, lo cual es una cantidad más que respetable. Algo semejante ocurre en España. Y así otras muchas medidas que podrían aumentar la progresividad de la financiación de las pensiones públicas (incluyendo su mayor dependencia de impuestos generales como ocurre en otros países).

Otro punto a subrayar es que ningún sistema de Seguridad Social a ambos lados del Atlántico está en negativo. Todos ellos están en superávit (cuando se cuentan las reservas), contribuyendo a que el déficit público sea menor, al contabilizarse como parte del presupuesto del Estado, aunque tenga una autonomía y contabilidad propias. Se me dirá que en España ha habido más gastos que ingresos en estos últimos años de crisis que irremediablemente se presentan como prueba de su inviabilidad. Pero tales argumentos ignoran que este hecho no tiene nada (repito, nada) que ver con los argumentos demográficos que siempre se utilizan. Esta situación se debe al enorme desempleo, que, repito, no tiene nada que ver con la transición demográfica. Por cierto, es sorprendente que constantemente se utilice la transición demográfica (con una reducción de la población joven como indicador de un desastre pues faltará gente para financiar las pensiones), ignorándose el enorme problema del desempleo que muestra claramente que el problema no es la falta de gente sino la falta de trabajo.

Y, se preguntará el lector, ¿por qué desea el capital financiero desmontar el Estado del Bienestar? La respuesta es a varios niveles. Uno es que las pensiones públicas son la mayor cantidad de dinero  que cualquier Estado gestiona. Y la banca y las compañías de seguros quieren meterle mano. La privatización de las pensiones es el próximo paso en la búsqueda de ganancias.

Una lógica semejante opera en cuanto a la privatización de los servicios sanitarios, sector en el que las compañías de seguros privados (claramente relacionadas con la banca) están deseando también expandirse.

Otra explicación es que en el ataque al Estado del Bienestar se intenta debilitar al mundo del trabajo, con lo cual se consigue bajar los salarios (lo que determina un mayor endeudamiento que beneficia a la banca) y una mayor docilidad y disciplina del mundo del trabajo, lo cual explica también el apoyo del  mundo empresarial no financiero a tales políticas.

Estas son las razones del discurso neoliberal que nunca se presentan como tales. Es el conflicto capital-trabajo que continúa diariamente y que la SEC juega un papel clave en la defensa del primero en contra del segundo. Así de claro.

¿La Dama de Hierro o la sirviente dócil al establishment británico?

09 abr 2013
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(El presente artículo se publicó originalmente en este diario el 23 de enero de 2012. Por su interés y relevancia, el autor ha considerado oportuno publicarlo de nuevo en este blog)

¿Por qué la promoción a Margaret Thatcher ahora? Existe una percepción bastante generalizada en círculos conservadores de que lo que se necesita en estos momentos difíciles de crisis es un líder de un gobierno que se atreva a hacer los cambios necesarios, enfrentándose con grupos poderosos, responsables de la crisis. Entre éstos, se considera a los sindicatos como uno de los más culpables del elevado desempleo. En su supuesta “defensa egoísta” de sus propios intereses (atribuyéndoles una estrechez de miras al preocuparse exclusivamente de los trabajadores que ya tienen trabajo –los famosos “insiders”-), los sindicatos están dificultando la integración en el mercado de trabajo de los jóvenes, las mujeres y otros colectivos –conocidos como los “outsiders”-. Lo que se requiere –se nos dice- es que hay que debilitar a los sindicatos e implementar, entre otras medidas, la facilidad de despedir a los trabajadores con contrato fijo, haciendo más fácil que los “insiders” se conviertan en “outsiders”, lo cual, paradójicamente, facilitará -según ellos- el descenso del desempleo. En esta interpretación de los hechos, el elevado desempleo en España se atribuye al excesivo poder de los sindicatos con los cuales nadie se atreve. Lo que hace falta es alguien con bemoles que los ponga en cintura y, de paso, reduzca los derechos sociales y laborales adquiridos, desmontando el Estado del Bienestar pues, no sólo éste consume recursos que el país no tiene, sino que la disponibilidad de tantos beneficios sociales ablanda a la ciudadanía y le da excesiva seguridad, perdiendo su creatividad y actitud emprendedora. Se tiene que reducir la supuestamente excesiva protección social para fortalecer el espíritu emprendedor de la población. Competitividad y dinamismo tienen que sustituir a colaboración, solidaridad y seguridad.

Durante estos años de crisis hemos visto el dominio de este pensamiento en centros financieros, empresariales, mediáticos y políticos de países a los dos lados del Atlántico Norte. El deterioro de la situación económica que la aplicación de las políticas que derivan de este pensamiento conservador y neoliberal están creando, ha generado la llamada por parte de estos centros a una figura política (que solía llamarse Caudillo, y ahora se la define como “personalidad a quien no le tiemblen las manos”) para enfrentarse con los “poderosos”, como los sindicatos, los funcionarios públicos, las clase populares y una larga lista de sectores de la población que no se caracterizan precisamente por tener gran poder económico, financiero, mediático o político. En realidad, “valentía o machismo político” es atreverse a enfrentarse con los débiles, en representación de los poderosos.

Lo que la película no dice

Un ejemplo de este supuesto coraje político es la llamada Dama de Hierro, Margaret Thatcher, la figura política en Gran Bretaña que ha sido más dócil y servil hacia los grupos más poderosos de aquel país (desde la City, el centro financiero de aquel país, al gran mundo empresarial). Tal “líder” era un mero instrumento de tales poderes, realidad ocultada en la película “La Dama de Hierro”, (que idealiza tal figura hasta niveles hiperbólicos). Lejos de ser la figura antiestablishment británico como la película presenta, Margaret Thatcher fue un producto de tal establishment, promocionada por el mismo. Gran Bretaña (un país en el que viví durante varios años) es un país donde clase social adquiere una dimensión muy marcada en la vida cotidiana de la población. Tal establishment británico siempre se ha preocupado de la imagen que su instrumento político (el Partido Conservador) da cara a la población. La procedencia social de sus dirigentes da una imagen que preocupa al establishment. De ahí que, en un momento de gran agitación social, tal establishment necesitaba dirigentes que no procedieran de las clases dominantes, que rompieran esta imagen. Thatcher, hija de tenderos, y Major, hijo de un desempleado, fueron figuras elegidas para romper con aquella imagen que, a pesar de estos cambios, el Partido Conservador continúa teniendo (David Cameron es hijo de una familia con una gran fortuna).

Thatcher fue una figura promovida por el establishment con el objetivo de destruir a los sindicatos, cuyo grupo central y más radical, fue el sindicato de mineros. Redujo también la protección social, hasta tal punto, que la mortalidad en la mayoría de sectores populares (tal como ha documentado extensamente Richard G. Wilkinson en su libro Unhealthy Societies) creció durante su mandato, incluyendo las tasas de suicidio, homicidio, y alcoholismo, apareciendo de nuevo un problema que había desaparecido: el hambre, en especial entre los niños, y muy en particular en las regiones más pobres, como Yorkshire, Escocia, y el País de Gales (ver “The Iron Lady: the Margaret Thatcher Movie we don’t need”, de Laura Flanders. The Nation. 04.01.12). El film muestra a los sindicalistas como violentos, vociferadores e irracionales pero nunca explica porque las clases populares y los sindicatos se rebelaron contra las condiciones miserables que las políticas thatcherianas estaban imponiendo a la clase trabajadora de Gran Bretaña. Fue ella la que hizo famoso el dicho de que “creemos en la lucha de clases y venceremos”. Thatcher, como Reagan en EEUU, intentó crear una cultura en la que todas las víctimas del sistema darviniano que ella aspiraba a establecer, se sintieran responsables de su propia situación.

¿Thatcher como feminista?

Pero lo que alcanza niveles absurdos en la película es presentar a Margaret Thatcher como feminista, lo cual ha originado protestas generales en círculos feministas a los dos lados del Norte de América. Como ha indicado NOW (la mayor asociación feminista de EEUU), Thatcher fue la dirigente británica que recortó con mayor intensidad los derechos de las mujeres en Gran Bretaña. Su propio desprecio hacia las feministas y sus recortes en derechos laborales y sociales dañó extensamente a las mujeres británicas. Su profundo reaccionarismo la llevó también a apoyar a las dictaduras más reaccionarias existentes en el mundo, incluyendo la del General Pinochet, convirtiéndose en uno de sus máximos defensores. Y sus políticas neoliberales fueron la causa de la crisis que estamos viendo estos días en Europa.

Pero su cinismo llegó al extremo de crear una guerra (The Falklands War, la guerra de las Malvinas) para intentar recuperar su popularidad, punto que sí se reconoce en la película, y que sus promotores presentan como ejemplo de equilibrio en el análisis de tal figura. Pero tal presentación crítica (excepcional en la película) de Margaret Thatcher está muy poco desarrollada, pues no señala suficientemente el planteamiento oportunista en la programación de la guerra que Thatcher realizó, y que ha estado claramente documentado en los medios. Hoy, los establishments conservadores y neoliberales británicos, americanos o españoles, entre otros, añoran a la Sra. Thatcher, una de las figuras –como Ronald Reagan- más negativas y destructivas que ha existido en el siglo XX.

Una última nota. Ruego al lector que distribuya ampliamente este artículo.